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Del ojo humano al algoritmo: así se validan hoy las medallas en deportes de invierno

Del ojo humano al algoritmo: así se validan hoy las medallas en deportes de invierno

  • Los sensores de alta precisión y el análisis de datos en tiempo real de la firma española Bornan se convierten en el factor decisivo para los atletas.
Esquí alpino - Juegos de invierno

En la alta competición de invierno, la percepción humana ha quedado relegada a una función de supervisión secundaria. La diferencia entre el éxito histórico de la delegación española y el anonimato del cuarto puesto reside ahora en una milésima de segundo, una fracción de tiempo imperceptible para el ojo, pero crítica para los sistemas de registro digital.

En las disciplinas de nieve y hielo, donde las condiciones de visibilidad y temperatura desafían la fiabilidad del hardware, la tecnología de cronometraje y el análisis de datos en tiempo real se han consolidado como el engranaje invisible que decide las medallas. Esta realidad trasciende el mero registro de marcas; se trata de una infraestructura de sensores y chips que debe operar sin margen de error bajo climas extremos.

La compañía española Bornan Sports Technology señala que las disciplinas de invierno representan el mayor desafío logístico para el sector tecnológico deportivo. No basta con medir la velocidad; hay que validar trayectorias en entornos donde la nieve y el viento pueden comprometer la precisión de los sensores ópticos.

En el esquí alpino, donde figuras como Arrieta Rodríguez o Joaquim Salarich se juegan la temporada en descensos vertiginosos, los sistemas de cronometraje de alta precisión detectan el paso exacto en puntos intermedios y meta, eliminando cualquier posibilidad de interpretación subjetiva. Una leve desviación en una curva, aunque sea invisible para los espectadores, queda grabada como una pérdida de milésimas que el sistema procesa al instante.

Sensores y visión artificial frente a la subjetividad del juicio

El impacto de la tecnología varía drásticamente según la disciplina. En el snowboard y el patinaje artístico, donde la puntuación depende de la ejecución técnica y el estilo, la introducción de cámaras de alta velocidad y sistemas de análisis visual sincronizados ha transformado la labor de los jueces. En las pruebas de Queralt Castellet o Lucas Eguibar, la imagen manda. Estos sistemas permiten revisar aterrizajes y rotaciones con una nitidez milimétrica, apoyando decisiones arbitrales que, hasta hace poco, dependían de la memoria visual y la repetición convencional. La tecnología no solo registra el error, sino que lo mide: una rotación incompleta o una recepción inestable en el patinaje artístico de Tomás Guarino u Olivia Smart queda indexada en una base de datos que vincula la ejecución con la nota final de forma automática.

Por otro lado, en pruebas de resistencia y salidas masivas como el esquí de fondo, la gestión del caos es el principal reto. Aquí, los protagonistas son los chips de seguimiento activos que portan deportistas como Bernat Sellés o Jaume Pueyo. Estos dispositivos no solo miden tiempos de llegada; ordenan la carrera, gestionan los adelantamientos y aseguran que, tras media hora de esfuerzo extenuante, ninguna diferencia mínima se pierda en la confusión de una llegada en grupo. En este contexto, la tecnología actúa como un filtro de orden en una disciplina donde la fatiga humana suele empañar la precisión de los movimientos.

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Seguridad y fiabilidad en entornos de riesgo máximo

El despliegue tecnológico alcanza su vertiente más crítica en el esquí de montaña, una disciplina que debuta con una fuerte representación española liderada por Oriol Cardona y Ana Costa. En este caso, los sistemas de control de recorridos van más allá del cronómetro para centrarse en la seguridad. En entornos de alta montaña, donde el riesgo es estructural, la validación de los puntos de paso y la monitorización constante de la ubicación de los atletas garantizan que la prueba sea viable. La tecnología aquí no decide posiciones, sino que asegura la integridad del evento, permitiendo que la competición se desarrolle en áreas donde el rescate y la supervisión manual serían imposibles de coordinar en tiempo real.

La capacidad de procesar grandes volúmenes de datos en tiempo casi real y distribuirlos de forma sincronizada entre jueces, retransmisiones y plataformas digitales se ha convertido en un rasgo habitual de los proveedores tecnológicos que operan en el deporte profesional. La presencia de Bornan en competiciones internacionales refleja, más que un caso de éxito aislado, la progresiva salida al exterior de empresas españolas especializadas en un ámbito históricamente restringido a unos pocos actores. Al mismo tiempo, la creciente dependencia de sistemas automatizados introduce un debate menos visible: a medida que la tecnología reduce el margen de error, también se estrecha el espacio para la interpretación y la incertidumbre.

La cuestión ya no gira en torno a si los sensores fallarán, sino a cómo se reconfigura la lógica competitiva cuando la decisión humana queda relegada a confirmar lo que el algoritmo ha determinado de antemano.

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