Editor en La Ecuación Digital. Analista y divulgador tecnológico con…
La decisión de OpenAI de empezar a probar publicidad en ChatGPT marca un punto de inflexión en la evolución del producto que ha popularizado la inteligencia artificial generativa. La compañía plantea los anuncios no como un giro comercial aislado, sino como una pieza más dentro de una estrategia más amplia para sostener el crecimiento, reducir barreras de acceso y financiar una infraestructura cada vez más costosa. El movimiento introduce, sin embargo, una tensión de fondo entre la necesidad de nuevos ingresos, la preservación de la confianza del usuario y el equilibrio competitivo en un mercado cada vez más disputado.
Según explicó la empresa en su propio comunicado, la introducción de anuncios se realizará de forma progresiva y limitada, inicialmente solo en Estados Unidos y únicamente para usuarios mayores de 18 años que utilicen el plan Gratis o el nuevo plan ChatGPT Go. Los formatos se mostrarán al final de las respuestas y estarán claramente identificados como contenido patrocinado, separados de las respuestas generadas por el modelo. La compañía insiste en que la publicidad no influirá en el contenido de las respuestas, que seguirán optimizadas por utilidad objetiva.

La apuesta se apoya en una premisa central: el acceso a sistemas avanzados de IA se está convirtiendo en un factor que puede ampliar oportunidades o profundizar desigualdades. OpenAI sitúa la publicidad como un mecanismo para mantener un nivel gratuito funcional y un plan de bajo coste, mientras preserva una experiencia sin anuncios para las suscripciones Plus, Pro, Business y Enterprise. Este enfoque, subraya la empresa, busca compatibilizar sostenibilidad económica con accesibilidad, un equilibrio que hasta ahora había evitado mediante un modelo basado casi exclusivamente en suscripciones.
Un cambio de postura condicionado por los costes
La introducción de anuncios supone también una revisión pragmática de posiciones anteriores. Sam Altman, consejero delegado de OpenAI, había calificado en el pasado la publicidad como un último recurso, al considerar que podía erosionar la confianza si los usuarios sospechaban que las respuestas estaban condicionadas por intereses comerciales. Sin embargo, la escala de inversión necesaria para competir en la carrera de la IA ha alterado el marco de decisión.
Medios como el Financial Times y Bloomberg han contextualizado este giro en el esfuerzo de OpenAI por financiar compromisos de gasto que superan el billón de dólares en infraestructura de computación durante la próxima década. En ese contexto, la compañía espera que la publicidad aporte ingresos de “bajos miles de millones” de dólares a partir de 2026, una cifra modesta frente al volumen de inversión previsto, pero relevante como señal de diversificación del modelo.
A diferencia de los buscadores o las redes sociales, donde la publicidad es estructural desde el inicio, ChatGPT se ha construido sobre una relación de uso intensiva y personal. OpenAI reconoce esa particularidad y por ello ha fijado principios explícitos: independencia de las respuestas, privacidad de las conversaciones, control del usuario sobre la personalización y una promesa de no optimizar el tiempo de permanencia con fines publicitarios. La empresa afirma que no venderá datos de conversación a anunciantes y que los anuncios no aparecerán en temas sensibles como salud, salud mental o política.
ChatGPT Go, el plan que articula el cambio
La llegada de la publicidad coincide con la expansión global de ChatGPT Go, un plan de suscripción intermedio que cuesta 8 dólares al mes en Estados Unidos y ajusta su precio a la moneda local en otros mercados. Lanzado inicialmente en India en agosto y desplegado después en más de 170 países, Go se ha convertido, según la compañía, en el plan de crecimiento más rápido de su oferta.

Este nivel ofrece más mensajes, carga de archivos, generación de imágenes y mayor memoria que el plan gratuito, con acceso al modelo GPT-5.2 Instant. Se sitúa entre el uso sin coste y la suscripción Plus, que sigue orientada a tareas de razonamiento más profundo y flujos de trabajo largos. La inclusión de anuncios en Go responde a la lógica de mantener un precio bajo sin renunciar a nuevas fuentes de ingresos, aunque introduce una diferencia clara frente a los planes superiores, que seguirán sin publicidad.
Desde la perspectiva de negocio, este escalonado refuerza la segmentación: usuarios ocasionales o sensibles al precio aceptan anuncios; perfiles profesionales o empresariales pagan por una experiencia limpia. El riesgo está en que la frontera entre ambos mundos se perciba como demasiado abrupta o genere fricción en la experiencia de uso.
Competencia y presión del mercado
El movimiento de OpenAI no se produce en el vacío. Rivales como Google y Anthropic han intensificado su actividad tanto en producto como en monetización. Google ha comenzado a integrar publicidad personalizada en modos de búsqueda basados en IA, mientras que Anthropic ha ganado peso en el segmento empresarial con su asistente Claude, según datos citados por Forbes.
Reuters y The Verge coinciden en señalar que la introducción de anuncios también busca blindar la posición de ChatGPT frente a alternativas que pueden presentarse como libres de publicidad por diseño. Analistas advierten de que una implementación torpe o intrusiva podría facilitar la migración de usuarios hacia otros chatbots, en un mercado donde el coste de cambio es relativamente bajo.
Al mismo tiempo, la escala de ChatGPT, con cientos de millones de usuarios semanales y miles de millones de prompts diarios, convierte cualquier experimento publicitario en un potencial motor de ingresos difícil de ignorar. Esa magnitud explica por qué OpenAI ha decidido construir su plataforma publicitaria desde cero, en lugar de replicar sin matices modelos existentes.
Publicidad conversacional y nuevos formatos
Más allá del ingreso directo, OpenAI apunta a una evolución del propio formato publicitario. La compañía sugiere que las interfaces conversacionales permiten ir más allá de enlaces o banners estáticos, abriendo la puerta a anuncios con los que el usuario pueda interactuar, hacer preguntas o profundizar antes de tomar una decisión de compra. Este planteamiento, todavía en fase experimental, introduce una capa adicional de complejidad: cuanto más integrada esté la interacción, mayor será la necesidad de preservar la separación entre información y patrocinio.
OpenAI también destaca el potencial impacto para pequeñas empresas y marcas emergentes, que podrían competir en condiciones más equilibradas al ofrecer experiencias de descubrimiento más ricas. Sin embargo, ese argumento convive con la preocupación de fondo sobre hasta qué punto la personalización, apoyada en funciones como la “memoria” de ChatGPT, puede tensionar la línea entre relevancia y privacidad, incluso cuando el usuario mantiene opciones claras de control.
Un equilibrio aún por probar
Las pruebas comenzarán en las próximas semanas y la empresa insiste en que ajustará el formato a partir de los comentarios de los usuarios. La publicidad se presenta como un medio, no como un fin, dentro de un modelo de ingresos que seguirá apoyándose en suscripciones y contratos empresariales. A largo plazo, OpenAI sostiene que su prioridad sigue siendo desarrollar productos por los que millones de personas y empresas estén dispuestas a pagar.
Queda por ver si este enfoque logra mantener intacta la percepción de utilidad y neutralidad que ha convertido a ChatGPT en una herramienta cotidiana para tareas personales y profesionales. En un entorno de competencia creciente y costes estructurales al alza, la introducción de anuncios no cierra el debate sobre el futuro modelo económico de la IA, pero sí abre una nueva fase en la relación entre asistentes inteligentes, usuarios y mercado.
Editor en La Ecuación Digital. Analista y divulgador tecnológico con más de 30 años de experiencia en el estudio del impacto de la tecnología en la empresa y la economía.
