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Cisco identifica cinco tendencias clave que marcarán la sostenibilidad empresarial en 2026

Cisco identifica cinco tendencias clave que marcarán la sostenibilidad empresarial en 2026

  • Cisco anticipa cinco tendencias que definirán la sostenibilidad en 2026, desde eficiencia energética y circularidad hasta IA, sistemas energéticos y preparación cuántica.
Tendencias sostenibilidad 2026

La sostenibilidad ha dejado de ocupar un espacio periférico en el discurso corporativo para instalarse en el núcleo de la toma de decisiones. No como un apéndice reputacional ni como un ejercicio de cumplimiento normativo, sino como una disciplina que condiciona inversiones, arquitectura tecnológica y modelos operativos.

En ese marco, Cisco sitúa 2026 como un punto de inflexión en el que varias tendencias, ya visibles hoy, empiezan a converger con efectos estructurales sobre empresas y administraciones públicas. La pregunta que subyace no es tanto qué tecnologías estarán disponibles, sino hasta qué punto las organizaciones serán capaces de integrarlas sin aumentar su exposición al riesgo energético, operativo o regulatorio.

La primera de esas tendencias tiene que ver con la propia naturaleza de la sostenibilidad dentro de la empresa como disciplina estratégica. Durante años, las políticas ambientales y sociales han convivido en compartimentos relativamente estancos, a menudo desligados de la planificación financiera o tecnológica. Ese esquema empieza a diluirse. La eficiencia energética, la seguridad de las infraestructuras, la resiliencia operativa y la circularidad de los activos comienzan a tratarse como variables interdependientes, con impacto directo en costes, continuidad de negocio y acceso a financiación.

Esta integración coincide con un proceso de armonización de los estándares de reporte. Marcos como los impulsados por el Consejo de Normas Internacionales de Sostenibilidad (ISSB) o las Normas Europeas de Presentación de Informes de Sostenibilidad (ESRS) están reduciendo la fragmentación que durante años dificultó la comparabilidad entre compañías. El dato aporta contexto: según la OCDE, el 91% de las grandes empresas ya divulga información relacionada con sostenibilidad. Sin embargo, el volumen de datos no siempre se traduce en capacidad de decisión. La dificultad sigue estando en conectar esos indicadores con prioridades operativas reales.

En paralelo, la circularidad empieza a abandonar su asociación casi exclusiva con el reciclaje. El foco se desplaza hacia fases mucho más tempranas del ciclo de vida del producto. Diseñar pensando en la durabilidad, la reparabilidad o la reutilización de componentes altera la lógica industrial y, en muchos casos, los márgenes a corto plazo. Cisco sostiene haber incorporado principios de diseño circular en la totalidad de sus nuevos productos y embalajes, una cifra que ilustra hasta qué punto el diseño se convierte en palanca estratégica. No obstante, el reto para el mercado en su conjunto es otro: trasladar ese enfoque a cadenas de suministro globales, fragmentadas y sometidas a tensiones geopolíticas crecientes.

La modernización de los sistemas energéticos aparece como la tercera gran tendencia. Redes eléctricas envejecidas, picos de demanda imprevisibles y una mayor dependencia de fuentes renovables intermitentes están obligando a replantear la infraestructura. Soluciones como microredes locales, edificios inteligentes o sistemas de gestión energética avanzados ganan peso, no solo por razones ambientales, sino por su capacidad para aislar fallos y reducir vulnerabilidades. En este punto, la eficiencia por vatio de las infraestructuras digitales adquiere un papel central. Modernizar no siempre implica consumir más; a veces significa concentrar más capacidad en menos espacio y con menor demanda energética, algo especialmente relevante en sectores intensivos en datos.

Ese equilibrio se vuelve más delicado con la irrupción de la inteligencia artificial a gran escala. Los centros de datos ya no crecen solo en número, sino en densidad y complejidad. Los servidores optimizados para cargas de trabajo de IA representan actualmente alrededor del 21% del consumo eléctrico de estos entornos y podrían alcanzar el 44% en 2030. La cifra no es menor, sobre todo si se cruza con objetivos de reducción de emisiones y con el encarecimiento estructural de la energía en Europa. Optimizar redes, reducir latencias y automatizar operaciones se convierte en una condición necesaria para que la adopción de IA no derive en una factura energética difícil de sostener.

Aquí emerge una tensión poco visible en los discursos más entusiastas. La promesa de la IA como herramienta para mejorar la eficiencia choca con su propio apetito energético. La sostenibilidad deja de ser un resultado automático del progreso tecnológico y pasa a depender de decisiones de arquitectura, localización de cargas y gestión de infraestructuras. Prepararse para soportar modelos cada vez más complejos implica invertir antes de que los cuellos de botella se materialicen, algo que no todas las organizaciones están en posición de hacer al mismo ritmo.

La quinta tendencia apunta más lejos en el tiempo, pero empieza a condicionar decisiones presentes. La computación cuántica, todavía lejos de un despliegue masivo, introduce ya preocupaciones tangibles en materia de seguridad y criptografía. 2026 aparece como el inicio de una fase de preparación, en la que las organizaciones comienzan a evaluar la resistencia de sus sistemas actuales frente a futuros escenarios cuánticos. Cisco colabora en este ámbito con actores como IBM para desarrollar sistemas tolerantes a fallos, una señal de que la anticipación se convierte en parte de la estrategia de sostenibilidad a largo plazo.

La relación entre sostenibilidad y seguridad se estrecha en este contexto. Proteger datos, garantizar la continuidad operativa y mantener la confianza de clientes y reguladores son elementos que trascienden el corto plazo. La inversión en criptografía de nueva generación o en arquitecturas más resilientes no responde solo a amenazas futuras, sino a la necesidad de evitar rehacer infraestructuras en ciclos cada vez más cortos, con el consiguiente impacto ambiental y financiero.

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El discurso se apoya también en una visión de colaboración. Según Mary de Wysocki, vicepresidenta sénior y directora de sostenibilidad de Cisco, el avance dependerá de una cooperación más estrecha entre industrias, gobiernos y comunidades, y de tecnologías pensadas para la longevidad y la adaptabilidad. La afirmación introduce otra capa de complejidad. La sostenibilidad empresarial ya no se decide únicamente dentro de los límites de la organización, sino en ecosistemas donde confluyen reguladores, proveedores de energía, operadores tecnológicos y administraciones públicas.

Ese entramado plantea preguntas incómodas. ¿Hasta qué punto los marcos regulatorios actuales acompañan el ritmo de innovación tecnológica? ¿Podrán las pymes acceder a estas capacidades sin quedar fuera por costes o complejidad? ¿Cómo se gestionará la brecha entre organizaciones que pueden invertir de forma anticipada y aquellas que reaccionan cuando el cambio ya es inevitable?

Las tendencias que Cisco identifica para 2026 no dibujan un escenario cerrado, sino una dirección. La sostenibilidad se consolida como disciplina transversal, pero también como espacio de fricción entre ambición climática, realidades energéticas y límites operativos.

El desafío para los próximos años no será solo adoptar nuevas tecnologías, sino hacerlo con una visión sistémica que evite trasladar los problemas de un punto de la cadena a otro. En ese equilibrio, aún inestable, se jugará buena parte de la competitividad tecnológica en Europa

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