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Sener desarrolla parte del satélite Sentinel-1D

Sener desarrolla parte del satélite Sentinel-1D

  • Sener ha desarrollado el sistema de despliegue del radar SAR del satélite Sentinel-1D, que será lanzado por la ESA el 4 de noviembre dentro del programa Copernicus.
ESA Copernicus Sentinels

El pasado 4 de noviembre de 2025, la Sentinel‑1D fue lanzada desde la Guayana Francesa como parte del programa Copernicus de observación terrestre impulsado por la Agencia Espacial Europea (ESA) y la Comisión Europea. En su interior viaja un mecanismo diseñado y fabricado por la empresa española Sener, responsable del sistema de despliegue y bloqueo del radar de apertura sintética (SAR), el instrumento principal del satélite.

Este radar, capaz de operar en cualquier condición meteorológica y durante las 24 horas del día, permite obtener imágenes de alta y media resolución de la superficie terrestre. Su utilidad se extiende desde la vigilancia del hielo marino en el Ártico hasta la detección de vertidos de petróleo, pasando por el control de la pesca ilegal o la monitorización de deformaciones del terreno. Según la ESA, Sentinel-1D reforzará la capacidad operativa del sistema tras la pérdida de contacto con Sentinel-1B en 2022, y complementará a Sentinel-1A, en órbita desde 2014.

Copernicus, gestionado conjuntamente por la Comisión Europea y la ESA, se ha consolidado como el mayor programa civil de observación de la Tierra. Ofrece datos gratuitos y abiertos a través de una constelación de satélites Sentinel y sensores in situ. Su objetivo es facilitar información útil para políticas medioambientales, seguridad marítima, agricultura o respuesta ante desastres naturales. En este contexto, Sentinel-1D contribuirá a mejorar la continuidad y calidad de los servicios, especialmente en zonas sensibles como el Ártico o regiones propensas a terremotos.

El desarrollo del satélite ha implicado a un consorcio de unas 60 empresas europeas, entre ellas Sener, que ha reforzado su papel como proveedor de sistemas electromecánicos de alta precisión. Fundada en 1956, la compañía española ha participado en más de 300 misiones espaciales, incluyendo proyectos para la NASA, la ESA y agencias nacionales. En el caso de Sentinel-1D, su contribución se centra en un mecanismo crítico: el sistema que despliega y bloquea el radar SAR una vez el satélite alcanza su órbita.

Este tipo de mecanismos deben funcionar con total fiabilidad tras soportar las vibraciones del lanzamiento y operar en condiciones extremas de temperatura y vacío. “El despliegue del radar es una operación única. Si falla, el satélite pierde su capacidad principal”, explican fuentes del sector. Por eso, el diseño incorpora redundancias y materiales avanzados que aseguran su funcionamiento tras años de almacenamiento y transporte.

La elección del cohete Ariane 6 para este lanzamiento añade otro elemento de interés. Será una de las primeras misiones operativas del nuevo lanzador europeo, llamado a sustituir al Ariane 5 y al Vega en el transporte de cargas institucionales y comerciales. Su uso en Sentinel-1D busca recuperar autonomía estratégica en el acceso al espacio, un objetivo prioritario para la UE tras las restricciones derivadas de la guerra en Ucrania y la pérdida de acceso a lanzadores rusos.

Aunque el programa Copernicus ha mantenido su calendario con cierta regularidad, la presión sobre su continuidad es creciente. La dependencia de datos satelitales para políticas climáticas, agrícolas o de seguridad marítima ha convertido a Sentinel en una infraestructura crítica. Sin embargo, la financiación de futuras misiones y la renovación de satélites envejecidos sigue siendo objeto de debate en Bruselas.

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En paralelo, la industria espacial europea busca reforzar su competitividad frente a actores como SpaceX o China. En este contexto, la participación de empresas como Sener en programas institucionales no solo garantiza carga de trabajo, sino que permite mantener capacidades tecnológicas que serían difíciles de sostener en un mercado puramente comercial.

Sentinel-1D, como sus predecesores, operará en una órbita polar a unos 700 kilómetros de altitud. Su radar de banda C permitirá revisitar cada punto del planeta cada pocos días, generando terabytes de datos que serán procesados y distribuidos a través del sistema Copernicus. Los usuarios finales incluyen desde agencias meteorológicas hasta ONGs humanitarias, pasando por empresas agrícolas o aseguradoras.

La misión, en definitiva, refuerza la capacidad europea para observar su entorno con medios propios, en un momento en que el acceso a datos geoespaciales se ha vuelto estratégico. La contribución de Sener, aunque centrada en un componente específico, ilustra cómo la industria española sigue integrándose en proyectos de alta complejidad tecnológica, con impacto directo en la autonomía operativa del continente.

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