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Gestión de identidades y navegación empresarial: claves de la privacidad de datos en 2026

Gestión de identidades y navegación empresarial: claves de la privacidad de datos en 2026

  • Las brechas de seguridad de 2025 fuerzan a las empresas en España a adoptar la gestión de identidades y navegadores corporativos para proteger la privacidad de datos.
Identidad digital - Ciberdelincuencia

El cierre del ejercicio 2025 ha dejado una lectura amarga para los responsables de sistemas y directivos en España. Con más de 22.000 incidentes de seguridad registrados, la vulnerabilidad de las organizaciones no solo persiste, sino que ha mutado hacia formas más complejas de intrusión. El dato es difícil de ignorar: el ransomware estuvo presente en casi el 44% de las brechas, consolidándose como una amenaza estructural que ya no entiende de sectores ni de tamaños corporativos.

Sin embargo, tras la sofisticación del código malicioso suele esconderse una realidad mucho más prosaica. El factor humano, que incluye desde identidades comprometidas hasta errores involuntarios, sigue siendo la llave maestra en el 60% de los incidentes. Esta fragilidad en el eslabón personal plantea una pregunta que dominará la estrategia tecnológica de 2026: ¿es posible proteger la privacidad de los datos cuando el perímetro de seguridad ha dejado de ser la red para convertirse en la propia identidad del trabajador?

La presión no es solo operativa, sino también regulatoria. Según datos de la Agencia Española de Protección de Datos (AEPD), durante el año pasado se notificaron más de 2.700 brechas de datos personales en España. Resulta significativo que el 80% de estas alertas procedieran del sector privado, lo que evidencia que las empresas están bajo un microscopio constante tanto de los atacantes como de los reguladores. En este escenario, la gestión de identidades, los protocolos de autenticación y la irrupción de navegadores diseñados específicamente para el entorno corporativo se perfilan como los pilares sobre los que se intentará reconstruir la confianza digital en 2026.

La paradoja de la IA: adopción masiva sin red de seguridad

El despliegue de la inteligencia artificial en los flujos de trabajo españoles presenta una contradicción técnica notable. Aunque la mayoría de las organizaciones ya han integrado herramientas de IA para ganar eficiencia, la infraestructura de protección no ha crecido al mismo ritmo. Un estudio de Zoho, elaborado junto a Arion Research, revela que el 86% de las empresas en España carece de un plan de respuesta ante fallos en el uso de la IA. Más preocupante resulta que apenas el 20% dedique un presupuesto específico a salvaguardar la privacidad vinculada a estas tecnologías.

Esta descompensación genera una superficie de ataque inédita. Un asistente de IA con acceso a datos sensibles puede convertirse en un vector de filtración masiva si la identidad del usuario que lo maneja es suplantada. No se trata solo de que un tercero acceda al correo electrónico; se trata de que ese tercero puede dar instrucciones a sistemas automatizados que gestionan bases de datos o procesos financieros. Ante este riesgo, el mercado parece reaccionar por la vía de la inversión: las previsiones de PwC apuntan a que el 78% de las empresas aumentará su gasto en ciberseguridad este año. No obstante, el desafío para los directivos no reside únicamente en la cuantía del cheque, sino en abandonar la compra de soluciones aisladas que no dialogan entre sí.

Del caos de herramientas al ecosistema integrado

Históricamente, los departamentos de IT han operado acumulando capas de software de distintos proveedores para cubrir diferentes huecos de seguridad. Este modelo de silos, sin embargo, genera fricciones y puntos ciegos. La tendencia para 2026 marca un giro hacia la unificación. Las empresas están empezando a exigir plataformas que aglutinen la gestión de identidades, el control de accesos y la protección de datos en un único panel de control.

La identidad digital se ha convertido en la fuente de verdad absoluta. En entornos de trabajo híbridos, el dispositivo desde el que se conecta el empleado es secundario frente a «quién» dice ser ese empleado. La respuesta tecnológica está pasando por la adopción de métodos resistentes al phishing, como las passkeys y la autenticación multifactorial adaptativa. Herramientas de gestión como Zoho Vault buscan precisamente centralizar esta capa de control, permitiendo que la autorización sea dinámica y se ajuste al nivel de riesgo de cada conexión. El objetivo es que la seguridad sea invisible para el usuario pero infranqueable para el atacante.

El navegador corporativo como último bastión

Quizás el cambio más disruptivo en la arquitectura de seguridad de este año sea el desplazamiento del foco hacia el navegador. Dado que la inmensa mayoría de las aplicaciones profesionales son ahora SaaS (Software as a Service), el navegador es, de facto, el sistema operativo de la empresa moderna. Sin embargo, utilizar navegadores de consumo para tareas corporativas supone una debilidad estructural; estos no permiten aplicar políticas estrictas de descarga, copiado o monitorización de sesiones.

En este contexto, el auge de los navegadores empresariales busca cerrar esa brecha. Soluciones como Ulaa Enterprise están diseñadas para que la empresa pueda gestionar el entorno de navegación de forma centralizada. No se trata solo de bloquear sitios web maliciosos, sino de integrar controles de protección de datos directamente en la interfaz donde el empleado pasa el 90% de su jornada. Al tratar el navegador como una herramienta de trabajo específica y no como un software genérico, las organizaciones consiguen una visibilidad que antes era imposible de obtener sin invadir la privacidad personal del trabajador en sus dispositivos propios.

Sridhar Iyengar, director general de Zoho en Europa, señala que nos encontramos en un punto de inflexión. Según el directivo, la adopción de modelos de amenazas impulsados por IA por parte de los atacantes obliga a que las soluciones tradicionales dejen paso a enfoques integrados. Para Iyengar, la combinación de una identidad sólida, autenticación sin contraseñas y navegadores seguros será la base para operar con confianza en los próximos años. La simplicidad operativa, lejos de ser un lujo decorativo, se convierte así en un requisito de seguridad: cuanto menos compleja sea la gestión de las herramientas, menor será la probabilidad de que un error humano abra la puerta a un desastre financiero o reputacional.

El horizonte de la incertidumbre operativa

A pesar de estos avances técnicos, el éxito de la estrategia de privacidad en 2026 dependerá de la capacidad de las empresas para gestionar la fatiga del empleado. La seguridad que impone demasiadas barreras suele incentivar la búsqueda de caminos alternativos o «shadow IT», donde el profesional utiliza sus propias herramientas para evitar procesos burocráticos lentos. Por tanto, el reto no es solo tecnológico, sino de diseño de experiencia.

Queda por ver si la inversión prevista se traducirá realmente en una reducción de los incidentes o si, por el contrario, la capacidad de los atacantes para utilizar la IA generativa en campañas de ingeniería social neutralizará estas nuevas defensas. La incógnita que queda en el aire para los próximos meses es cómo evolucionará la responsabilidad legal de los directivos ante brechas que, aun contando con la tecnología adecuada, sigan teniendo su origen en un factor humano que se resiste a ser totalmente predecible.

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