La evolución del sector espacial europeo hacia 2026 no se mide solo en lanzamientos o capacidades orbitales, sino en cómo Europa redefine su papel en un entorno cada vez más competitivo y normativamente complejo. El proyecto STARS, liderado por el EU*Asia Institute de ESSCA y financiado por el programa Erasmus+ de la Unión Europea, traza una hoja de ruta que conecta la política espacial con la gobernanza internacional, la sostenibilidad y la apertura tecnológica.
Una de las transformaciones más visibles es el paso de la lógica de carrera espacial a un modelo de gobernanza normativa. Frente a estrategias de dominación o supremacía tecnológica, la Unión Europea refuerza su perfil como potencia civil. «La Unión Europea no busca imponer el poder por la fuerza, sino estabilizar el juego espacial mundial a través de unas reglas compartidas», señala Thomas Hoerber, director del EU*Asia Institute. Esta aproximación, que prioriza la cooperación internacional y los programas civiles, anticipa un mayor protagonismo europeo en la regulación de datos espaciales y en la gestión de la actividad orbital.
En paralelo, la UE avanza hacia una soberanía tecnológica que no implica aislamiento. A lo largo de 2026, se espera una intensificación de las alianzas globales, combinadas con un refuerzo de capacidades propias. El proyecto STARS analiza esta tensión entre autonomía y apertura desde una perspectiva de economía política, observando cómo se articulan las cadenas de valor, la innovación industrial y las decisiones públicas. «Europa es ‘otra cosa’: ni superpotencia militar ni actor marginal; esa singularidad es especialmente visible en el espacio», apunta Hoerber.
El crecimiento del New Space europeo también se aleja de los modelos tradicionales centrados en lanzadores o defensa. Lo que se consolida es un ecosistema civil-industrial donde los datos satelitales, los servicios de observación y la sostenibilidad ocupan el centro. Esta dinámica no solo redefine el papel de las startups y pymes del sector, sino que también modifica las prioridades de inversión pública. STARS aborda este fenómeno desde un enfoque interdisciplinar que incluye la economía, las políticas públicas y las representaciones sociales del espacio.
La sostenibilidad, además, se convierte en un vector estratégico. No solo en términos de mitigación de residuos orbitales o control climático desde el espacio, sino como eje de conexión entre la política espacial y las agendas territoriales. El proyecto STARS colabora, por ejemplo, con la candidatura de Angers a Capital Verde Europea 2030, mostrando cómo la infraestructura espacial puede integrarse en políticas locales de transición ecológica. Esta articulación entre lo orbital y lo urbano introduce una dimensión poco explorada hasta ahora en la estrategia espacial europea.
Otra tendencia que gana tracción es la democratización del conocimiento espacial. Frente a una tradición tecnocrática, el proyecto impulsa formatos híbridos que combinan conferencias, debates y recursos digitales abiertos. La plataforma Euroglopaedia, prevista para 2026, ofrecerá contenidos evaluados por pares accesibles a un público más amplio. «Hacer visibles decisiones políticas invisibles es clave para una Europa tecnológica creíble», sostiene Hoerber. Esta apertura no busca solo transparencia, sino también legitimidad democrática en un ámbito históricamente reservado a élites técnicas y políticas.
El reconocimiento Jean Monnet concedido a ESSCA no implica la creación de un nuevo centro, sino la validación de su capacidad para liderar proyectos europeos de alto nivel en gobernanza internacional e innovación espacial. Integrado en el EU*Asia Institute, el proyecto STARS refuerza el papel de la escuela como nodo entre geopolítica, industria y cultura espacial. Con una duración prevista de tres años, desde noviembre de 2025 hasta noviembre de 2028, el proyecto ha recibido el máximo nivel de financiación del programa Erasmus+, lo que lo sitúa entre las iniciativas más destacadas en estudios europeos.
ESSCA, con más de 115 años de historia y triple acreditación internacional (AACSB, AMBA y EQUIS), se posiciona como un actor relevante en la formación de líderes tecnológicos y responsables. Con campus en Francia, China, España, Hungría y Luxemburgo, la escuela combina investigación académica con formación ejecutiva, y mantiene una red activa de más de 21.500 antiguos alumnos. Su participación en el ecosistema espacial europeo no es nueva, pero con STARS adquiere una dimensión estratégica que conecta educación superior, innovación y soberanía tecnológica.
En 2026, el espacio europeo no será solo un terreno de innovación científica o competencia industrial. Será también un campo de negociación normativa, de articulación territorial y de construcción simbólica. Las cinco tendencias identificadas por STARS no agotan el mapa, pero sí dibujan un desplazamiento claro: del hardware al marco regulador, de la supremacía a la cooperación, del secreto técnico a la transparencia pública. Cómo se traduzcan estas dinámicas en decisiones concretas —y quién logre influir en ellas— sigue siendo una incógnita abierta.
