Editor en La Ecuación Digital. Analista y divulgador tecnológico con…
El Bharat Mandapam de Nueva Delhi, un complejo arquitectónico que ya es emblema de la nueva diplomacia tecnológica del sur global, ha servido esta semana de escenario para un movimiento tectónico en la industria de la inteligencia artificial. La India AI Impact Summit 2026 no ha sido una conferencia más sobre algoritmos; ha sido el acto fundacional de un tercer eje de poder que busca romper el duopolio formado por Silicon Valley y Pekín. Con la participación de más de cien delegaciones gubernamentales y los principales directivos de la industria, la cita ha dejado clara una premisa: India ya no quiere ser el centro de soporte del mundo, sino su arquitecto soberano.
La pregunta que ha articulado las cinco jornadas de debate es si es posible construir una inteligencia artificial de escala poblacional que sea, al mismo tiempo, éticamente responsable y económicamente accesible. La respuesta de Nueva Delhi ha sido el lanzamiento del marco MANAV (humano, en sánscrito), una doctrina que propone que la tecnología debe ser tratada como un bien común y no como un activo estratégico cerrado. Este planteamiento, aunque ambicioso, se enfrenta ahora a la realidad de una ejecución que requiere una infraestructura sin precedentes y una estabilidad geopolítica que el país busca asegurar mediante alianzas críticas con Occidente.

La doctrina MANAV y el fin de la opacidad corporativa
En su discurso inaugural, el primer ministro Narendra Modi trazó una línea roja respecto al desarrollo actual de la inteligencia artificial. Mientras que en los últimos dos años la narrativa ha estado dominada por la carrera armamentística de los Large Language Models (LLM) cerrados, India propone una ruta basada en cinco pilares: sistemas morales, gobernanza responsable, soberanía nacional, accesibilidad y legitimidad. La visión MANAV no es solo un marco ético; es una declaración de independencia digital.
El concepto de soberanía nacional en este contexto implica que los datos pertenecen a quienes los generan, una postura que desafía los modelos de negocio de muchas firmas tecnológicas que han utilizado datos globales para entrenar sistemas de acceso restringido. Según la información proporcionada por fuentes oficiales, India busca que la transparencia sea el «desinfectante» natural contra los riesgos de la IA, promoviendo el código abierto como la única vía para garantizar la seguridad de los sistemas a largo plazo. Esta filosofía de «Global Common Good» busca atraer a aquellas naciones y empresas que recelan de la dependencia de una sola jurisdicción tecnológica.
El músculo del hardware: 58.000 GPUs para el «Bharat» digital
La retórica política ha venido acompañada de un compromiso tangible en infraestructura. Ashwini Vaishnaw, ministro de Electrónica y Tecnología de la Información, confirmó la expansión masiva de la capacidad de cómputo del país. A las 38.000 unidades de procesamiento gráfico (GPU) de alta gama ya operativas, se sumarán 20.000 más en las próximas semanas. Este despliegue, financiado a través de la IndiaAI Mission con una inversión superior a los 1.100 millones de euros, tiene un objetivo económico disruptivo: democratizar el acceso al cómputo.
La estrategia consiste en ofrecer potencia de cálculo a startups, investigadores y organismos públicos a precios drásticamente inferiores a los del mercado internacional. Con tarifas que rondan los 0,70 euros por hora de uso de GPU, India está intentando eliminar la barrera de capital que impide a las pequeñas empresas competir en el entrenamiento de modelos complejos. Esta «nube soberana» no solo busca fomentar la innovación local, sino también posicionar a India como un centro de procesamiento para otros países del Global South que carecen de infraestructura propia.
Sin embargo, el despliegue técnico no está exento de tensiones. El consumo energético de tal cantidad de hardware representa un desafío para los objetivos de sostenibilidad (Planet Sutra) que la propia cumbre defendió. Aunque se mencionaron planes para una IA energéticamente eficiente, la urgencia por alcanzar el liderazgo en capacidad de cómputo parece haber priorizado la velocidad sobre la optimización de recursos en esta fase inicial.

Pax Silica: El nuevo orden de los semiconductores
Uno de los momentos más significativos de la cumbre fue la firma de la declaración Pax Silica. Este acuerdo establece una coalición estratégica entre India y Estados Unidos para asegurar toda la cadena de valor de los semiconductores, desde la extracción de minerales críticos hasta la fabricación de chips de vanguardia y el despliegue de centros de datos. Jacob Helberg, subsecretario de Estado de EE. UU., describió la alianza como un muro contra la «dependencia armada» y la coerción económica, una clara alusión a la influencia de China en la cadena de suministro global.
Para los directivos del sector, esta firma supone un cambio de paradigma. India ya cuenta con ingenieros diseñando chips de 2 nanómetros, pero la adhesión a Pax Silica acelera su integración en un ecosistema de «naciones confiables». La industria de semiconductores en India proyecta la necesidad de un millón de nuevos profesionales cualificados en los próximos años, lo que abre una ventana de oportunidad para la colaboración académica y empresarial con Europa, especialmente en áreas de diseño y validación de sistemas.
La ausencia de representación de alto nivel de Pekín, coincidiendo con las festividades del Año Nuevo Chino, permitió que la narrativa de la cumbre se centrara en esta nueva alianza democrática. Sergio Gor, embajador estadounidense en India, reforzó esta idea al afirmar que el futuro tecnológico no puede dejarse al azar, sino que debe ser construido por naciones comprometidas con la libertad y la resiliencia.
Microtensiones: Del perro robótico al caos de Nueva Delhi
A pesar del rigor institucional, la cumbre no estuvo libre de fricciones que matizan la narrativa de perfección técnica. El ambiente en Nueva Delhi fue, por momentos, caótico. El intenso despliegue de seguridad alrededor de los jefes de Estado, sumado al tráfico implacable de la capital, dificultó el acceso a las sesiones, provocando que algunos delegados internacionales cuestionaran la capacidad organizativa para eventos de esta escala, según señaló POLITICO.
Más allá de la logística, se produjeron episodios que revelan las inseguridades propias de un ecosistema en crecimiento. Fue el caso de la Universidad Galgotias, que presentó un perro robótico como una innovación propia, cuando los analistas en redes sociales no tardaron en identificarlo como un modelo Go2 de la empresa china Unitree Robotics. Este tipo de incidentes, aunque anecdóticos, subrayan la presión que sienten las instituciones indias por demostrar resultados inmediatos en un campo donde la dependencia de hardware extranjero sigue siendo una realidad estructural.

Asimismo, la «foto de familia» de la sesión inaugural dejó una imagen para el análisis de los observadores: la visible incomodidad de figuras como Sam Altman (OpenAI) y Dario Amodei (Anthropic) al compartir escenario. La vacilación en su lenguaje corporal ante el primer ministro Modi fue interpretada como un reflejo de la rivalidad feroz entre las empresas que lideran la IA generativa y su incertidumbre sobre cómo encajar en el modelo de «IA abierta» que promueve el gobierno indio.
Innovación en el «Edge»: Multilingüismo y economía creativa
Donde India parece haber tomado una ventaja decisiva es en la aplicación de la IA a contextos de alta complejidad lingüística y social. El WAVES Creators Corner mostró cómo 51 startups están transformando sectores como el audiovisual y la comunicación. Entre los proyectos destacados se encuentra el «Zero-Touch Autonomous Newsroom», capaz de convertir flujos de datos en directo en boletines informativos multilingües sin intervención humana, y sistemas de doblaje con sincronización labial en tiempo real para ocho idiomas indios.
Esta capacidad para manejar la diversidad lingüística no es un detalle menor. Para las empresas españolas con intereses en mercados emergentes, el modelo indio ofrece una hoja de ruta sobre cómo escalar servicios digitales en poblaciones con baja alfabetización digital o barreras idiomáticas. El éxito de herramientas como Bhashasetu, que mejora la accesibilidad lingüística, demuestra que el valor de la IA en 2026 reside más en su capacidad de integración social que en la potencia bruta de sus modelos de lenguaje.
La cumbre también premió iniciativas como «AI by HER», centrada en el emprendimiento femenino, y «YuvaAI», que busca que los jóvenes no sean solo usuarios, sino creadores de tecnología. Este enfoque en el capital humano es el que sustenta la previsión de que más de 200.000 millones de dólares en inversiones fluyan hacia el ecosistema de IA de la India en los próximos dos años.
La Infraestructura Pública Digital como modelo de exportación
Uno de los paneles más seguidos fue el protagonizado por Nandan Nilekani, cofundador de Infosys y arquitecto de la digitalización india. Nilekani defendió que la verdadera revolución no vendrá de los avances en los modelos, sino de la arquitectura de redes abiertas y la Infraestructura Pública Digital (DPI). Al igual que India transformó los pagos con el sistema UPI, ahora busca crear redes donde cualquier innovador pueda conectar aplicaciones de IA en el «borde» del sistema, reduciendo los costes de inferencia y simplificando la experiencia del usuario.
Este modelo de DPI es el que India ofrece ahora al mundo, y en particular a otros países en desarrollo, como una forma de evitar el «lock-in» o dependencia de proveedores tecnológicos específicos. Kiran Mazumdar-Shaw, presidenta de Biocon, destacó cómo esta infraestructura permite conectar datos de salud a una escala masiva, creando modelos de referencia global para la medicina de precisión y la cobertura sanitaria universal. Para el sector farmacéutico y de salud en España, la evolución de este «stack» digital indio es un indicador crítico de hacia dónde se desplazarán los centros de datos clínicos en la próxima década.
Un cierre cargado de interrogantes futuras
La India AI Impact Summit 2026 ha finalizado sin conclusiones cerradas, cumpliendo con la intención de sus organizadores de abrir un proceso continuo de entrega de resultados. Los seis «libros de casos» sectoriales presentados documentan soluciones que ya están operativas, pero queda por ver si el país podrá mantener el ritmo de su propia ambición.
La inversión anunciada y la expansión de las GPUs sitúan a India en una posición de privilegio, pero la sostenibilidad energética de este crecimiento y la capacidad de integrar a su enorme fuerza laboral en esta transición siguen siendo incógnitas. El ministro Vaishnaw cerró la cumbre con una frase que resume el sentir de la administración: «No estamos celebrando una cumbre; estamos construyendo el futuro». Ese futuro, sin embargo, dependerá de que la doctrina MANAV logre convencer a los mercados globales de que la transparencia y la soberanía son más rentables que la eficiencia de los modelos cerrados.
Para el profesional tecnológico europeo, el mensaje es nítido: el centro de gravedad se está desplazando. La IA del futuro no solo hablará inglés y se alojará en servidores de Oregón o Virginia; será multilingüe, se procesará en racks subvencionados en Maharashtra y responderá a un marco legal que prioriza el interés público sobre el dividendo trimestral.
La incógnita que queda por resolver es cómo reaccionarán las actuales potencias tecnológicas ante un competidor que no solo busca su cuota de mercado, sino que pretende cambiar las reglas del juego.
Editor en La Ecuación Digital. Analista y divulgador tecnológico con más de 30 años de experiencia en el estudio del impacto de la tecnología en la empresa y la economía.
