La financiación europea en tecnologías de seguridad y defensa ha dado un paso más con la firma de un préstamo de 30 millones de euros entre el Banco Europeo de Inversiones (BEI) y Grupo Oesía. La operación, anunciada en Madrid, busca reforzar las capacidades tecnológicas de uso dual —civil y militar— en un contexto marcado por la creciente presión geopolítica y la necesidad de autonomía estratégica de la Unión Europea.
El acuerdo permitirá a Grupo Oesía, multinacional española con presencia en más de 40 países, acelerar sus actividades de investigación, desarrollo e innovación (I+D+i) en áreas como inteligencia artificial, ciberseguridad, sistemas no tripulados, defensa aérea o movilidad militar. La inversión se ejecutará íntegramente en España e incluirá tanto infraestructuras como equipamiento y procesos orientados a aumentar la capacidad productiva y reducir los ciclos de desarrollo.
Según datos del BEI, esta operación se enmarca en su hoja de ruta estratégica 2024-2027, que incorpora la seguridad y defensa como una prioridad transversal. Además, el préstamo cuenta con el respaldo del programa InvestEU y se alinea con los objetivos de TechEU, la iniciativa del Grupo BEI para movilizar hasta 250.000 millones de euros en innovación tecnológica en Europa.
La presidenta del Grupo BEI, Nadia Calviño, subrayó el papel de la innovación como pilar de la seguridad europea. “Desde el BEI, apoyamos a las empresas para que puedan desarrollar proyectos que contribuyen a la seguridad de todos los europeos”, afirmó. Una declaración que refleja el giro estratégico del banco, tradicionalmente centrado en infraestructuras y sostenibilidad, hacia sectores considerados sensibles pero cada vez más prioritarios.
El presidente ejecutivo de Grupo Oesía, Luis Furnells, destacó que el acuerdo “refuerza la confianza en nuestra competencia para impulsar la innovación tecnológica en Europa”. Entre las áreas que se beneficiarán de esta financiación, mencionó tecnologías como la fotónica integrada, comunicaciones ópticas, sistemas IRST, receptores satelitales multibanda y multiórbita, y simuladores de entrenamiento para pilotos.
Aunque el préstamo se presenta como un impulso a la innovación, también plantea cuestiones sobre el equilibrio entre desarrollo tecnológico y control estratégico. El BEI ha tenido que revisar recientemente su política de préstamos para ampliar los criterios de elegibilidad en proyectos de defensa, una decisión que no ha estado exenta de debate en el seno de la UE. Desde 2024, el Grupo ha creado una Oficina de Seguridad y Defensa para gestionar con mayor agilidad este tipo de iniciativas.
El movimiento no es aislado. En 2024, el Grupo BEI firmó cerca de 89.000 millones de euros en financiación para más de 900 proyectos, con un 60 % destinado a acción climática y sostenibilidad. Sin embargo, la inclusión de la defensa como línea estratégica refleja una evolución en las prioridades comunitarias, especialmente tras el inicio de la guerra en Ucrania y el deterioro de las relaciones internacionales.
En España, el BEI ha firmado 12.300 millones de euros en financiación durante 2024, con foco en la transición ecológica y digital. El caso de Grupo Oesía, sin embargo, introduce un matiz: se trata de una empresa especializada en ingeniería digital e industrial de uso dual, con cinco marcas que abarcan desde ciberseguridad (Cipherbit) hasta comunicaciones satelitales (Inster) y sistemas de guiado para drones (UAV Navigation).
Este tipo de compañías, con capacidad para operar en sectores civiles y militares, se están convirtiendo en piezas clave dentro de la estrategia industrial europea. Su versatilidad permite adaptarse a los requisitos de defensa sin perder competitividad en mercados comerciales, una característica que el BEI parece valorar especialmente en su nueva política de financiación.
El préstamo también apunta a reforzar la resiliencia de la cadena de suministro europea en sectores críticos. La dependencia de proveedores externos en tecnologías sensibles ha sido objeto de creciente preocupación en Bruselas, y operaciones como esta buscan reducir esa vulnerabilidad. No obstante, la ejecución efectiva de los fondos y la transferencia real de conocimiento e innovación al tejido industrial europeo seguirán siendo factores determinantes.
A medio plazo, la colaboración entre el BEI y empresas como Grupo Oesía podría marcar una tendencia en la financiación tecnológica europea: menos centrada en la disrupción por sí misma y más orientada a capacidades estratégicas. La pregunta, sin embargo, es si este enfoque logrará equilibrar las exigencias de seguridad con los principios de transparencia, control democrático y sostenibilidad que rigen la política industrial de la UE.
