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La Royal Navy integra inteligencia artificial a bordo de un portaaviones sin depender de la nube

La Royal Navy integra inteligencia artificial a bordo de un portaaviones sin depender de la nube

  • La Royal Navy integra inteligencia artificial soberana en el HMS Prince of Wales usando OCI Roving Edge, reduciendo dependencia externa en decisiones tácticas.
La Royal Navy integra inteligencia artificial a bordo de un portaaviones sin depender de la nube

La Royal Navy británica ha comenzado a operar capacidades de inteligencia artificial soberana a bordo del HMS Prince of Wales, su buque insignia, mediante el uso de  Oracle Cloud Infrastructure (OCI Roving Edge Infrastructure. La iniciativa forma parte de la operación HIGHMAST y marca un paso significativo en la integración de soluciones de IA en entornos militares desconectados y de alta exigencia operativa.

El sistema desplegado, conocido como Saga, ha sido desarrollado por Whitespace, una firma británica especializada en inteligencia artificial para entornos de alto riesgo. Funciona sobre OCI Roving Edge Infrastructure, una infraestructura de computación en el borde, desplegable y diseñada para operar en entornos remotos sin conexión permanente. Esta arquitectura permite a la Royal Navy procesar datos directamente a bordo del buque, sin depender de enlaces externos, reduciendo la latencia y reforzando la seguridad en la toma de decisiones tácticas.

Según explicó el almirante Sir Gwyn Jenkins, First Sea Lord, la capacidad de operar soluciones de IA de forma soberana y segura, sin comprometer el control operativo, es esencial para mantener la ventaja estratégica del Reino Unido en escenarios internacionales. El HMS Prince of Wales, uno de los mayores buques de guerra construidos en el país, se convierte así en un banco de pruebas flotante para tecnologías que podrían extenderse a otras unidades de la flota.

La elección de OCI Roving Edge Infrastructure responde a una necesidad específica: llevar la computación en la nube al borde de la red, incluso en entornos donde no hay conectividad continua. El sistema, encapsulado en un chasis militarizado con protección electromagnética, permite ejecutar cargas de trabajo sensibles en condiciones extremas. Esta arquitectura edge-cloud, que difiere de los modelos tradicionales de nube centralizada, busca garantizar la continuidad operativa incluso en escenarios de guerra electrónica o ciberataques.

Jason Rees, vicepresidente senior de ingeniería tecnológica en Oracle EMEA, subrayó que “la misión está en el borde”, aludiendo a la necesidad de ejecutar capacidades críticas allí donde se generan los datos. En este caso, eso significa el puente de mando de un portaaviones en despliegue. La propuesta de Oracle se alinea con una tendencia más amplia en defensa: descentralizar el procesamiento para reducir vulnerabilidades y acelerar los ciclos de decisión.

Whitespace, por su parte, ha diseñado Saga como parte de Collective, un sistema operativo modular de IA que permite a los operadores militares capturar lecciones, revisar datos de misión y acceder a soporte algorítmico desde una interfaz unificada. Aunque la interfaz es intuitiva, el trasfondo técnico implica una gobernanza estricta de los modelos, con trazabilidad y control sobre los datos utilizados, algo especialmente relevante en contextos donde la soberanía tecnológica es un factor estratégico.

Andrew Webber, director de alianzas en Whitespace, destacó que la colaboración con Oracle demuestra que “el Reino Unido puede desplegar IA confiable y segura en entornos operativos reales hoy”. La afirmación, más allá del tono corporativo, apunta a una cuestión de fondo: la capacidad de los Estados para mantener control sobre sus algoritmos en un contexto geopolítico donde la dependencia tecnológica se percibe cada vez más como una vulnerabilidad.

El despliegue de Saga en el HMS Prince of Wales no es un experimento aislado. Se inscribe en una estrategia más amplia del Ministerio de Defensa británico para dotarse de capacidades de IA soberana, en paralelo al desarrollo de infraestructuras de nube híbrida y edge computing. La colaboración con Oracle, que ya mantiene otros acuerdos con el gobierno británico, refuerza esta línea de acción.

Aunque el comunicado no especifica los tipos de algoritmos utilizados ni los escenarios operativos concretos en los que se ha probado Saga, la apuesta por una solución portable y segura sugiere aplicaciones en inteligencia táctica, mantenimiento predictivo o coordinación de operaciones en tiempo real. En todos los casos, la proximidad del procesamiento a la fuente de datos permite reducir el ciclo de observación, orientación, decisión y acción (OODA), un objetivo recurrente en la doctrina militar contemporánea.

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El uso de OCI Roving Edge Infrastructure también plantea preguntas sobre la interoperabilidad con otras plataformas aliadas y la gestión de actualizaciones en entornos desconectados. Si bien la arquitectura edge permite operar sin conexión, mantener la coherencia de los modelos y garantizar su integridad en el tiempo sigue siendo un desafío técnico y logístico.

Desde una perspectiva industrial, el caso del HMS Prince of Wales ilustra cómo la defensa está impulsando la adopción de arquitecturas de nube distribuida y soluciones de IA gobernada. No se trata solo de eficiencia operativa, sino de asegurar que las decisiones críticas no dependan de infraestructuras ajenas o vulnerables a interferencias externas.

A medio plazo, la experiencia de la Royal Navy podría servir como referencia para otras fuerzas armadas europeas que buscan equilibrar autonomía tecnológica, seguridad de datos y capacidad de despliegue. El hecho de que una solución de edge computing como OCI Roving Edge Infrastructure haya sido validada en un entorno naval operativo refuerza su viabilidad más allá del laboratorio o el entorno de pruebas.

La incógnita, como suele ocurrir en estos casos, está en la escalabilidad. Si bien el HMS Prince of Wales ofrece un entorno privilegiado para probar nuevas tecnologías, extender estas capacidades a unidades más pequeñas o a operaciones conjuntas con aliados requerirá ajustes técnicos, doctrinales y presupuestarios. La tecnología está lista. La integración, aún en curso.

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