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El sector de las telecomunicaciones atraviesa un proceso de redefinición estructural donde la frontera entre el hardware tradicional y el software de gran escala se ha vuelto casi imperceptible. En este escenario, la designación de Ericsson como socio del año de aplicaciones empresariales para telecomunicaciones de Google Cloud en 2026 no es solo un reconocimiento a una alianza comercial, sino un síntoma de cómo los grandes proveedores de infraestructura están delegando la inteligencia operativa en gigantes tecnológicos.
Esta integración plantea un dilema técnico y estratégico sobre el grado de soberanía operativa que los proveedores de servicios de comunicaciones (CSP) son capaces de preservar al delegar su agilidad en ecosistemas nativos de la nube. La dependencia de estas infraestructuras externas para satisfacer las exigencias de rapidez del mercado genera una tensión constante entre la autonomía del operador y la eficiencia tecnológica de los gigantes del software.
La colaboración entre ambas compañías ha cristalizado en el desarrollo de un ecosistema impulsado por inteligencia artificial, diseñado para que las operadoras innoven con una velocidad que la infraestructura heredada simplemente no permite. Razvan Teslaru, director de Estrategia, Software y Servicios en la Nube de Ericsson, describe esta etapa como una validación de la visión compartida para remodelar la construcción y monetización de redes. Según Teslaru, la combinación del liderazgo en telecomunicaciones con las capacidades de IA de Google Cloud ofrece un camino hacia redes totalmente autónomas, un objetivo que durante años ha sido más una promesa de marketing que una realidad técnica ejecutable.
El núcleo de la red como servicio gestionado
Uno de los hitos técnicos que han definido esta relación es el despliegue del 5G core como servicio, una solución que busca equilibrar la fiabilidad de grado de telecomunicaciones con la flexibilidad de la nube pública. Bajo la marca Ericsson On-Demand, este movimiento marca un cambio de paradigma en el despliegue de servicios de red central. Ya no se trata solo de virtualizar funciones de red, sino de operar sobre una infraestructura de IA y Google Kubernetes Engine (GKE) gestionada de extremo a extremo.
Esta transición permite a los CSP configurar y escalar servicios de red central con una rapidez inédita, aunque introduce nuevas capas de gestión y dependencia. La plataforma está diseñada para absorber la complejidad operativa, permitiendo que la operadora se centre en el negocio mientras Ericsson y Google Cloud sostienen el motor técnico. Sin embargo, la adopción de este modelo implica una confianza total en la resiliencia de la nube pública para funciones críticas que, históricamente, se mantenían bajo un control físico y lógico mucho más estricto por parte de las telecos.
La eficiencia operativa es el argumento principal detrás de esta arquitectura. Al utilizar un modelo de red central basado en IA, las compañías buscan reducir los tiempos de respuesta y optimizar el consumo de recursos, un factor determinante en un entorno donde los márgenes de las operadoras tradicionales están bajo presión constante. Kevin Ichhpurani, presidente de Ecosistema Global de Socios y Canales de Google Cloud, subraya que estos reconocimientos valoran precisamente el valor medible y la innovación estratégica que estas integraciones aportan al cliente final.
Datos y gobernanza: el pilar de las redes autónomas
El avance hacia las Redes Autónomas (ANOps) constituye otro eje fundamental de la estrategia conjunta. Para Ericsson, que gestiona aproximadamente 800,000 sitios de telecomunicaciones a nivel global, el manejo de datos ha dejado de ser una tarea de soporte para convertirse en un activo estratégico fundamental. La transición hacia la autonomía total de la red no es posible sin una gobernanza de datos impecable, un área donde el Catálogo Universal de Dataplex de Google Cloud ha desempeñado un papel crítico.
Este sistema ha permitido la creación de un glosario empresarial y técnico unificado, facilitando el descubrimiento de metadatos y el seguimiento automatizado del linaje de los datos. El Modelo Operativo de Datos de Ericsson gobierna ahora las políticas y procesos de toda la empresa, intentando resolver uno de los problemas históricos del sector: la fragmentación de la información en silos tecnológicos inconexos.
Pese a estos avances, la migración de infraestructuras de centros de datos tradicionales a un modelo nativo de la nube conlleva riesgos inherentes en términos de seguridad y continuidad de negocio que ambas compañías intentan mitigar mediante el uso de infraestructuras optimizadas para IA, como las unidades de procesamiento tensorial (TPU) y las GPU de Google Cloud.
La transformación del negocio de Servicios Gestionados de Redes de Ericsson es, en efecto, una migración a gran escala que busca agilidad y rendimiento. Al abandonar los entornos heredados, la compañía busca una postura de seguridad más robusta, aunque este proceso exige una constante actualización de los protocolos de protección frente a amenazas que evolucionan con la misma rapidez que la tecnología que las sustenta.
Hacia la integración de la IA generativa
La hoja de ruta para los próximos años contempla una integración aún más profunda de la IA generativa y los controles basados en políticas. El objetivo es asegurar que los productos de datos no solo sean seguros y transparentes, sino que alcancen un nivel de calidad que permita decisiones automatizadas en tiempo real sin intervención humana. Esta fase es crítica para la monetización efectiva del 5G y sienta las bases para el futuro despliegue del 6G, donde la latencia y la capacidad de procesamiento de datos serán órdenes de magnitud superiores a las actuales.
La colaboración técnica sugiere que el futuro de las telecomunicaciones no reside en la mejora incremental de los equipos de radio, sino en la capacidad de orquestar software complejo sobre infraestructuras globales de nube. Ericsson, al posicionarse como un integrador de estas capacidades, intenta asegurar su relevancia en una cadena de valor donde el software está devorando progresivamente el hardware. La tensión operativa real reside ahora en equilibrar esta dependencia tecnológica con la necesidad de ofrecer servicios diferenciados en un mercado hipercompetitivo.
El cierre de este ciclo de innovación plantea un escenario donde la excelencia tecnológica ya no se mide solo por la cobertura de red, sino por la capacidad de procesar inteligencia en el borde y en el núcleo de forma simultánea. El éxito de este modelo dependerá de la capacidad de las operadoras para adaptar sus estructuras organizativas a una realidad donde la red se comporta más como una aplicación de software que como una infraestructura física tradicional.
Editor en La Ecuación Digital. Analista y divulgador tecnológico con más de 30 años de experiencia en el estudio del impacto de la tecnología en la empresa y la economía.
