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Las grandes tecnológicas aceleran el gasto en IA hasta niveles récord y reavivan las dudas del mercado

Las grandes tecnológicas aceleran el gasto en IA hasta niveles récord y reavivan las dudas del mercado

  • Alphabet, Amazon, Meta y Microsoft prevén invertir hasta 650.000 millones de dólares en IA, un salto histórico que inquieta a los inversores pese al crecimiento del cloud.
Las grandes tecnológicas aceleran el gasto en IA hasta niveles récord y reavivan las dudas del mercado

El volumen de capital que las grandes tecnológicas estadounidenses han decidido comprometer este año ha reabierto un debate que parecía dormido desde la última gran ola de inversión en infraestructuras digitales. Alphabet, Amazon, Meta y Microsoft prevén destinar de forma conjunta alrededor de 650.000 millones de dólares a gasto de capital en 2026, una cifra que no tiene precedentes en lo que va de siglo y que se concentra, casi sin excepción, en centros de datos, chips especializados y redes necesarias para sostener la carrera por la inteligencia artificial, según estimaciones recopiladas por Bloomberg.

La magnitud del desembolso resulta llamativa incluso para compañías acostumbradas a presupuestos expansivos. En varios casos, el gasto previsto para un solo ejercicio se aproxima o supera la suma de las inversiones realizadas en los tres años anteriores. Según estos datos, ninguna empresa individual había alcanzado un nivel similar de capex anual en la última década. El salto no es gradual, es abrupto, y se produce en un momento en el que los modelos de negocio asociados a la IA todavía están en fase de consolidación comercial.

El mercado ha reaccionado con nerviosismo. Tras la presentación de resultados trimestrales, las acciones de varias de estas compañías registraron caídas significativas, pese a que los ingresos y beneficios superaron en muchos casos las previsiones. El contraste ha sido especialmente visible en Amazon, Google y Microsoft, que han perdido de forma agregada cerca de 900.000 millones de dólares de capitalización desde la publicación de sus cuentas, según Financial Times. El detonante no fue una debilidad operativa inmediata, sino la percepción de que el ritmo de inversión está adelantándose a la visibilidad de retornos.

En cifras, el aumento es difícil de ignorar. El gasto combinado previsto para 2026 supone un incremento del 60 % respecto a los 410.000 millones de dólares invertidos en 2025 y casi triplica los niveles de 2024. Financial Times subraya que la cifra supera el PIB anual de economías como Israel o Singapur, una comparación que ha circulado con insistencia entre analistas e inversores para ilustrar la escala del esfuerzo. “El capex es sobrecogedor”, resumía Jim Tierney, gestor en AllianceBernstein, en declaraciones recogidas por el diario británico.

La paradoja es que este aumento coincide con un crecimiento sólido en las divisiones de computación en la nube, el principal canal de monetización de la IA a corto plazo. Amazon Web Services elevó sus ingresos un 24 % interanual; Azure, la plataforma de Microsoft, creció un 39 %, y Google Cloud destacó con un avance del 48 %, el más rápido entre los grandes proveedores, según Reuters. Sin embargo, el mercado ha empezado a penalizar cualquier señal de desaceleración marginal o de presión sobre los márgenes, interpretándola como un indicio de que el equilibrio entre inversión y retorno podría tardar más de lo esperado.

En el caso de Microsoft, el foco del mercado se desplazó rápidamente desde los resultados hacia la estructura del gasto. La compañía registró el mayor crecimiento de beneficio en dos años, pero sus acciones cayeron tras revelar un aumento del 66 % en el desembolso trimestral destinado a centros de datos. Por primera vez, además, detalló que el 45 % de su cartera de contratos futuros en la nube, valorada en 625.000 millones de dólares, procede de OpenAI, una concentración que algunos analistas consideran un factor de riesgo adicional. La dependencia de un solo cliente, aunque sea un referente en IA, introduce incertidumbre en un contexto ya cargado de expectativas.

Amazon, por su parte, ha elevado el listón hasta los 200.000 millones de dólares en inversión anual, 50.000 millones por encima de lo que anticipaba Wall Street. Andy Jassy, su consejero delegado, ha defendido que el desembolso es necesario para posicionar al grupo en IA, chips, robótica y satélites, y ha apuntado al crecimiento del 24 % de AWS como señal de tracción inicial. Aun así, el mercado castigó el anuncio con una caída superior al 10 % en el valor de la acción tras el cierre. The New York Times recoge que, durante la llamada con analistas, varias preguntas giraron en torno a si existía algún umbral que llevara a la empresa a moderar el ritmo, una cuestión que quedó sin una respuesta concreta.

Alphabet se mueve en una dinámica similar. La matriz de Google superó por primera vez los 400.000 millones de dólares en ingresos anuales y obtuvo 132.000 millones de beneficio en 2025. Pese a ello, su plan de duplicar el capex hasta 185.000 millones presionó a la baja la cotización. Parte del aumento está vinculado al despliegue de Gemini y a acuerdos estratégicos como el alcanzado con Apple para reforzar las capacidades de Siri, un movimiento que desplaza costes de infraestructura hacia Google y explica, en parte, la asimetría entre ambas compañías. Apple cerró el ejercicio con un capex cercano a los 12.000 millones de dólares, muy por debajo de sus pares, y fue la única gran tecnológica que salió indemne de la última ronda de resultados.

Meta ofrece un matiz distinto. La compañía prevé duplicar su gasto hasta los 135.000 millones de dólares, pero logró inicialmente una reacción positiva al mostrar cómo la IA está mejorando la eficacia publicitaria. Ese optimismo se diluyó después en un ajuste general del mercado, lo que refuerza la idea de que, más allá de los casos individuales, el sentimiento inversor se ha vuelto más exigente. Reuters cita a analistas de Morgan Stanley señalando que el mercado ya no es “indulgente” con grandes inversiones sin una señal clara de retorno sobre el capital empleado.

La volatilidad se ha extendido a todo el ecosistema. La confirmación de que el acuerdo de inversión e infraestructura de 100.000 millones de dólares entre OpenAI y Nvidia no se materializó como se esperaba añadió presión a valores ligados al hardware. Oracle, muy expuesta a OpenAI en su negocio de nube, cayó con fuerza pese a insistir en la capacidad de la startup para cumplir sus compromisos. CNBC estima que más de un billón de dólares de capitalización se evaporaron en una semana entre Microsoft, Nvidia, Amazon, Meta, Alphabet y Oracle.

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El trasfondo es una cuestión de tiempos. Los ejecutivos del sector sostienen que invertir de menos sería un error mayor que invertir de más, en un mercado que consideran fundacional. Los inversores, en cambio, empiezan a descontar que la materialización de ingresos significativos podría alargarse. “Un mayor capex sugiere que las estrategias de IA tardarán más en desplegar todo su potencial”, apuntaba Dec Mullarkey, de SLC Management, en Financial Times. Esa lectura choca con un entorno bursátil acostumbrado en los últimos años a recompensar promesas de crecimiento rápido.

También hay señales de ajuste operativo. El aumento del gasto coincide con recortes de plantilla y cierres de proyectos en áreas menos estratégicas, como ilustra Amazon con la clausura de tiendas físicas y despidos selectivos, mientras concentra recursos en centros de datos y capacidades de cómputo. La reasignación no es neutra desde el punto de vista social ni político, un elemento que empieza a entrar en el radar regulatorio, aunque todavía de forma tangencial.

En este escenario, el debate se ha desplazado desde la capacidad de la inteligencia artificial para generar valor hacia los plazos y la distribución de ese retorno. La escala de las inversiones indica que las grandes tecnológicas están dispuestas a asumir varios ejercicios de presión financiera con tal de asegurar una posición dominante.

El mercado, sin embargo, ha marcado un límite: el anuncio de gasto ya no sostiene por sí solo la narrativa. Las próximas presentaciones de resultados servirán para medir si los primeros indicios de retorno bastan para enfriar unos temores que, por ahora, vuelven a expresarse en términos de burbuja.

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