Editor en La Ecuación Digital. Analista y divulgador tecnológico con…
La reacción de la industria de telecomunicaciones europea al Digital Networks Act ha sido inmediata y matizada. Connect Europe, la principal asociación que agrupa a los grandes operadores del continente, valora el movimiento de la Comisión como necesario, pero considera que el texto aprobado se queda corto frente a los desafíos estructurales del sector.
Desde su perspectiva, el DNA acierta en el diagnóstico general. Reconoce la conectividad como una infraestructura básica para la competitividad europea y como un elemento central de la soberanía tecnológica. En ese sentido, Connect Europe acoge positivamente que el nuevo marco incluya de forma explícita objetivos como el refuerzo del mercado único, la promoción de la inversión y el apoyo a la innovación, en línea con los debates estratégicos abiertos en los últimos años en Bruselas.
Sin embargo, la asociación introduce una crítica de fondo: salvo en el ámbito del espectro radioeléctrico, el DNA se percibe más como una continuidad del marco existente que como una reforma verdaderamente transformadora. A su juicio, el texto no refleja con suficiente contundencia el nivel de ambición planteado en los informes de alto nivel elaborados por Enrico Letta y Mario Draghi, que señalaban la fragmentación del mercado y la falta de escala como uno de los principales frenos a la inversión y a la competitividad del sector europeo de telecomunicaciones.
Uno de los reproches más reiterados es el riesgo de añadir complejidad regulatoria en lugar de reducirla. Aunque el discurso político del DNA insiste en la simplificación y la armonización, Connect Europe considera que el articulado introduce nuevas capas de reglas y obligaciones que pueden aumentar la incertidumbre regulatoria. En su lectura, Europa ya no puede permitirse un entorno marcado por sobrerregulación, fragmentación normativa y niveles de inversión insuficientes, especialmente en un contexto de competencia global con actores estadounidenses y asiáticos.
La crítica se vuelve más concreta en el capítulo de acceso a redes e incentivos a la inversión en fibra. Según la asociación, las reglas propuestas no ofrecen señales suficientemente claras al inversor y generan dudas sobre el modelo económico de las redes de nueva generación. Esa falta de previsibilidad, advierten, puede tener un efecto disuasorio sobre la inversión, la competencia efectiva y, a medio plazo, sobre la capacidad de elección de empresas y usuarios finales.
En contraste, el tono es claramente más positivo en materia de espectro, 5G y 6G. Connect Europe respalda la orientación del DNA hacia licencias más largas, mayor coherencia regulatoria y un enfoque alineado con los desarrollos globales. Considera este apartado uno de los avances más sólidos del texto y pide a Parlamento y Estados miembros que lo mantengan e incluso lo refuercen durante la tramitación legislativa. No obstante, añade una advertencia: sin mayor seguridad jurídica sobre servicios especializados y network slicing, Europa corre el riesgo de quedarse rezagada en el despliegue de casos de uso avanzados de 5G frente a otras regiones.
De forma más implícita, pero no menos relevante, la asociación introduce el debate sobre escala. Sin emplear el término “concentración”, Connect Europe sostiene que la competitividad y la soberanía europea en los mercados tecnológicos globales requieren operadores con tamaño suficiente y capacidad de inversión. En ausencia de esa escala, advierte, Europa tendrá dificultades para negociar en condiciones de igualdad con los grandes actores tecnológicos globales y para sostener un ecosistema propio de infraestructuras digitales.
En palabras de su director general, Alessandro Gropelli, el desafío no es alcanzar un equilibrio político en Bruselas, sino “volver a situar a Europa en el mapa tecnológico global”. Desde esta óptica, el Digital Networks Act puede convertirse en una herramienta clave para reforzar la soberanía y la competitividad europeas, pero solo si el texto final traduce con mayor claridad la ambición estratégica que la propia Comisión ha puesto sobre la mesa.
Editor en La Ecuación Digital. Analista y divulgador tecnológico con más de 30 años de experiencia en el estudio del impacto de la tecnología en la empresa y la economía.
