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La cooperación global resiste la presión geopolítica y se reconfigura en alianzas más flexibles, según el Barómetro 2026

La cooperación global resiste la presión geopolítica y se reconfigura en alianzas más flexibles, según el Barómetro 2026

  • El Global Cooperation Barometer 2026 del World Economic Forum muestra estabilidad en la cooperación global, con avances en clima y tecnología y retrocesos en paz y seguridad.
Colaboración global

La cooperación internacional atraviesa uno de sus momentos más ambiguos en décadas. La presión geopolítica, la fragmentación de intereses y el desgaste de las instituciones multilaterales dibujan un escenario menos predecible que el de la globalización de principios de siglo. Sin embargo, los datos más recientes sugieren que la cooperación no está desapareciendo, sino adoptando formas distintas. Esa es la principal lectura que deja el Global Cooperation Barometer 2026, presentado en Ginebra por el World Economic Forum en colaboración con McKinsey & Company.

El informe, que analiza la evolución de la cooperación mundial a través de 41 indicadores entre 2012 y 2025, sitúa el nivel agregado prácticamente en el mismo punto que en los últimos años. No hay una retirada generalizada, pero tampoco un avance suficiente para afrontar los desafíos económicos, ambientales y de seguridad que se acumulan. Lo que sí cambia es la composición: menos multilateralismo clásico y más acuerdos selectivos, regionales o incluso híbridos, en los que gobiernos y empresas comparten protagonismo.

En un contexto marcado por conflictos abiertos, tensiones comerciales y una carrera tecnológica cada vez más politizada, el Barómetro apunta a un patrón recurrente. La cooperación avanza allí donde converge con intereses nacionales claros y se estanca, o retrocede, cuando esos incentivos se diluyen. Esa lógica atraviesa los cinco pilares que estructuran el análisis: comercio y capital; innovación y tecnología; clima y capital natural; salud y bienestar; y paz y seguridad.

El comercio y los flujos de capital ofrecen un primer ejemplo de esa transformación silenciosa. La cooperación se mantiene por encima de los niveles previos a 2019, aunque pierde impulso. El volumen de bienes sigue creciendo, pero a un ritmo inferior al de la economía global, mientras que los intercambios se reorientan hacia socios considerados más alineados. En paralelo, los servicios y ciertos flujos de capital muestran mayor dinamismo, sobre todo cuando refuerzan capacidades internas. El sistema multilateral de comercio afronta más barreras, pero surgen coaliciones más pequeñas, como la iniciativa Future of Investment and Trade, que permiten avanzar fuera de los grandes marcos tradicionales.

El pilar de innovación y tecnología es uno de los que más crece, pese a un entorno de controles más estrictos. Los servicios digitales y la movilidad del talento aumentan, y la capacidad de las redes internacionales se ha multiplicado por cuatro desde antes de la pandemia. Al mismo tiempo, se expanden las restricciones sobre tecnologías críticas y conocimiento estratégico, especialmente entre Estados Unidos y China, una dinámica que reconfigura cadenas de valor y alianzas. Aun así, el informe detecta un aumento de la cooperación en ámbitos como la inteligencia artificial o las infraestructuras 5G entre países con marcos regulatorios y objetivos geopolíticos similares.

La cooperación climática y en capital natural también muestra avances, aunque insuficientes frente a los compromisos globales. La financiación y las cadenas de suministro han impulsado el despliegue de tecnologías limpias, que alcanzaron niveles récord a mediados de 2025. China concentró cerca de dos tercios de las nuevas instalaciones de solar, eólica y vehículos eléctricos, pero otras economías en desarrollo han comenzado a ganar peso. Con negociaciones multilaterales más complejas, bloques regionales como la Unión Europea y la ASEAN integran la descarbonización con objetivos de seguridad energética, un enfoque más pragmático que ideológico.

En salud y bienestar, la estabilidad aparente esconde fragilidades crecientes. Los resultados sanitarios siguen mejorando tras el impacto del COVID-19, lo que sostiene los indicadores agregados. Sin embargo, el apoyo financiero internacional se ha erosionado. La ayuda al desarrollo en salud se contrajo con fuerza y volvió a estrecharse en 2025, afectando sobre todo a países de renta baja y media. El Barómetro sugiere que la resiliencia actual podría no ser sostenible si persiste la presión sobre los organismos multilaterales y las fuentes de financiación.

El mayor retroceso se concentra en el ámbito de la paz y la seguridad. Todos los indicadores analizados caen por debajo de los niveles anteriores a la pandemia. Los conflictos se intensifican, el gasto militar aumenta y los mecanismos multilaterales de resolución muestran una capacidad limitada para contener las crisis. A finales de 2024, el número de personas desplazadas por la fuerza alcanzó los 123 millones, un máximo histórico. Pese a ello, el informe apunta a una posible inflexión: el deterioro está generando incentivos para fórmulas de cooperación regional, incluidas misiones de mantenimiento de la paz fuera de los grandes marcos globales.

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Las declaraciones que acompañan al lanzamiento del Barómetro refuerzan esta lectura matizada. Børge Brende, presidente y consejero delegado del World Economic Forum, subraya que la cooperación “puede parecer distinta a la de ayer”, pero sigue siendo necesaria para crecer, innovar y gestionar la incertidumbre. Bob Sternfels, socio director global de McKinsey, coincide en que los líderes están “reimaginando” la colaboración transfronteriza, con socios diferentes y formatos menos convencionales, pero aún capaces de ofrecer resultados en prioridades compartidas.

Más allá de los datos concretos, el informe introduce una idea de fondo relevante para empresas y responsables tecnológicos. La cooperación ya no se articula solo a través de grandes acuerdos universales, sino mediante arquitecturas más flexibles: alianzas sectoriales, estándares compartidos, partenariados público-privados y acuerdos entre empresas que operan a escala global. Este cambio exige nuevas capacidades de gestión y gobernanza, así como una atención renovada al diálogo, entendido no como formalidad diplomática sino como herramienta operativa para identificar intereses comunes en entornos fragmentados.

El Global Cooperation Barometer, lanzado por primera vez en 2024, combina métricas de acción cooperativa, como flujos comerciales o intercambios de propiedad intelectual, con métricas de resultados, entre ellas emisiones o esperanza de vida. Al normalizar los datos respecto al PIB o la población, permite comparaciones a lo largo del tiempo y entre regiones. La edición de 2026 incorpora además proyecciones y datos parciales de 2025, junto con encuestas a ejecutivos y expertos vinculados a la red de Global Future Councils del Foro.

El retrato que emerge no es el de un mundo que abandona la cooperación, sino el de un sistema que se adapta bajo presión. Queda abierta la incógnita de si estas nuevas formas, más ágiles y selectivas, serán suficientes para responder a crisis que siguen teniendo una dimensión global. La respuesta, como sugiere el propio informe, dependerá menos de la arquitectura institucional heredada y más de la capacidad de reconstruir espacios de diálogo efectivo en un escenario de intereses divergentes.

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