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El sector digital español cierra 2025 con un crecimiento récord y más de 28.000 nuevos empleos

El sector digital español cierra 2025 con un crecimiento récord y más de 28.000 nuevos empleos

  • El sector digital registra en 2025 su mejor cierre desde 2024, con un crecimiento del 12,4% en octubre y más de 28.000 nuevos empleos, según el TIC Monitor.
Industria servicios digitales

El sector de los servicios digitales ha terminado 2025 con una intensidad que no se había visto en los últimos trimestres. Octubre se ha convertido en el mes que condensa ese giro: un crecimiento interanual del 12,4% en la facturación, el mejor registro del año y el más elevado desde el verano de 2024. El dato no solo destaca por su magnitud, también por el momento en el que llega, tras un ejercicio marcado por avances más moderados y por un entorno económico que seguía planteando dudas a muchas ramas de actividad.

La fotografía que dibuja el último TIC Monitor, elaborado por la Fundación VASS junto al CEPREDE, sugiere algo más que un buen cierre puntual. Tras crecer un 7,1% interanual en agosto y un 6,7% en septiembre, el salto de octubre eleva el promedio del ejercicio hasta el 4,7%. No se trata de una cifra excepcional en términos históricos, pero sí relevante si se tiene en cuenta el patrón del año: una primera mitad contenida y una segunda que gana tracción de forma progresiva.

Ese cambio de ritmo introduce una primera pregunta clave. ¿Estamos ante un rebote coyuntural o ante el inicio de una fase más sólida de expansión para los servicios digitales? Los indicadores que acompañan a la facturación apuntan, al menos, a un escenario más equilibrado que en ejercicios anteriores, cuando el crecimiento se apoyaba casi exclusivamente en el aumento del volumen de proyectos y no tanto en la eficiencia interna.

Uno de los datos que mejor refleja esta diferencia es la productividad. En octubre, la facturación por empleado registró un avance interanual del 10,1% en media de doce meses. El contraste es notable si se compara con el 4,5% observado en septiembre o incluso con el 6,3% de un año antes. La mejora no es menor, porque introduce una variable clave en un sector intensivo en talento: la capacidad de generar más valor con estructuras de plantilla relativamente estables.

Este repunte de la productividad suele interpretarse como una señal de madurez operativa. No implica necesariamente menos contratación, pero sí sugiere un uso más eficiente de perfiles especializados, una mayor estandarización de procesos y, en algunos casos, una integración más profunda de tecnologías avanzadas en la cadena de valor. La inteligencia artificial, mencionada de forma recurrente por las propias compañías, aparece aquí más como palanca transversal que como producto aislado.

El mercado laboral, en cualquier caso, sigue creciendo. El empleo en el sector digital aumentó un 2,2% interanual en octubre, un ritmo claramente superior al del conjunto de los servicios, que avanzó un 1,3%. La diferencia no es nueva, pero se consolida en un momento en el que otros segmentos muestran señales de enfriamiento. En noviembre, la afiliación a la Seguridad Social alcanzó las 520.676 personas, lo que supone 29.129 más que hace un año y 28.135 nuevos cotizantes desde diciembre anterior.

Más allá de la cifra absoluta, el dato relevante es la continuidad. La creación de empleo no se ha detenido en los meses finales del año, algo que sí ocurrió en ejercicios anteriores marcados por ajustes o por una mayor prudencia empresarial. Esta estabilidad refuerza la idea de que el crecimiento observado no descansa únicamente en picos de demanda, sino en una base operativa que sigue ampliándose.

La relación entre productividad y empleo introduce, sin embargo, un matiz interesante. Tradicionalmente, aumentos rápidos de eficiencia generan el debate sobre si pueden frenar la contratación futura. En el caso del sector digital español, los datos sugieren lo contrario, al menos por ahora. La mejora en facturación por empleado parece estar facilitando, no sustituyendo, la creación de nuevos puestos, al permitir absorber costes laborales más elevados y competir en proyectos de mayor complejidad.

Este equilibrio no se explica solo por la demanda interna. Parte del impulso procede de la diversificación de clientes y de servicios, con mayor peso de proyectos de transformación digital avanzada, migraciones a la nube, analítica de datos y automatización inteligente. Son ámbitos que requieren perfiles más especializados y que tienden a generar contratos de mayor duración y valor añadido, reduciendo la volatilidad típica de otras fases del ciclo tecnológico.

También conviene situar estos resultados en un contexto macroeconómico menos favorable que en años de expansión acelerada. La inflación acumulada, la presión sobre los costes energéticos y la incertidumbre regulatoria en algunos mercados europeos no han desaparecido. Pese a ello, las empresas de servicios digitales han logrado mantener márgenes suficientes para seguir creciendo, lo que refuerza la lectura de un sector que gana resiliencia.

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Desde la perspectiva empresarial, el cierre de 2025 deja una sensación de normalización tras varios años de picos y ajustes. El crecimiento del 12,4% en octubre no es extrapolable de forma automática a todo 2026, pero sí marca un punto de referencia. Eleva las expectativas y, al mismo tiempo, obliga a gestionar con cautela la planificación de recursos humanos y de inversión tecnológica.

Antonio Rueda, director de la Fundación VASS y responsable del TIC Monitor, apunta precisamente a esa combinación de factores. A medida que se conocen los datos del último tramo del año, señala, aparecen “señales claras de fortaleza: actividad en máximos del año, empleo al alza y mejora de la productividad”. En su lectura, la apuesta por el talento y la adopción de nuevas tecnologías, con la inteligencia artificial como elemento destacado, están permitiendo a las compañías digitales ganar tracción en un contexto que sigue siendo exigente.

El matiz es importante. No se trata de un entorno expansivo sin fricciones, sino de un mercado que premia la capacidad de adaptación. Las empresas que han invertido en formación, en herramientas avanzadas y en reorganización interna parecen estar capturando mejor el crecimiento. Otras, más dependientes de modelos tradicionales de externalización o de proyectos de bajo margen, avanzan a menor velocidad.

De cara a 2026, la incógnita no es tanto si el sector seguirá creciendo, sino a qué ritmo y con qué distribución interna. El diferencial frente al conjunto de los servicios sugiere que los servicios digitales seguirán actuando como uno de los motores del empleo cualificado. Sin embargo, la sostenibilidad de ese liderazgo dependerá de factores externos, como la evolución de la inversión empresarial, y de factores internos, como la disponibilidad de talento en un mercado cada vez más competitivo.

El cierre de 2025 deja, en cualquier caso, una base más sólida que la de años anteriores. Facturación en máximos recientes, productividad al alza y empleo en crecimiento configuran un escenario menos dependiente de impulsos puntuales. La pregunta que queda abierta es si este nuevo equilibrio resistirá cuando el ciclo económico vuelva a tensarse o si, por el contrario, obligará al sector a redefinir de nuevo sus prioridades estratégicas.

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