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MasOrange activa el primer 5G en el Metro de Madrid y abre una nueva etapa de conectividad subterránea

MasOrange activa el primer 5G en el Metro de Madrid y abre una nueva etapa de conectividad subterránea

  • MasOrange activa el primer 5G en el Metro de Madrid y abre una nueva etapa de conectividad subterránea
5G Metro de Madrid

La conectividad móvil en el Metro de Madrid ha sido durante años una promesa intermitente. Cobertura irregular, caídas de señal y velocidades limitadas han formado parte de la experiencia cotidiana de millones de viajeros. Desde esta semana, ese escenario empieza a modificarse con la llegada del 5G. MasOrange se ha convertido en el primer operador en activar esta tecnología en la red metropolitana madrileña, comenzando por una de las estaciones más transitadas y simbólicas del sistema: Sol.

La activación no es menor ni puramente simbólica. Sol funciona como nodo crítico de intercambio, tanto por volumen de pasajeros como por complejidad técnica. Que el 5G esté operativo en este punto plantea una pregunta relevante para el conjunto del sector: hasta qué punto la conectividad de alta capacidad en infraestructuras subterráneas deja de ser un complemento para convertirse en parte estructural del servicio de transporte urbano.

El despliegue continuará en las próximas semanas en estaciones como Nuevos Ministerios, Moncloa, Plaza Castilla y Plaza España, todas ellas puntos de alta densidad de viajeros y con un uso intensivo del móvil durante los desplazamientos. Según la planificación comunicada, la cobertura 5G de MasOrange alcanzará la totalidad de la red de Metro de Madrid durante el segundo trimestre de 2026. El calendario, aunque ambicioso, sitúa el proyecto más cerca de una ejecución industrial que de una prueba piloto.

Desde el punto de vista del mercado, el movimiento tiene una lectura clara. MasOrange, que agrupa marcas como Orange, Yoigo, Pepephone, MASMOVIL, Jazztel y simyo, extiende una ventaja competitiva en un entorno donde la experiencia de red empieza a ser tan determinante como el precio. La cobertura 5G en el suburbano no impacta solo en la velocidad de navegación; afecta a la percepción de continuidad del servicio, uno de los factores que más penalizan a los operadores en estudios de satisfacción.

Sin embargo, el despliegue no responde únicamente a una estrategia comercial individual. El proyecto se apoya en un modelo de infraestructura compartida gestionado por Metrocall, operador neutro participado mayoritariamente por Cellnex y por el propio Metro de Madrid. Este esquema, cada vez más frecuente en grandes ciudades europeas, separa la gestión física de la red de la provisión de servicios, reduciendo duplicidades y limitando el impacto de las obras en un entorno especialmente sensible.

La arquitectura técnica tiene implicaciones relevantes. La señal se distribuye a través de una infraestructura común que cubre andenes y áreas de estación, mientras que cada operador integra y optimiza su propio equipamiento activo. En el caso del 5G, esto permite ajustar parámetros de capacidad, latencia y gestión del tráfico a las necesidades específicas de sus clientes, sin necesidad de replicar sistemas completos en cada estación. El resultado es un despliegue más eficiente desde el punto de vista energético y operativo, aunque también más dependiente de la coordinación entre actores.

El Metro de Madrid no es un entorno sencillo para la tecnología móvil. La combinación de túneles profundos, estructuras históricas y picos extremos de afluencia convierte cada estación en un pequeño laboratorio de ingeniería. La introducción del 5G añade una capa adicional de complejidad, pero también abre la puerta a usos que hasta ahora eran inviables o poco fiables. Vídeo en alta definición, videollamadas estables o aplicaciones en la nube dejan de estar condicionadas por la llegada a la superficie.

Desde una perspectiva más amplia, la iniciativa se alinea con la evolución del propio transporte urbano. El metro ya no es solo un medio de desplazamiento, sino un espacio de consumo digital. Trabajo en movilidad, entretenimiento bajo demanda y servicios contextuales dependen de una conectividad continua. Aunque el usuario final percibe el cambio en términos de “más velocidad”, el verdadero salto está en la previsibilidad de la experiencia, incluso en horas punta.

MasOrange subraya precisamente ese punto al hablar de capacidad y latencia. El 5G permite gestionar de forma más eficiente escenarios de alta concentración de usuarios, algo habitual en intercambiadores como Nuevos Ministerios o Moncloa. No se trata solo de picos de tráfico, sino de patrones de uso simultáneo que ponen a prueba las redes tradicionales. En contraste con tecnologías anteriores, el 5G ofrece mayor margen para priorizar servicios y mantener estabilidad, aunque su rendimiento real dependerá del grado de madurez del despliegue.

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El papel del operador neutro introduce, además, una dimensión estratégica para el conjunto del sector. Al centralizar la infraestructura, se acelera la llegada de nuevas tecnologías al conjunto de la red, pero también se homogeneiza el punto de partida para los operadores. La diferenciación se traslada entonces a la gestión del servicio, la optimización del espectro y la integración con el resto de la red urbana. En este sentido, ser el primero en activar el 5G tiene un valor temporal, pero no garantiza una ventaja sostenida si el resto de operadores replica el servicio en plazos similares.

Queda también abierta la cuestión del impacto a medio plazo. El 5G en el metro puede convertirse en habilitador de nuevos servicios para la propia explotación ferroviaria, desde sistemas avanzados de monitorización hasta aplicaciones de información en tiempo real para el viajero. Aunque este despliegue se centra en el servicio al cliente final, la misma infraestructura podría servir de base para proyectos más amplios de digitalización del transporte público.

Desde el punto de vista regulatorio y urbano, el modelo madrileño refuerza la tendencia hacia infraestructuras compartidas en espacios públicos de alta densidad. La reducción de consumo energético, uno de los argumentos asociados al 5G, adquiere aquí un peso específico, al limitar el número de equipos y simplificar el mantenimiento. No obstante, el equilibrio entre eficiencia, competencia y control público seguirá siendo objeto de debate a medida que estas redes se conviertan en elementos críticos de la ciudad.

Tras la activación de Sol, el despliegue continuará de forma progresiva en otras estaciones clave. El calendario apunta a una cobertura completa en algo más de un año, un horizonte que permitirá evaluar no solo la calidad técnica del servicio, sino su adopción real por parte de los usuarios. La incógnita ya no es si el 5G puede funcionar bajo tierra, sino qué papel acabará jugando en la experiencia cotidiana de una red que mueve a más de dos millones de personas al día.

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