La inteligencia artificial ha entrado de lleno en la agenda del tercer sector, aunque no siempre con la misma velocidad ni con recursos comparables a los de la empresa privada. En ese punto de fricción entre potencial tecnológico y capacidades reales se sitúa el nuevo programa de formación en IA lanzado por Microsoft y la Asociación Española de Fundaciones (AEF), una iniciativa que aspira a formar a más de 200.000 profesionales vinculados a fundaciones de todo el país sin exigir conocimientos técnicos previos.
La propuesta, denominada IA para la sociedad civil, se articula como una formación gratuita y completamente online, orientada a acelerar la digitalización del tercer sector y a reducir una brecha de competencias que, según distintos estudios, no deja de ampliarse. El programa se desarrolla en colaboración con Founderz y se integra en el marco de Microsoft Elevate Skilling, la estrategia de la compañía para extender la capacitación en inteligencia artificial a colectivos con menor acceso a este tipo de formación.
La AEF, que agrupa a más de 1.000 fundaciones de ámbitos tan diversos como la acción social, la educación, la cultura o la investigación científica, se ha marcado un objetivo ambicioso: que al menos el 80% de los profesionales de estas entidades participe en el itinerario formativo. Traducido a cifras, el alcance potencial supera las 200.000 personas, una magnitud poco habitual en programas de capacitación específicos para organizaciones sin ánimo de lucro.
Este movimiento no se produce en el vacío. La presión por incorporar tecnologías basadas en datos y automatización también alcanza a las ONG y fundaciones, aunque con condicionantes propios. Presupuestos ajustados, estructuras organizativas reducidas y una fuerte dependencia de subvenciones públicas o donaciones privadas suelen limitar la capacidad de inversión en innovación. Sin embargo, la percepción de que la IA puede convertirse en una herramienta transversal, aplicable tanto a la gestión interna como a la medición del impacto social, está ganando terreno.
Algunos indicadores apuntan en esa dirección. Un informe reciente de World Metrics sobre el uso de la IA en el sector no lucrativo señala que aproximadamente el 75% de las ONG considera que la IA generativa transformará de forma significativa sus competencias comunicativas. Además, cerca del 50% de estas organizaciones prevé aumentar su presupuesto destinado a inteligencia artificial en los próximos años. La expectativa existe, aunque no siempre va acompañada de una hoja de ruta clara.
En paralelo, los datos del Índice de Tendencias Laborales de Microsoft introducen otro matiz relevante: la distancia entre directivos y empleados en su familiarización con la IA alcanza los 31 puntos porcentuales, con un 63% de responsables que declaran sentirse cómodos con estas tecnologías frente a solo un 32% del resto de la plantilla. En el tercer sector, donde la jerarquía suele ser más plana pero los roles están muy especializados, esta brecha puede traducirse en una adopción desigual y, en algunos casos, en resistencia interna.
El diseño del programa «IA para la sociedad civil» trata de responder a este contexto con un enfoque pragmático. Los contenidos se centran en fundamentos de inteligencia artificial, uso de herramientas ya integradas en el entorno laboral, como Copilot, técnicas básicas de prompt engineering y desarrollo de proyectos sin necesidad de programar. También se incluyen módulos sobre automatización de procesos, identificación de riesgos asociados a la IA, como los deepfakes, y fomento del pensamiento crítico ante sistemas algorítmicos.
La elección de este temario no es casual. En muchas fundaciones, la prioridad no pasa por desarrollar modelos propios, sino por entender cómo aplicar soluciones existentes para optimizar tareas administrativas, mejorar la comunicación con donantes o beneficiarios, o analizar datos de impacto de manera más eficiente. La IA, en este sentido, se plantea como una capa de apoyo y no como un fin en sí misma.
Al finalizar la formación, los participantes obtendrán una credencial oficial emitida por Microsoft y Founderz, un elemento que introduce otra variable en el debate. Para muchos profesionales del tercer sector, la certificación en competencias digitales puede convertirse en un activo relevante, tanto dentro de la organización como en su trayectoria laboral futura. Sin embargo, también plantea preguntas sobre la estandarización de perfiles y la dependencia de grandes proveedores tecnológicos en los procesos de capacitación.
El programa se completa con webinars especializados en captación de fondos y diseño de proyectos subvencionables, dos áreas especialmente sensibles para la sostenibilidad financiera de las fundaciones. La incorporación de la IA en estos ámbitos promete agilizar la identificación de convocatorias, la redacción de propuestas o el seguimiento de indicadores, aunque su impacto real dependerá de la capacidad de las organizaciones para integrar lo aprendido en sus rutinas diarias.
Desde Microsoft, el discurso se alinea con una visión de la IA como palanca de impacto social. Sonia Marzo, directora de Capacitación en Inteligencia Artificial de Microsoft España, subraya que la tecnología puede «multiplicar el impacto social» si las organizaciones están preparadas para utilizarla de forma responsable. En la AEF, el énfasis se sitúa en la necesidad de dotar a las fundaciones de competencias que les permitan afrontar un entorno cada vez más digitalizado sin perder de vista su misión social.
El encaje de esta iniciativa en Microsoft Elevate Skilling refuerza la dimensión estratégica del proyecto. Este programa global busca democratizar el acceso al conocimiento en IA y contribuir a cerrar la brecha de talento digital, un objetivo que trasciende al tercer sector pero que encuentra en él un campo de aplicación especialmente sensible. La adopción responsable de la IA, con atención a aspectos éticos y de gobernanza, aparece como uno de los ejes recurrentes del discurso.
No obstante, persisten algunas incógnitas. La formación, por sí sola, no garantiza una transformación profunda si no va acompañada de cambios organizativos, inversión sostenida y liderazgo interno. Además, el ritmo de evolución de las herramientas de IA plantea el desafío de mantener los contenidos actualizados y relevantes más allá de la primera oleada de participantes.
A medio plazo, la pregunta no es solo cuántos profesionales completen el curso, sino hasta qué punto las fundaciones lograrán traducir ese aprendizaje en procesos más eficientes, mayor transparencia y un impacto social medible. En un sector acostumbrado a hacer mucho con pocos recursos, la inteligencia artificial se presenta como una oportunidad, aunque también como un nuevo terreno que exige criterio, formación continua y capacidad de adaptación.