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Apple se alía con Google para integrar Gemini en Siri

Apple se alía con Google para integrar Gemini en Siri

  • Apple usará los modelos Gemini de Google para impulsar un nuevo Siri con IA generativa, en una alianza clave que redefine su posición en el mercado de la inteligencia artificial.
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Apple ha decidido apoyarse en la tecnología de Google para dar el salto que lleva años posponiendo en su asistente de voz. La compañía utilizará los modelos Gemini y la infraestructura cloud del buscador para impulsar una nueva generación de Siri basada en inteligencia artificial generativa, cuyo despliegue está previsto a lo largo de este año. El movimiento llega después de meses de especulación y de un retraso público que dejó a la empresa en una posición incómoda frente a la aceleración del mercado de la IA.

La alianza, de carácter plurianual, permitirá a Apple utilizar Gemini como base para sus propios modelos fundacionales. En un comunicado conjunto, la empresa de Cupertino señaló que, tras evaluar distintas opciones, la tecnología de Google ofrecía «la base más capaz» para sus necesidades actuales y futuras. Los términos económicos del acuerdo no se han hecho públicos, y ninguna de las dos compañías ha querido detallar el grado de personalización de los modelos ni el reparto de responsabilidades operativas.

La noticia confirma informaciones avanzadas en agosto por Bloomberg, que ya apuntaban a conversaciones preliminares para integrar una versión adaptada de Gemini en Siri. Entonces se hablaba de una funcionalidad denominada internamente World Knowledge Answers, orientada a ofrecer respuestas generadas por IA a partir de información de la web. Ahora, el alcance parece más amplio y estructural, con implicaciones directas en la arquitectura de los futuros servicios de Apple.

Desde el lanzamiento de OpenAI y su modelo ChatGPT a finales de 2022, el sector tecnológico ha entrado en una carrera acelerada por incorporar capacidades generativas en productos de consumo y herramientas empresariales. Mientras competidores directos invertían miles de millones en infraestructura, chips y modelos propios, Apple optó por una estrategia más cautelosa, centrada en el procesamiento local y en mensajes de privacidad. Esa prudencia, sin embargo, empezó a tensionarse cuando Siri quedó claramente rezagada frente a alternativas más conversacionales y contextuales.

La presión se hizo visible en 2025, cuando Apple tuvo que retrasar el lanzamiento de su Siri mejorado pese a haberlo promocionado en campañas publicitarias. «Nos llevará más tiempo del que pensábamos», reconoció entonces la compañía, un mensaje poco habitual en una organización conocida por su control del calendario y del relato. La nueva alianza con Google parece una respuesta directa a esa brecha entre expectativas y capacidades reales.

Para Google, el acuerdo supone algo más que un contrato relevante. Refuerza la credibilidad de Gemini como plataforma de referencia en un mercado donde la percepción de liderazgo es volátil. Según datos citados por CNBC, la compañía cerró 2025 con su mejor desempeño bursátil desde 2009 y llegó a superar puntualmente a Apple en capitalización, un hito que no se producía desde 2019. En paralelo, su división cloud ha acelerado la firma de contratos de gran tamaño, con más de mil millones de dólares en acuerdos cerrados hasta el tercer trimestre.

Ese impulso se apoya en una evolución rápida de los modelos. Google presentó Gemini 3 a finales del año pasado, una versión que lideró varios rankings de rendimiento y eficiencia. El propio consejero delegado, Sundar Pichai, subrayó recientemente que la demanda empresarial está creciendo a un ritmo superior al previsto, especialmente en sectores que requieren integración profunda con servicios existentes.

La pregunta inmediata es cómo encaja esta colaboración con las alianzas previas de Apple. Actualmente, Siri y la plataforma Apple Intelligence ya integran ChatGPT para consultas complejas que requieren conocimiento general del mundo. La compañía ha asegurado que no habrá cambios en ese acuerdo, aunque no ha aclarado si Gemini asumirá parte de esas funciones o si coexistirán varios modelos en función del tipo de solicitud. La convivencia de múltiples proveedores introduce flexibilidad, pero también complejidad técnica y de experiencia de usuario.

Más allá de lo tecnológico, la decisión tiene una lectura estratégica. Apple ha defendido históricamente un alto grado de control vertical, desde el hardware hasta el software y los servicios. Delegar una parte crítica de su inteligencia artificial en un socio externo, y además en un competidor directo en otros frentes, supone una concesión significativa. Aunque los modelos se ejecuten en la nube de Google, la percepción de dependencia puede generar debates internos y externos sobre soberanía tecnológica y diferenciación.

También hay implicaciones regulatorias. Tanto Apple como Google están bajo el escrutinio de autoridades de competencia en Estados Unidos y Europa. Una colaboración estrecha en un ámbito tan sensible como la IA podría atraer nuevas preguntas sobre concentración de poder y acceso a datos, incluso si ambas compañías insisten en que la privacidad de los usuarios se mantiene intacta. Apple, en particular, ha construido buena parte de su narrativa reciente en torno a ese argumento.

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El acuerdo llega además en un momento de reorganización interna en Cupertino. Según Bloomberg, la compañía ha reestructurado su equipo de inteligencia artificial, con la salida de John Giannandrea y el ascenso de Mike Rockwell, hasta ahora al frente de Vision Pro. El cambio sugiere una integración más estrecha entre IA, interfaces y dispositivos, una línea que encaja con la ambición de convertir Siri en un agente capaz de ejecutar acciones complejas y entender el contexto personal del usuario.

En el ecosistema más amplio, la alianza refuerza una tendencia: incluso los gigantes con recursos suficientes optan por colaborar en lugar de desarrollar todo desde cero. Amazon, Meta y Microsoft han seguido caminos distintos, pero todos han asumido que la velocidad del mercado penaliza las apuestas exclusivamente internas. En ese sentido, Apple parece haber aceptado que llegar tarde a la IA generativa tiene un coste mayor que compartir protagonismo.

Queda por ver cómo se traducirá todo esto en la experiencia final. Apple ha prometido una Siri más personalizada, capaz de anticipar necesidades y actuar de forma proactiva. Sin embargo, el historial de retrasos invita a la cautela. La integración de modelos externos, la adaptación a millones de dispositivos y la gestión de expectativas del usuario son desafíos que no se resuelven solo con un acuerdo tecnológico.

El movimiento, en cualquier caso, marca un punto de inflexión. Apple abandona definitivamente la posición de observador prudente y se alinea con uno de los actores más activos del momento. Google, por su parte, consolida a Gemini como pieza central de su estrategia y gana un socio cuya base instalada no tiene equivalente. El resultado de esa convergencia empezará a medirse cuando los usuarios hablen con Siri y descubran si, esta vez, la promesa de una IA realmente útil se materializa.

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