El ecosistema de inversión corporativa en España atraviesa un proceso de redefinición donde la rentabilidad financiera ya no es el único termómetro del éxito. El nombramiento de Andrés Saborido como nuevo CEO de Wayra, anunciado por Telefónica, sitúa a un perfil de la casa, forjado en la operativa de campo desde la fundación de la plataforma en 2011, al frente de una estructura que debe justificar cada euro invertido mediante su encaje directo en el negocio del Grupo. Esta transición ocurre en un momento en el que las grandes operadoras de telecomunicaciones europeas buscan desesperadamente transformar sus infraestructuras tradicionales en plataformas de servicios digitales, una meta que el plan estratégico Transform & Grow» de la compañía ha marcado como hoja de ruta ineludible.
Saborido, que hasta ahora ejercía como COO Global y responsable de las operaciones en mercados críticos como España, Brasil, Reino Unido y Alemania, hereda una maquinaria con más de 520 startups activas. Sin embargo, el reto no reside en el volumen de la cartera, sino en la capacidad de Wayra para actuar como un filtro de alta precisión. En la nueva etapa que ahora comienza, la prioridad se desplaza hacia tecnologías que impacten en la cuenta de resultados de Telefónica: ciberseguridad, inteligencia artificial y la modernización de redes. Aunque Wayra ha funcionado históricamente como un puente con el ecosistema emprendedor, la directriz actual sugiere un repliegue estratégico hacia áreas de negocio core, reduciendo el margen para la experimentación en sectores periféricos que no aporten una ventaja competitiva inmediata a la operadora.
El giro hacia la innovación aplicada y el modelo de socio externo
La trayectoria de Saborido, licenciado en Administración de Empresas y especialista en tecnología por la Universidad Nacional de La Plata, está ligada a la expansión del seed capital en Latinoamérica. Tras lanzar la operación en Argentina y liderar Wayra España desde 2014, su perfil combina la visión del inversor con la del gestor que entiende las fricciones internas de una multinacional. Esta experiencia será determinante para cumplir otro de los objetivos de su mandato: consolidar a Wayra como un socio de innovación abierta para terceros. La plataforma ya no solo busca soluciones para Telefónica, sino que pretende vender su capacidad de prospección tecnológica a otras corporaciones e instituciones públicas y privadas que carecen de la infraestructura necesaria para detectar el talento emergente.
Este modelo de servicios de innovación representa una vía de diversificación de ingresos para la propia Wayra, en un entorno donde el capital riesgo corporativo debe demostrar su sostenibilidad. Los datos indican que de las 1.200 startups en las que se ha invertido desde 2011, 218 mantienen una colaboración activa con Telefónica. Estas alianzas han generado una facturación conjunta superior a los 700 millones de euros. No obstante, la cifra de inversión acumulada de 260 millones de euros subraya la magnitud del capital comprometido y la necesidad de que los próximos movimientos sean quirúrgicos. El foco en la experiencia de usuario y las comunicaciones no es solo una declaración de intenciones, sino una respuesta a la presión del mercado por redes más eficientes y monetizables.
Un cambio de guardia en la madurez del CVC
La salida de Irene Gómez, a quien la compañía ha agradecido su papel en la consolidación de la marca, marca el cierre de una fase de expansión para dar paso a una de consolidación operativa. Saborido ha participado en más de 300 acuerdos de inversión, una cifra que le otorga una perspectiva inusual sobre el ciclo de vida de las startups tecnológicas en diferentes geografías. Su reconocimiento como Global Corporate Venturing Emerging Leader en 2021 por el GCV Institute refuerza su posición en un sector donde la confianza y el historial de exits son las monedas de cambio más valiosas.
Pese al optimismo que suele rodear estos nombramientos, el contexto macroeconómico para el sector tecnológico sigue presentando desafíos, especialmente en el acceso a rondas de financiación posteriores para las empresas del porfolio. Wayra se enfrenta a la dualidad de ser un inversor paciente, típico de las corporaciones, y la urgencia de integrar tecnologías disruptivas antes de que la competencia lo haga. La inteligencia artificial, mencionada explícitamente como pilar de esta nueva fase, demanda no solo inversión, sino una capacidad de despliegue que a menudo choca con los tiempos burocráticos de las grandes corporaciones.
El éxito de la gestión de Saborido se medirá, probablemente, en la capacidad de Wayra para que esas 520 startups activas no sean solo activos financieros, sino piezas funcionales de la red de Telefónica. La evolución de los ecosistemas locales de emprendimiento en España y Latinoamérica, donde la operadora tiene una presencia dominante, dependerá en gran medida de si Wayra mantiene su flujo de inversión o si el rigor del plan «Transform & Grow» impone una selección todavía más restrictiva de los proyectos. La incógnita que queda por despejar es cómo equilibrará el nuevo CEO la vocación de apertura hacia instituciones externas con la demanda interna de innovación exclusiva para el Grupo.
