La reacción de Elon Musk al anuncio conjunto de Apple y Google no tardó en llegar. Pocas horas después de que ambas compañías confirmaran que Gemini formará parte del núcleo tecnológico de una nueva generación de funciones de Siri, Musk calificó la operación como “una concentración de poder poco razonable para Google”. El comentario, publicado en X, apuntaba a una inquietud conocida: la acumulación de infraestructuras, modelos y canales de distribución en manos de un mismo actor.

El movimiento de Apple y Google, anunciado como una colaboración plurianual, sitúa a Gemini como soporte de futuras capacidades de Apple Intelligence, incluido un asistente Siri más personalizado, previsto para este año. Según la información adelantada por ambas compañías, la integración no se limitará al asistente de voz, sino que se extenderá a otros servicios aún no detallados. Apple mantiene que el procesamiento seguirá realizándose en los dispositivos y en su infraestructura de Private Cloud Compute, con estándares de privacidad propios. Aun así, el anuncio marca un punto de inflexión: por primera vez, los modelos de Google se convierten en una capa estructural del software inteligente del iPhone.
La crítica de Musk no se produce en el vacío. El empresario dirige xAI, desarrolladora de Grok, un modelo que compite directamente con Gemini y con los sistemas de OpenAI. Desde esa posición, su mensaje introduce una lectura estratégica: Google no solo aporta modelos de lenguaje, sino que controla Android, Chrome y buena parte de la infraestructura cloud global. La alianza con Apple, tradicionalmente celosa de su independencia tecnológica, altera ese equilibrio histórico.
El propio contexto legal añade capas de complejidad. El año pasado, xAI presentó una demanda contra Apple y OpenAI, acusándolas de coordinarse para “asegurar su dominio continuado” en el mercado de la inteligencia artificial. La denuncia, pese a haber sido cuestionada públicamente, ha superado intentos de archivo y sigue su curso judicial. En ese marco, la reacción de Musk puede leerse también como una extensión del conflicto, ahora con Google como actor central.
Apple, por su parte, ha optado por un discurso prudente. En el comunicado conjunto, la compañía se limita a señalar que la colaboración permitirá “nuevas experiencias innovadoras” para los usuarios, sin concretar funcionalidades ni plazos cerrados. La versión más avanzada de Siri se espera como parte de iOS 26.4, previsiblemente entre marzo y abril, tras varios retrasos internos. Entre las capacidades prometidas figuran una comprensión más profunda del contexto personal del usuario, conciencia de lo que ocurre en pantalla y controles más detallados dentro de las aplicaciones. Ejemplos mostrados por Apple incluyen consultas sobre vuelos o reservas extraídas de Mail y Messages, una demostración de hasta dónde quiere llegar la integración.
La alianza Apple-Google rompe con una narrativa previa en la que Cupertino buscaba apoyarse en múltiples proveedores sin ceder protagonismo. Hasta ahora, la incorporación de ChatGPT como complemento opcional en Siri se presentaba como una apertura controlada. Gemini, en cambio, pasa a formar parte de la base misma de los modelos fundacionales. Para Google, supone un acceso privilegiado a cientos de millones de dispositivos iOS, un terreno históricamente ajeno a su ecosistema móvil.
Desde la óptica regulatoria, la advertencia de Musk conecta con debates más amplios sobre concentración y dependencia tecnológica. En Europa, donde Apple y Google ya operan bajo un escrutinio reforzado, una integración profunda de modelos de IA podría reavivar preguntas sobre competencia efectiva y barreras de entrada. Aunque Apple insiste en que mantiene el control del producto final, la dependencia de modelos externos introduce una interdependencia difícil de ignorar.
La reacción del mercado y de otros actores del sector ha sido, por ahora, contenida. Ni Apple ni Google han respondido públicamente a las declaraciones de Musk, y no hay indicios inmediatos de acciones legales. Sin embargo, algunos analistas interpretan el mensaje como un aviso preventivo, una forma de marcar territorio antes de que el acuerdo se materialice plenamente. Otros recuerdan que Musk ha insinuado en el pasado la posibilidad de lanzar un teléfono propio, una idea que, de concretarse, situaría a xAI en competencia directa con el duopolio móvil.
El contexto internacional tampoco juega a favor de xAI. Grok ha sido objeto de críticas y bloqueos en varios países tras la generación de imágenes no consentidas y contenidos sensibles, incluidos casos que involucran a menores. Gobiernos como los de Indonesia y Malasia han restringido el acceso al chatbot, y se han abierto investigaciones que podrían derivar en sanciones. Este telón de fondo reduce el margen de maniobra de Musk cuando denuncia prácticas anticompetitivas de terceros, aunque no invalida las preguntas que plantea sobre el reparto de poder en la IA.
En contraste, Google llega al acuerdo con Apple en un momento de consolidación de Gemini como plataforma transversal, integrada en búsqueda, productividad y ahora en sistemas operativos ajenos. Para Apple, la colaboración ofrece una vía rápida para cerrar la brecha en capacidades generativas frente a competidores que avanzaron antes. El equilibrio entre control, dependencia y velocidad de innovación será clave en los próximos meses.
Queda por ver si la crítica de Musk se traduce en acciones concretas o si se diluye en el ruido habitual de las disputas entre gigantes tecnológicos. La presentación de la nueva Siri, prevista para la primavera, ofrecerá una primera medida real del alcance de la alianza. A partir de ahí, el debate sobre concentración de poder, competencia y soberanía tecnológica volverá a intensificarse, esta vez con el iPhone como uno de sus principales escenarios.
