Un sistema basado en inteligencia artificial capaz de detectar emergencias urbanas en tiempo real ha sido galardonado con el primer premio del Concurso Jóvenes Ingenieros/as por un Mundo Mejor, organizado por el Instituto de la Ingeniería de España (IIE). El proyecto, bautizado como VIGÍA, ha sido desarrollado por Jon Andoni Baranda, ingeniero de Telecomunicaciones por la Universidad del País Vasco (UPV/EHU) y actualmente Program Manager en Microsoft, desde Chicago.
La propuesta parte de una premisa concreta: aprovechar la infraestructura de videovigilancia urbana ya existente para convertirla en una red inteligente de alerta temprana. El sistema emplea modelos de detección de objetos basados en YOLO (You Only Look Once), entrenados para identificar indicios visuales de catástrofes como inundaciones, incendios o accidentes de tráfico. La idea surgió tras las inundaciones provocadas por la DANA en Valencia en octubre de 2024, un episodio que puso en evidencia la falta de herramientas automatizadas para reaccionar con rapidez ante emergencias urbanas.
Según explicó Baranda durante la presentación del proyecto, VIGÍA ya ha sido probado en entornos simulados con resultados prometedores. “Los modelos funcionan bien en distintos tipos de emergencia, pero ahora el reto es mejorar la precisión, reducir los falsos positivos y hacer que el sistema pueda detectar múltiples situaciones a la vez sin comprometer el rendimiento”, señaló. La integración con redes de videovigilancia reales, tanto públicas como privadas, es uno de los próximos pasos.
Aunque el sistema aún se encuentra en fase de desarrollo, el jurado del concurso ha valorado su potencial de impacto en términos de prevención, eficiencia operativa y protección civil. La propuesta se impuso entre una decena de finalistas, todos menores de 35 años y con formación habilitante en alguna de las ocho ramas de la ingeniería regulada en España. La iniciativa cuenta con el respaldo de INECO, la Fundación Mutualidad de la Ingeniería e INESPRO.
El segundo premio ha recaído en Laura Déniz, ingeniera en Organización Industrial por la ULPGC y el Politécnico de Milán, por su participación en el proyecto ELIMU, una iniciativa de cooperación internacional para mejorar infraestructuras educativas en zonas rurales de Kenia. En concreto, el equipo ha trabajado en la escuela primaria Timboni, en Kilifi, con intervenciones que van desde la instalación de sistemas fotovoltaicos hasta la rehabilitación de laboratorios escolares. Más de 50 estudiantes voluntarios han participado en las tres ediciones del proyecto, en colaboración con universidades locales.
A diferencia del enfoque tecnológico de VIGÍA, ELIMU se apoya en soluciones de ingeniería sostenible e inclusiva, con un fuerte componente de impacto social. La iniciativa también ha promovido la participación de mujeres en el ámbito STEM, tanto en España como en Kenia. “El objetivo no era solo mejorar infraestructuras, sino también generar capacidades locales y fomentar vocaciones científicas”, explicó Déniz.
El tercer reconocimiento ha sido para Sara García, ingeniera de tecnologías industriales por la Universidad de Zaragoza y actualmente en el área de desarrollo eólico de Forestalia. Su proyecto, SunSaver, es un software que calcula la potencia útil de instalaciones fotovoltaicas a partir de datos geoespaciales LiDAR. La herramienta permite simular distintos escenarios de captación solar y optimizar el diseño de las plantas en función de factores como la orientación, la inclinación o las pérdidas por sombreado y temperatura.
SunSaver incorpora variables técnicas que suelen pasarse por alto en los cálculos preliminares, como la acumulación de polvo o la eficiencia del inversor. El resultado es una herramienta que no solo mejora la precisión de las estimaciones, sino que también acelera el proceso de toma de decisiones en el desarrollo de proyectos solares. Según García, “la clave está en poder comparar alternativas de diseño con datos reales y no con promedios genéricos”.
Los tres proyectos premiados reflejan una tendencia creciente en la ingeniería joven: la combinación de tecnología avanzada, impacto social y sostenibilidad. Aunque sus enfoques son distintos, comparten una misma lógica de intervención: aplicar el conocimiento técnico a problemas concretos, con soluciones escalables y medibles.
El Instituto de la Ingeniería de España, organizador del certamen, agrupa a más de 150.000 ingenieros de las ocho profesiones reguladas en el país. Su objetivo, según recoge su carta fundacional, es poner la ingeniería al servicio del desarrollo integral de la sociedad. El IIE también representa a la ingeniería española en organismos internacionales como FEANI o WFEO, y actúa como interlocutor ante la administración pública.
Más allá del reconocimiento económico (1.500, 1.000 y 500 euros, respectivamente), el concurso busca visibilizar el papel de la ingeniería en la transformación social y medioambiental. En un momento en que la inteligencia artificial, la transición energética y la cooperación internacional se cruzan en el debate tecnológico, estos proyectos ofrecen una muestra concreta de cómo las nuevas generaciones están interpretando ese cruce.
La evolución de VIGÍA, en particular, será un caso a seguir. Su capacidad para integrarse en sistemas urbanos reales, y su eficacia en situaciones críticas, determinarán si puede convertirse en una herramienta habitual en la gestión de emergencias. Por ahora, el proyecto ha logrado situar la inteligencia artificial no como un fin en sí mismo, sino como un medio para anticipar y mitigar riesgos que, hasta ahora, llegaban sin aviso. – –
