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Fujitsu integra el deporte en su estrategia ambiental

Fujitsu integra el deporte en su estrategia ambiental

  • Fujitsu incorpora a sus equipos deportivos al programa Sports for Nature para impulsar la conservación de la biodiversidad como parte de su estrategia ambiental.
Fujitsu España

Fujitsu ha dado un paso poco habitual en el cruce entre sostenibilidad y deporte profesional. Tres de sus equipos —el club de fútbol Kawasaki Frontale, el equipo de fútbol americano Fujitsu Frontiers y el conjunto femenino de baloncesto Fujitsu Red Wave— se han convertido en los primeros de Japón en adherirse al programa internacional Sports for Nature, una iniciativa que busca movilizar al sector deportivo en favor de la conservación de la biodiversidad.

Sports for Nature, impulsado por organismos como la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (UICN), el Comité Olímpico Internacional y el Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente, plantea un marco de acción con horizonte 2030. Su objetivo no es simbólico: pretende que los actores deportivos, desde clubes hasta federaciones, adopten medidas concretas para proteger y restaurar ecosistemas, reducir su huella ambiental y fomentar una cultura de respeto a la naturaleza entre sus seguidores.

Los tres equipos se comprometen a implementar acciones como el reciclaje de ropa deportiva, la reducción de residuos en los estadios y la organización de actividades de limpieza en entornos naturales. Kawasaki Frontale, por ejemplo, ha comenzado a colaborar con sus aficionados en tareas de mejora de la calidad del agua de los ríos cercanos a sus instalaciones.

Aunque estas medidas pueden parecer menores en comparación con los desafíos globales de la biodiversidad, el enfoque de Fujitsu apunta a un cambio más estructural. La compañía enmarca esta adhesión dentro de su visión a largo plazo: convertirse en una empresa tecnológica con impacto positivo neto en el medio ambiente para 2030. En ese sentido, el deporte actúa como un canal de influencia social, más que como un fin en sí mismo.

La estrategia no es nueva, pero sí adquiere una dimensión distinta al incorporar el deporte como área de materialidad en su agenda ESG (ambiental, social y de gobernanza) a partir del ejercicio fiscal 2025. Esto implica que Fujitsu no solo utilizará sus equipos como embajadores de sostenibilidad, sino que integrará sus actividades deportivas en la medición y reporte de impacto no financiero.

En contraste con otras grandes tecnológicas que centran sus esfuerzos ambientales en la eficiencia energética o la neutralidad de carbono, Fujitsu opta por una narrativa más amplia. La biodiversidad, un eje menos visible en la agenda corporativa, se convierte aquí en un vector de acción. Y lo hace con referencias explícitas al Marco Mundial de Biodiversidad de Kunming-Montreal, que establece como meta detener y revertir la pérdida de naturaleza para 2030, con una recuperación total proyectada para 2050.

El compromiso con Sports for Nature se articula en torno a cuatro principios: evitar daños a hábitats y especies, restaurar la naturaleza, reducir riesgos en la cadena de suministro y educar para la acción. En la práctica, esto se traduce en iniciativas como la recogida de ropa usada en eventos deportivos, la reutilización de materiales y la sensibilización del público a través de campañas en los estadios.

El uso del deporte como plataforma de concienciación no es nuevo, pero sí poco sistematizado. En Japón, el caso de Fujitsu marca un precedente. En Europa, algunas ligas y clubes han lanzado campañas puntuales, pero sin una integración clara en sus estrategias corporativas. Aquí, la diferencia está en el enfoque: no se trata solo de reputación, sino de incorporar el deporte como vector de transformación ambiental.

El Grupo Fujitsu, con más de 113.000 empleados y una facturación de 3,6 billones de yenes en el último ejercicio fiscal, ha vinculado esta iniciativa a su propósito corporativo: generar confianza en la sociedad a través de la innovación. En este caso, la innovación no se limita a la tecnología, sino que se extiende a los modelos de relación con las comunidades locales y los entornos naturales.

Pese a ello, el impacto real de estas acciones dependerá de su continuidad y escalabilidad. Las actividades anunciadas, aunque alineadas con los principios del programa, aún no han sido cuantificadas en términos de reducción de huella ecológica o mejora de indicadores de biodiversidad. Tampoco se ha detallado cómo se integrarán estos datos en los informes de sostenibilidad del grupo.

Lo que sí parece claro es que Fujitsu busca posicionarse en un terreno donde pocas tecnológicas han entrado con decisión: el de la biodiversidad como activo estratégico. Y lo hace utilizando una herramienta poco habitual en este ámbito: el deporte profesional. Una combinación que, si se consolida, podría abrir nuevas vías de colaboración entre empresas, instituciones ambientales y comunidades locales.

La pregunta que queda abierta es si otras compañías seguirán este camino. No tanto por imitación, sino por necesidad. En un contexto donde los marcos regulatorios y las expectativas sociales sobre sostenibilidad se endurecen, integrar la conservación de la naturaleza en áreas no tradicionales del negocio puede dejar de ser una opción para convertirse en una exigencia.

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