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La Comisión Europea ha iniciado el proceso de revisión anticipada de su estrategia de semiconductores, conocida como Ley de Chips 2.0, en un contexto marcado por la intensificación de la rivalidad tecnológica entre Estados Unidos y China, la consolidación de un ecosistema alternativo en Asia y la irrupción de la inteligencia artificial como motor de demanda. La revisión, prevista inicialmente para 2026, se ha adelantado tras las presiones de varios Estados miembros, asociaciones industriales y eurodiputados, que reclaman una política más ambiciosa y coherente con los desafíos actuales.
La Ley de Chips original, aprobada en 2023, nació como respuesta a la crisis de suministros provocada por la pandemia. Su objetivo era reforzar la capacidad europea en investigación, atraer inversiones industriales y establecer mecanismos de respuesta ante disrupciones. Sin embargo, su implementación ha dejado resultados desiguales. Mientras que el impulso a la I+D ha avanzado, la atracción de proyectos industriales y la resiliencia de la cadena de suministro han mostrado limitaciones. El caso de Nexperia, intervenida por el gobierno neerlandés en 2025, expuso la fragilidad de una cadena aún dependiente de terceros países para fases críticas como el empaquetado.
El documento de trabajo Hacia la Ley de Chips 2.0 , elaborado por Emilio García García para la Fundación Alternativas, plantea que la nueva estrategia debe ir más allá de una mera revisión legislativa. Propone una reforma estructural que abarque desde la gobernanza y la financiación hasta la coordinación con otras políticas tecnológicas y económicas de la UE. Entre las recomendaciones figura la creación de un Consejo de Tecnologías Críticas, la revisión del Programa Estratégico de la Década Digital y la inclusión de objetivos concretos para los Estados miembros en materia de inversión y capacidades.
El contexto internacional añade presión. En Estados Unidos, la segunda administración Trump ha reorientado la política industrial hacia incentivos fiscales y aranceles, manteniendo al mismo tiempo las restricciones a la exportación de tecnología avanzada a China. La estrategia, más unilateral y menos condicionada que la de su predecesor, busca consolidar la hegemonía estadounidense en la inteligencia artificial. China, por su parte, ha intensificado su apuesta por la autosuficiencia. Desde 2022 ha destinado más de 47.000 millones de dólares adicionales a su industria de semiconductores, y empresas como Huawei y BYD han integrado verticalmente la producción de chips para sortear las restricciones.
Europa, en contraste, sigue sin alcanzar una masa crítica en la fabricación de chips avanzados. Proyectos como el de TSMC en Dresde o el fallido intento de Intel en Alemania ilustran las dificultades para atraer inversiones de alto valor añadido. Además, el mercado europeo muestra una demanda mayoritaria de chips maduros, por encima de los 28 nm, mientras que la estrategia inicial priorizaba los chips lógicos más sofisticados. Esta desconexión entre oferta y demanda ha limitado el impacto industrial de la Ley.
La irrupción de la inteligencia artificial ha alterado también el mapa de prioridades. La demanda de aceleradoras IA ha disparado el gasto de capital de las grandes tecnológicas, con un crecimiento del 75% interanual en el tercer trimestre de 2025. Nvidia, AMD y Broadcom concentran ya más del 40% del mercado global de semiconductores. Europa, sin embargo, representa menos del 6% de las ventas de Nvidia y apenas el 5% de la capacidad global de computación IA, lo que plantea dudas sobre su capacidad para competir en esta nueva fase tecnológica.
El documento de la Fundación Alternativas propone reforzar las capacidades europeas en segmentos donde aún conserva ventajas, como el diseño de chips analógicos, la maquinaria de fabricación o los semiconductores para automoción. También sugiere fomentar la consolidación industrial sin perder diversidad regional, ampliar los instrumentos de financiación pública y garantizar el suministro de aceleradoras IA mediante acuerdos internacionales y apoyo a empresas locales como Axelera u Openchip.
Otro eje clave es el capital humano. Se estima que el sector europeo de semiconductores enfrentará un déficit de más de 65.000 profesionales cualificados en 2030. La estrategia renovada debería incluir programas de formación adaptados a la era de la IA, con centros de competencia que coordinen microcredenciales y planes de upskilling a escala europea.
La Comisión Europea ha recibido 209 respuestas a la consulta pública previa a la reforma, con una mayoría procedente de la industria. La revisión de la Ley de Chips se ha incorporado al programa de trabajo de 2026, pero la presión para acelerar el proceso es creciente. Mientras tanto, Estados Unidos avanza con su estrategia de hegemonía tecnológica y China consolida su ecosistema alternativo. La ventana de oportunidad para Europa sigue abierta, aunque cada vez más estrecha.
Editor en La Ecuación Digital. Analista y divulgador tecnológico con más de 30 años de experiencia en el estudio del impacto de la tecnología en la empresa y la economía.
