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Ericsson anuncia recortes de plantilla en Suecia y España dentro de su estrategia global de eficiencia

Ericsson anuncia recortes de plantilla en Suecia y España dentro de su estrategia global de eficiencia

  • Ericsson inicia 2026 con ajustes de plantilla en Suecia y España para mejorar su posición de costes y mantener inversiones clave en redes y tecnología.
Ericsson

El inicio de 2026 ha traído consigo un nuevo ajuste laboral en el seno de Ericsson, uno de los principales proveedores mundiales de infraestructuras de telecomunicaciones. El grupo sueco ha comunicado oficialmente una propuesta de reducción de plantilla que afectaría a aproximadamente 1.600 empleados en Suecia, su principal mercado laboral, al tiempo que su filial española ha activado el procedimiento para un despido colectivo. Ambas decisiones se encuadran en una estrategia global orientada a mejorar la posición de costes y sostener la competitividad en un contexto de presión creciente sobre los márgenes del sector.

En el caso sueco, la compañía ha notificado la medida a la Agencia Sueca de Empleo, paso obligatorio dentro del marco laboral del país, e инициado las negociaciones con los sindicatos conforme a la legislación vigente. La comunicación subraya que el ajuste forma parte de iniciativas globales destinadas a incrementar la eficiencia operativa del grupo, mientras se mantienen las inversiones consideradas críticas para su liderazgo tecnológico. No se trata, por tanto, de una actuación aislada, sino de un movimiento alineado con un proceso de revisión más amplio de costes y estructuras internas.

El mensaje corporativo incide en la necesidad de preservar la capacidad de Ericsson para ejecutar su estrategia industrial, centrada en el desarrollo de redes de alto rendimiento y programables. Este tipo de redes, basadas en arquitecturas software-defined y automatización avanzada, son clave para que los operadores puedan ofrecer servicios diferenciados y explorar nuevas vías de monetización más allá de la conectividad tradicional. Mantener ese posicionamiento tecnológico exige recursos sostenidos en I+D, incluso en fases de menor crecimiento del mercado.

Un ajuste paralelo en España

De forma casi simultánea, Ericsson España ha comunicado a la plantilla y a los representantes sindicales su intención de acometer un despido colectivo. La filial, que supera los 2.200 empleados, no ha concretado aún el número definitivo de personas afectadas ni las áreas implicadas, aunque las primeras estimaciones sitúan el mínimo en torno a los 200 trabajadores. La comunicación formal, remitida tanto a los empleados como a los sindicatos, señala que la decisión llega tras un análisis de la situación actual del negocio y de las perspectivas a medio plazo.

El procedimiento se ajusta a la normativa laboral española en materia de expedientes de regulación de empleo, que obliga a abrir un periodo de consultas con los representantes de los trabajadores. En las próximas semanas, los sindicatos deberán designar a los miembros de la mesa negociadora, tras lo cual se iniciará una fase de diálogo que previsiblemente se prolongará durante un mes. De mantenerse ese calendario, el proceso podría cerrarse a finales de febrero, aunque el alcance final del ajuste dependerá del desarrollo de las negociaciones.

Desde la compañía se insiste en que el objetivo es mejorar la eficiencia operativa de la filial y asegurar su competitividad en un entorno marcado por la desaceleración de algunos mercados de telecomunicaciones y la contención del gasto por parte de los operadores. Este argumento conecta con una tendencia más amplia del sector, donde los grandes proveedores de redes están revisando estructuras y prioridades tras varios años de inversiones intensivas en despliegues de 5G.

Contexto de mercado y presión estructural

El ajuste anunciado por Ericsson se produce en un momento de transición para la industria de las telecomunicaciones. Tras el fuerte impulso inversor asociado a las primeras fases del 5G, muchos operadores han entrado en una etapa de mayor disciplina financiera, con foco en la rentabilidad y en la optimización de activos existentes. Esta dinámica tiene un impacto directo sobre los proveedores de equipamiento, que ven cómo los ciclos de contratación se alargan y los proyectos se fragmentan.

Al mismo tiempo, la competencia global se ha intensificado. Fabricantes y proveedores de distintas regiones compiten no solo en precio, sino también en capacidad de ofrecer soluciones integradas que combinen hardware, software y servicios. En ese escenario, la eficiencia interna se convierte en un factor crítico para sostener márgenes sin renunciar a la innovación. De ahí que las decisiones de ajuste de plantilla convivan, en el discurso corporativo, con la reafirmación de inversiones estratégicas.

En el caso de Ericsson, la referencia explícita a redes programables apunta a una apuesta por modelos de red más flexibles, capaces de adaptarse a distintos casos de uso empresariales, desde la automatización industrial hasta los servicios de baja latencia. Este enfoque requiere talento especializado en software, virtualización y análisis de datos, perfiles que suelen concentrarse en áreas de alto valor añadido y que, según la compañía, seguirán siendo prioritarios.

La dimensión laboral y el encaje regulatorio

El impacto social de estos ajustes no es menor, especialmente en Suecia, donde Ericsson es uno de los grandes empleadores industriales y tecnológicos. La legislación laboral sueca establece procesos de consulta y negociación con los sindicatos que buscan mitigar el impacto de los despidos y facilitar transiciones hacia otros empleos. En España, el marco del despido colectivo también obliga a explorar medidas alternativas, como recolocaciones internas o planes de acompañamiento, aunque su efectividad depende del contexto del mercado laboral.

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Para los responsables tecnológicos y directivos empresariales, estos procesos ofrecen una lectura más amplia sobre cómo las grandes multinacionales gestionan la tensión entre costes y capacidades críticas. La reconfiguración de plantillas suele ir acompañada de cambios organizativos que afectan a la toma de decisiones, la externalización de funciones y la colaboración con socios tecnológicos.

Una estrategia que deja preguntas abiertas

Aunque Ericsson subraya que los recortes no comprometerán su liderazgo tecnológico, el alcance acumulado de los ajustes en distintos países introduce interrogantes sobre la capacidad del grupo para sostener el ritmo de innovación en un sector cada vez más exigente. La industria de las telecomunicaciones avanza hacia modelos donde el software y los servicios juegan un papel creciente, lo que puede alterar la distribución interna de recursos y competencias.

En España, el resultado del proceso de negociación será clave para entender cómo se reconfigura la filial y qué áreas resultan más afectadas. En Suecia, el desenlace de las conversaciones con los sindicatos marcará el tono de una relación históricamente relevante para la compañía. En ambos casos, el movimiento de Ericsson se suma a una serie de ajustes que reflejan un cambio de fase en el mercado de redes, menos expansivo, más selectivo y con un escrutinio mayor sobre la eficiencia operativa.

La evolución de este proceso en los próximos meses ofrecerá pistas sobre hasta qué punto los grandes proveedores de infraestructuras pueden equilibrar reducción de costes e inversión sostenida en tecnología, una ecuación que sigue abierta en un sector clave para la digitalización de la economía.

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