La entrada de Bankinter en el capital de Bit2Me añade una nueva capa al progresivo acercamiento entre la banca tradicional española y el ecosistema de los criptoactivos regulados. La operación, formalizada mediante la incorporación del banco a una ronda de financiación de 30 millones de euros anunciada meses atrás, plantea una pregunta que sobrevuela el sector desde hace años: hasta qué punto las entidades financieras convencionales están dispuestas a integrar, y no solo observar, el desarrollo de infraestructuras cripto bajo marcos normativos europeos cada vez más definidos.
El acuerdo implica la toma de una participación minoritaria por parte de Bankinter y la apertura de un marco de colaboración para explorar sinergias tecnológicas y de conocimiento. No se trata únicamente de una inversión financiera, sino de un movimiento que sitúa al banco junto a un socio tecnológico nacional en el ámbito de las tecnologías DLT y los servicios vinculados a activos digitales. La entidad refuerza así su estrategia de capital riesgo orientada a innovación, una línea que en los últimos años ha funcionado como laboratorio adelantado frente a cambios estructurales del sistema financiero.
Para Bit2Me, la operación llega en un momento especialmente sensible. La compañía española obtuvo a finales de julio la licencia regulatoria europea que le permite operar bajo el paraguas normativo comunitario, un hito que redefine su perímetro de crecimiento. Con ese respaldo, la fintech aspira a acelerar su expansión en la Unión Europea y, de forma paralela, consolidar posiciones en mercados latinoamericanos como Argentina, donde la adopción de criptoactivos convive con una elevada volatilidad macroeconómica.
El respaldo de Bankinter se suma al de otros socios estratégicos ya presentes en su accionariado, entre ellos Telefónica, Inveready, Investcorp, Tether y BBVA, además de Unicaja y Cecabank. La composición del capital dibuja un perfil híbrido, donde conviven banca tradicional, capital riesgo y actores nativos del ecosistema cripto, una combinación poco habitual hace apenas cinco años en el mercado español.
Desde la perspectiva de Bankinter, la operación encaja con una trayectoria marcada por la experimentación temprana en digitalización bancaria. El banco ha utilizado históricamente inversiones selectivas en startups fintech como vía para testear modelos de negocio y capacidades tecnológicas sin comprometer su estructura central. En este caso, el foco se sitúa en tecnologías de registro distribuido y en la potencial integración futura de servicios cripto dentro de la oferta bancaria, un terreno que sigue generando cautela regulatoria pero también presión competitiva.
La banca europea se mueve en un equilibrio complejo. Por un lado, la regulación comunitaria, con marcos como MiCA, aporta una mayor claridad jurídica. Por otro, persisten riesgos reputacionales y operativos asociados a un sector que todavía arrastra episodios de alta volatilidad y quiebras sonadas. En ese contexto, asociarse con un proveedor local que ya opera bajo licencia y con infraestructura propia reduce parte de la incertidumbre, aunque no la elimina.
Bit2Me, por su parte, se presenta como un intermediario que ofrece a las entidades financieras un acceso indirecto al ecosistema cripto. La compañía ha construido su propuesta alrededor de cumplimiento normativo, custodia y seguridad, elementos clave para cualquier banco que valore ofrecer servicios vinculados a activos digitales a su base de clientes. La alianza con Bankinter refuerza ese posicionamiento, aunque también la somete a un mayor escrutinio institucional.
En palabras de Pablo Casadío, director financiero de la fintech, la colaboración refleja un modelo de cooperación frente a la competencia directa. La idea de integrar capacidades, más que de disputar el control del cliente final, aparece como uno de los ejes del acuerdo. Sin embargo, la evolución de este tipo de alianzas suele depender menos de las declaraciones iniciales y más de la capacidad real de traducirlas en productos, procesos y rentabilidad sostenida.
El movimiento también debe leerse en clave de mercado. España ha sido tradicionalmente un entorno prudente en la adopción bancaria de criptoactivos, especialmente en comparación con algunos países del norte de Europa. No obstante, la combinación de presión competitiva, madurez tecnológica y mayor certidumbre regulatoria está empujando a las entidades a definir posiciones más claras. En ese escenario, quedarse al margen puede implicar perder conocimiento estratégico, aunque entrar demasiado pronto conlleva riesgos difíciles de modelizar.
La presencia de grandes corporaciones y bancos en el capital de Bit2Me introduce, además, una tensión interesante. Mientras la fintech busca escalar con agilidad en distintos mercados, sus socios financieros operan bajo lógicas de control, cumplimiento y aversión al riesgo. Mantener ese equilibrio será clave para que la expansión europea no diluya la capacidad de innovación que ha caracterizado a la compañía desde sus inicios.
Para Bankinter, la inversión no altera su perfil como quinto banco español por tamaño, ni su foco en banca comercial, empresas y banca privada. Sí refuerza, en cambio, su narrativa de entidad resiliente y tecnológicamente adelantada dentro del contexto de la Eurozona. La Autoridad Bancaria Europea ha destacado su solidez, pero esa fortaleza también implica decidir cómo y cuándo incorporar nuevas capas de complejidad tecnológica al negocio bancario tradicional.
Queda abierta, por tanto, una cuestión relevante: hasta dónde llegará la colaboración entre banca y plataformas cripto en Europa una vez superada la fase de exploración. La entrada en el capital es un primer paso, pero el verdadero alcance se medirá en la capacidad de generar productos viables, cumplir con supervisores y responder a un cliente que empieza a demandar acceso a nuevos activos sin renunciar a las garantías del sistema financiero clásico.