Editor en La Ecuación Digital. Analista y divulgador tecnológico con…
La intersección entre la eficiencia operativa y la responsabilidad climática ha dejado de ser un territorio de declaraciones de intenciones para convertirse en una métrica de negocio tangible. En un entorno donde las empresas españolas y europeas enfrentan una presión regulatoria creciente para reportar sus emisiones de alcance 3, la capacidad de los proveedores tecnológicos para actuar como «habilitadores de sostenibilidad» se ha vuelto un factor diferencial en la captación de grandes cuentas.
Telefónica ha reportado que, durante el ejercicio 2025, sus soluciones digitales y servicios de conectividad para el segmento corporativo permitieron evitar la emisión de 19,2 millones de toneladas de CO2e.
Esta cifra supone un incremento del 10,34% respecto al año anterior, una evolución que no solo refleja el crecimiento de la infraestructura digital en mercados como España, Brasil y Alemania, sino también una maduración en la forma en que las compañías integran la tecnología en su cadena de valor. El dato plantea una cuestión de fondo sobre el papel de las telecos en la nueva economía: ¿hasta qué punto la digitalización es la herramienta más rápida para reducir la intensidad de carbono sin comprometer la rentabilidad?
El sello Eco Smart como estándar de verificación
Uno de los pilares que sostiene este volumen de emisiones evitadas es la consolidación de un catálogo de productos con respaldo externo. Según los datos facilitados por la compañía, el 57% de su porfolio B2B cuenta ya con la certificación Eco Smart de AENOR. Este movimiento busca mitigar el escepticismo que a menudo rodea a las soluciones «verdes» en el sector tecnológico, aportando una metodología de medición que permite a los directores de sostenibilidad (CSO) e infraestructura justificar sus inversiones ante los consejos de administración.
La adopción de estas soluciones no es uniforme en todos los sectores. Mientras que en la logística y el transporte la optimización de rutas mediante IoT genera impactos inmediatos en el consumo de combustible, en el sector servicios la reducción se deriva principalmente de la implementación de modelos de trabajo híbridos y soluciones cloud que centralizan el gasto energético. Maya Ormazabal, directora Global de Sostenibilidad de Telefónica, subraya que la conectividad y la tecnología actúan como palancas esenciales para avanzar hacia una economía descarbonizada. Para la directiva, la integración de la sostenibilidad en la propuesta de valor permite a los clientes optimizar recursos y avanzar de forma responsable hacia sus objetivos climáticos.
Sin embargo, esta transición no está exenta de tensiones operativas. El despliegue de tecnologías como el 5G o la analítica avanzada de Big Data requiere, paradójicamente, un consumo energético propio por parte de las operadoras. El reto para compañías como Telefónica reside en asegurar que el ahorro de carbono que generan sus servicios en terceros sea significativamente superior a la huella energética de sus propios centros de datos y redes de fibra. Es lo que en el sector se conoce como el efecto habilitador, una métrica que cada vez pesa más en la valoración de los activos tecnológicos.
El impacto sectorial y la escala global
La distribución de este ahorro de emisiones se apoya en una arquitectura tecnológica diversa. No se trata únicamente de conectividad básica, sino de una capa de inteligencia aplicada a procesos críticos. La gestión energética de edificios públicos, la monitorización remota de activos industriales y la virtualización de servidores son componentes que, sumados, configuran esa cifra de 19 millones de toneladas evitadas.
Desde una perspectiva de mercado, el incremento del 10,34% en las emisiones evitadas sugiere que el tejido empresarial está superando la fase de pilotos para entrar en una fase de despliegue masivo. Sectores como la movilidad y la industria están utilizando el sello Eco Smart no solo como un indicador de cumplimiento, sino como un elemento de competitividad. En un mercado global donde el acceso a financiación verde está condicionado a métricas de impacto ambiental, contar con un proveedor de servicios que certifique el ahorro de emisiones se convierte en una ventaja financiera indirecta.
Pese a los avances, el contexto internacional exige una mayor celeridad. El informe Exponential Roadmap señala que las soluciones digitales tienen el potencial de reducir hasta un 15% las emisiones globales en sectores estratégicos como la energía y el transporte. Si se considera la capacidad de estas tecnologías para transformar hábitos de consumo, esa cifra podría elevarse hasta el 35% hacia el año 2030. En esta escala, los resultados de Telefónica en 2025 actúan como un termómetro de la capacidad de ejecución real de las corporaciones ante los compromisos del Acuerdo de París.
Desafíos en la implementación de tecnologías de descarbonización
El despliegue de soluciones de IoT y analítica avanzada para la sostenibilidad se enfrenta a menudo a la fragmentación de los sistemas heredados en las empresas tradicionales. Aunque la tecnología esté disponible, su integración con procesos industriales antiguos requiere una consultoría técnica que no siempre es ágil. Telefónica ha intentado salvar esta brecha mediante la simplificación de su oferta B2B, facilitando la identificación de aquellas herramientas que generan un impacto positivo medible.
El avance registrado en 2025 refuerza la tesis de que la digitalización es estructural, no opcional, en la transición verde. La combinación de 5G y computación en el borde (edge computing) permite procesar datos en tiempo real, lo que reduce la latencia en la toma de decisiones críticas para el ahorro energético. Por ejemplo, en una planta industrial, la capacidad de ajustar el consumo de energía en microsegundos basándose en la demanda real puede suponer una diferencia sustancial en la huella de carbono mensual.
A medida que se acerquen los hitos de 2030, la presión sobre los proveedores de servicios para que no solo sean neutrales en sus propias operaciones, sino que faciliten activamente la reducción de sus clientes, irá en aumento. Telefónica parece haber posicionado su estrategia en esta dirección, utilizando la verificación de terceros como AENOR para construir una narrativa de confianza en un área donde la opacidad suele ser la norma.
El cierre del ejercicio 2025 deja una lectura clara para el directivo tecnológico: la sostenibilidad ya no se mide en reportes anuales aislados, sino en la eficiencia diaria de cada proceso digitalizado. La pregunta para el futuro no es si la tecnología ayuda a reducir emisiones, sino a qué velocidad pueden las organizaciones absorber estas herramientas para cumplir con unos calendarios de descarbonización que cada vez son más exigentes.
Editor en La Ecuación Digital. Analista y divulgador tecnológico con más de 30 años de experiencia en el estudio del impacto de la tecnología en la empresa y la economía.
