Editor en La Ecuación Digital. Analista y divulgador tecnológico con…
La carrera por la autonomía computacional en Europa ha dado un paso determinante en Barcelona. La adjudicación de la ampliación del supercomputador MareNostrum 5 al consorcio formado por Telefónica y Fsas Technologies no representa únicamente un incremento en la capacidad de cálculo bruta del Barcelona Supercomputing Center (BSC-CNS). Se trata, en esencia, de la construcción de una infraestructura de acceso para que el tejido empresarial emergente del continente pueda entrenar modelos de Inteligencia Artificial (IA) sin depender exclusivamente de las nubes públicas estadounidenses o infraestructuras asiáticas.
La Unión Europea, a través de la European High-Performance Computing Joint Undertaking (EuroHPC JU), ha movilizado 128,79 millones de euros para este despliegue. Según detalla la información facilitada por Fsas Technologies y Telefónica, el proyecto busca integrar una solución completa que cubra desde el suministro de hardware hasta la operación y soporte técnico hasta el verano de 2029. Este movimiento se enmarca en el programa AI Continent, una estrategia comunitaria que intenta corregir la asimetría competitiva entre las startups europeas y sus rivales globales, quienes a menudo disfrutan de un acceso más directo y económico a grandes clústeres de GPUs.
El papel del BSC en este escenario muta de ser un centro de excelencia puramente investigador a convertirse en un nodo logístico-tecnológico para el mercado. A través de la denominada «BSC AI Factory», se articularán servicios que van más allá del tiempo de computación. Las pymes y scaleups seleccionadas mediante procesos competitivos no solo dispondrán de los nodos de cálculo, sino también del acompañamiento de científicos especializados en optimización de algoritmos. Este factor es crítico; en la industria actual, disponer de potencia de cálculo es tan relevante como saber distribuirla de forma eficiente para reducir los tiempos de entrenamiento y, por extensión, el consumo energético asociado.
La arquitectura de esta ampliación ha sido diseñada para permitir el acceso remoto seguro, una necesidad logística si se pretende que empresas de todo el territorio europeo utilicen el MareNostrum 5 como su centro de pruebas principal. Telefónica y Fsas integrarán capas de ciberseguridad reforzadas y herramientas de gestión de red que aseguren la integridad de los datos industriales y propietarios de las compañías usuarias. Es un matiz relevante: la soberanía tecnológica no solo reside en dónde están los procesadores, sino en quién controla el flujo de la información y cómo se protege la propiedad intelectual de los modelos resultantes.
Aunque la cifra de inversión es significativa, el verdadero reto reside en la ejecución técnica de un entorno que debe ser escalable y flexible. Las arquitecturas de red que se implementarán deben soportar las cargas de trabajo masivamente paralelas que exige la IA generativa actual. En este sentido, el consorcio adjudicatario asume la responsabilidad de que la plataforma no quede obsoleta antes de finalizar su ciclo de vida en 2029. La convergencia entre conectividad avanzada, computación de alto rendimiento y seguridad operativa es la propuesta de valor con la que ambas compañías buscan consolidarse como socios de referencia en el despliegue de infraestructuras críticas.
Existe, no obstante, una tensión implícita en este tipo de proyectos públicos. Mientras que el acceso competitivo garantiza que los recursos lleguen a los proyectos con mayor potencial técnico, también impone una barrera de entrada burocrática que muchas startups ágiles intentan evitar. El BSC deberá demostrar que su «AI Factory» puede operar con una agilidad similar a la del sector privado, ofreciendo una experiencia de usuario que no penalice la innovación frente a la rigidez administrativa propia de los grandes consorcios europeos.
En contraste con otras iniciativas de digitalización centradas en la adopción de herramientas de terceros, este proyecto prioriza la creación. La ampliación del MareNostrum 5 está pensada para el entrenamiento de modelos fundacionales propios, permitiendo que las empresas europeas no sean meras consumidoras de APIs externas, sino arquitectas de su propia tecnología. Esta distinción es fundamental para los directivos del sector: la independencia estratégica de Europa en la próxima década dependerá de si estas fábricas de IA logran producir resultados comercialmente viables o si se quedan en entornos de experimentación académica de lujo.
La infraestructura ubicada en Barcelona servirá además como modelo para otras «AI Factories» que se promueven en el continente. El objetivo de garantizar la independencia tecnológica europea se enfrenta a la realidad de un mercado donde la velocidad de innovación de las Big Tech es vertiginosa. El éxito de la integración realizada por Fsas y Telefónica se medirá por la capacidad del sistema para entrar en producción rápidamente y absorber la demanda latente de un ecosistema que, hasta ahora, ha tenido que buscar potencia de cálculo fuera de sus fronteras.
Resulta llamativo que el contrato contemple el soporte y la operación hasta julio de 2029, un horizonte temporal que en tecnología equivale a varias eras geológicas. La adaptabilidad del hardware y la capacidad de actualizar las capas de software de gestión serán determinantes. La propuesta tecnológica incorpora arquitecturas de red y soluciones de seguridad que, sobre el papel, permiten esa evolución, pero la realidad operativa de un supercomputador de esta magnitud siempre presenta fricciones inesperadas en cuanto a refrigeración, latencia y eficiencia de los algoritmos de distribución de carga.
El despliegue en el BSC también refuerza la posición de España como nodo central de la supercomputación europea. Para el directivo tecnológico en España, esto supone una proximidad no solo física, sino también estratégica a los recursos de mayor nivel en la región. La posibilidad de interactuar con expertos del BSC en el proceso de adopción de la IA abre una vía de transferencia de conocimiento que suele ser esquiva en los modelos de nube pública tradicional.
Queda por ver cómo se articularán las cuotas de acceso y qué criterios primarán en la selección de las empresas beneficiarias. La promesa de igualdad de condiciones frente a competidores internacionales es ambiciosa, y su cumplimiento dependerá de la agilidad con la que el consorcio y el BSC pongan la máquina a disposición del mercado. La ampliación del MareNostrum 5 no es el final de un proceso, sino el inicio de una fase de validación para el modelo europeo de innovación pública.
La integración de capacidades de conectividad avanzada por parte de la operadora y la especialización tecnológica de Fsas plantean un binomio de ejecución que busca minimizar los riesgos de un proyecto de esta envergadura. Sin embargo, la industria observa con atención si la infraestructura será capaz de seguir el ritmo de las demandas de los modelos de lenguaje cada vez más masivos o si, por el contrario, la fragmentación de los recursos europeos en diferentes «factories» acabará diluyendo el impacto frente a los gigantescos clústeres privados de las corporaciones transatlánticas.
La incógnita que se abre ahora no es solo técnica, sino de mercado: ¿logrará esta capacidad de cálculo adicional catalizar la aparición de un «unicornio» de la IA nacido y entrenado íntegramente en suelo europeo, o servirá principalmente para optimizar procesos de empresas ya consolidadas? La respuesta comenzará a dibujarse a medida que los primeros proyectos atraviesen las puertas del MareNostrum 5 en los próximos meses.
Editor en La Ecuación Digital. Analista y divulgador tecnológico con más de 30 años de experiencia en el estudio del impacto de la tecnología en la empresa y la economía.
