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La Comisión plantea usar contratación pública para reducir dependencias tecnológicas críticas

La Comisión plantea usar contratación pública para reducir dependencias tecnológicas críticas

  • La Comisión Europea estudia orientar la contratación pública hacia proveedores europeos para reducir su dependencia tecnológica en sectores estratégicos como los chips.
Henna Virkkunen, vicepresidenta ejecutiva de la Comisión Europea responsable de Tecnología, Seguridad y Democracia

La vicepresidenta ejecutiva de la Comisión Europea, Henna Virkkunen, advirtió este martes sobre los riesgos estratégicos de la dependencia tecnológica del exterior, en un momento en que la autonomía digital de la UE vuelve a situarse en el centro del debate político. “Es evidente que Europa está viviendo su momento de independencia”, afirmó durante un evento organizado por POLITICO en Bruselas, en el que subrayó que ciertas tecnologías críticas no pueden quedar en manos de un solo país o empresa.

La intervención de Virkkunen se produce en un contexto geopolítico tenso, marcado por las recientes amenazas del presidente estadounidense Donald Trump sobre Groenlandia y por el impacto acumulado de la pandemia y la guerra en Ucrania. Aunque evitó señalar directamente a Estados Unidos como un socio del que convenga reducir riesgos, sí insistió en que “las dependencias pueden ser utilizadas como armas contra nosotros”.

La preocupación no es nueva, pero la formulación pública de una estrategia de “reducción de dependencias” (de-risking) tecnológica desde las instituciones comunitarias introduce un giro significativo. Hasta ahora, el discurso europeo sobre soberanía digital se había centrado en la regulación de plataformas y la protección de datos. Virkkunen, sin embargo, apuntó hacia una dimensión más estructural: la capacidad industrial y tecnológica propia.

“Es muy importante para nuestra competitividad y para nuestra seguridad que tengamos también nuestra propia capacidad, que no seamos dependientes”, señaló. En esa línea, respaldó el uso de la contratación pública como herramienta para fortalecer el ecosistema tecnológico europeo. “Los servicios públicos, los gobiernos, los municipios, las regiones, también la Comisión Europea, somos grandes clientes de servicios TIC. Y podemos impulsar mucho la innovación europea cuando compramos servicios”, afirmó.

La idea de utilizar el poder de compra institucional para favorecer a proveedores europeos no es nueva, pero ha cobrado fuerza en los últimos meses con el impulso del comisario francés Stéphane Séjourné. Su propuesta de una ley de aceleración industrial —el Industrial Accelerator Act— busca canalizar miles de millones en contratos públicos hacia empresas de la UE. El texto, sin embargo, ha sufrido varios retrasos y aún no se ha presentado formalmente.

Virkkunen supervisa actualmente un paquete legislativo centrado en la soberanía tecnológica que incluirá medidas sobre inteligencia artificial, servicios en la nube y semiconductores. Estos sectores, reconoció, representan puntos críticos donde Europa mantiene una posición rezagada frente a sus competidores globales. “No somos capaces de diseñar y fabricar chips muy avanzados. Es un problema serio para nuestros clientes tecnológicos”, admitió. “Los chips son una condición previa para cualquier otra tecnología”.

La referencia a los semiconductores no es casual. Desde la crisis de suministros de 2021, la UE ha intensificado sus esfuerzos por reforzar su capacidad en este ámbito, con iniciativas como el European Chips Act. Sin embargo, los avances han sido desiguales y las inversiones anunciadas aún no se han traducido en una autonomía real. La dependencia de Asia —y en particular de Taiwán y Corea del Sur— sigue siendo estructural.

La posición de Virkkunen no implica un repliegue proteccionista, pero sí un cambio de tono. Frente a la narrativa tradicional de cooperación transatlántica, la Comisión empieza a hablar abiertamente de reducir vulnerabilidades estratégicas, incluso con socios considerados “clave”. La distinción entre aliados y dependencias, en este nuevo marco, se vuelve más difusa.

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El giro también plantea tensiones internas. Algunos Estados miembros, especialmente del norte y este de Europa, han mostrado reservas ante políticas que puedan interpretarse como discriminatorias frente a proveedores no europeos. Otros, como Francia o Italia, presionan para que la UE adopte una postura más asertiva, similar a la de Estados Unidos con su Buy American Act.

En paralelo, las grandes tecnológicas estadounidenses siguen dominando sectores clave como la computación en la nube, la inteligencia artificial generativa o los sistemas operativos. La capacidad de Europa para competir en estos ámbitos dependerá no solo de regulaciones o incentivos, sino de una estrategia industrial coherente y sostenida.

La Comisión prevé presentar su paquete legislativo sobre soberanía tecnológica esta primavera. Mientras tanto, el debate sobre hasta qué punto la UE debe —y puede— reducir su dependencia externa sigue abierto. La intervención de Virkkunen sugiere que, al menos en Bruselas, la cuestión ya no es si hacerlo, sino cómo y con qué instrumentos.

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