La presentación de resultados de Meta para el cierre del ejercicio 2025 ha dejado una lectura dual en el mercado tecnológico. Por un lado, la compañía dirigida por Mark Zuckerberg ha demostrado una resiliencia financiera sobresaliente, alcanzando unos ingresos anuales de 200.966 millones de dólares, lo que supone un incremento del 22% respecto al año anterior. Sin embargo, el optimismo de las cifras se ve matizado por una hoja de ruta de gasto que desafía las convenciones de la prudencia fiscal en el sector. La empresa ha anunciado que su gasto de capital para 2026 se situará entre los 115.000 y 135.000 millones de dólares, una cifra que prácticamente dobla los 72.220 millones invertidos en 2025.
Esta aceleración en el gasto responde a una estrategia de front-loading o carga anticipada de capacidad de computación. Zuckerberg no oculta su ambición: alcanzar la «superinteligencia personal». Esta meta, según el informe financiero publicado el 28 de enero de 2026, exige una infraestructura física y de talento sin precedentes. La inversión se canalizará principalmente a través de Meta Superintelligence Labs, la unidad que ha heredado la presión de convertir la inteligencia artificial generativa en un motor de rentabilidad tangible para los accionistas.
El músculo publicitario frente al abismo del hardware
El motor que financia estas ambiciones sigue siendo el mismo. La publicidad generó 58.137 millones de dólares solo en el cuarto trimestre, representando casi el 97% de los ingresos totales de la compañía. Este flujo de caja ha permitido a Meta absorber, casi sin inmutarse, las pérdidas estructurales de Reality Labs. La división encargada del metaverso y el hardware de realidad virtual cerró el cuarto trimestre con una pérdida operativa de 6.021 millones de dólares, elevando el balance negativo acumulado desde finales de 2020 a cerca de 80.000 millones.
A pesar de que los ingresos de Reality Labs crecieron un 13% interanual en el último trimestre de 2025, situándose en 955 millones de dólares, la magnitud de las pérdidas sigue cuestionando la viabilidad del proyecto a corto plazo. Zuckerberg ha sugerido que 2026 podría marcar el «pico» de estas pérdidas, iniciando un descenso gradual a partir de entonces. Esta previsión coincide con un giro estratégico interno: a principios de enero, la compañía ejecutó el despido de más de 1.000 empleados de Reality Labs para reubicar esos recursos en el desarrollo de IA y dispositivos «wearables», como las gafas inteligentes Ray-Ban Meta.
La sombra de Llama 4 y el despliegue de «Avocado»
El camino hacia la dominancia en IA no ha estado exento de fricciones técnicas. Tras el lanzamiento de Llama 4 la pasada primavera, cuya acogida entre la comunidad de desarrolladores fue calificada de tibia, Meta se vio obligada a una reestructuración profunda de su unidad de IA. La incorporación de Alexandr Wang y parte del equipo de Scale AI, tras una inversión de 14.300 millones de dólares, subraya la urgencia por recuperar el terreno perdido. Actualmente, la industria observa con atención el despliegue de un nuevo modelo de frontera, conocido internamente como «Avocado», cuya publicación se espera para la primera mitad de 2026.
La eficiencia de estos nuevos modelos es crítica para la nueva apuesta de Meta: el comercio agéntico. «Los nuevos asistentes de compras permitirán a los usuarios encontrar el conjunto exacto de productos de los catálogos de las empresas», ha señalado Zuckerberg. La tesis de la compañía es que su acceso masivo a datos personales (intereses, historia de navegación y relaciones sociales) le otorga una ventaja competitiva frente a soluciones de propósito general de competidores como OpenAI o Google. En este sentido, la adquisición de Manus en diciembre pasado parece ser la pieza final del rompecabezas para integrar transacciones automatizadas dentro de su ecosistema de aplicaciones.
Retos fiscales y el nuevo marco regulatorio
La rentabilidad neta de Meta en 2025 se situó en 60.458 millones de dólares, una ligera caída del 3% respecto a los 62.360 millones de 2024. Este descenso se explica, en gran medida, por el impacto de la ley One Big Beautiful Bill Act, que elevó la tasa impositiva efectiva de la compañía al 30% en el cómputo anual, frente al 12% del ejercicio previo. Sin este efecto contable, Meta sostiene que su tasa impositiva habría sido del 13%, una cifra más alineada con sus proyecciones para 2026, que sitúan la presión fiscal entre el 13% y el 16%.
A la carga impositiva se suma un entorno regulatorio cada vez más restrictivo en la Unión Europea y Estados Unidos. La compañía ha tenido que ajustar su oferta de «anuncios menos personalizados» tras un acuerdo con la Comisión Europea, un movimiento que podría erosionar la eficacia de sus algoritmos de segmentación. Al mismo tiempo, en suelo estadounidense, Meta enfrenta diversos juicios programados para este año relacionados con la seguridad de los menores en sus plataformas. La dirección ha advertido que estos litigios podrían derivar en «pérdidas materiales» significativas, añadiendo un factor de riesgo que los analistas de mercado no terminan de cuantificar.
Infraestructura: el coste de la ventaja competitiva
La dirección financiera, encabezada por Susan Li, ha sido transparente sobre el destino del capital. El crecimiento del gasto para 2026 estará impulsado fundamentalmente por los costes de infraestructura, que incluyen desde el pago a terceros por servicios en la nube hasta una mayor depreciación de activos físicos. Meta prevé que la contratación de talento técnico especializado en IA sea el segundo mayor factor de incremento de gastos, manteniendo una plantilla que ya alcanza los 78.865 empleados, un 6% más que el año anterior.
Esta apuesta masiva por el hardware —servidores y centros de datos— busca evitar el cuello de botella que supuso la escasez de chips en años anteriores. Al asegurar la capacidad de cómputo hoy, Meta intenta blindarse contra futuras fluctuaciones del mercado, aunque ello suponga comprometer el flujo de caja libre a corto plazo. En el cuarto trimestre de 2025, el flujo de caja libre fue de 14.077 millones de dólares, manteniendo una posición de liquidez robusta con 81.590 millones de dólares en efectivo y valores negociables.
La incógnita reside ahora en si el mercado premiará la audacia de Zuckerberg o si la presión sobre los márgenes operativos, que bajaron del 48% al 41% en el cuarto trimestre interanual, empezará a pesar en la valoración de la acción. Mientras la compañía se prepara para lanzar sus nuevos modelos de IA «en los próximos meses», queda en el aire cómo se equilibrará esta expansión tecnológica con las crecientes exigencias de privacidad y los costes de mantenimiento de un ecosistema que ya sirve a 3.580 millones de personas diariamente.
