La escena no fue la de un lanzamiento puntual ni la de un catálogo de productos encadenados. En su evento The First Look durante el CES 2026, Samsung Electronics optó por una formulación más amplia: “Your Companion to AI Living”. La pregunta implícita no era qué dispositivo nuevo llegaría al mercado, sino hasta qué punto la inteligencia artificial puede convertirse en una capa permanente de la vida cotidiana sin fragmentarse en experiencias inconexas.
El mensaje lo marcó TM Roh, CEO de la división Device eXperience, al situar la IA como un principio estructural que atraviesa I+D, operaciones y experiencia de usuario. No se trató de presentar la IA como función añadida, sino como un sistema nervioso común para móviles, televisores, electrodomésticos y servicios. Un planteamiento coherente con la posición de Samsung como uno de los pocos fabricantes con control simultáneo sobre hardware, software y fabricación a escala global.
Ese planteamiento llega además en un momento concreto. Según datos publicados por Reuters, Samsung prevé duplicar en 2026 el número de dispositivos móviles con funciones Galaxy AI hasta alcanzar los 800 millones de unidades, impulsadas en gran parte por modelos de Google Gemini y por su propio asistente Bixby. La ambición declarada es aplicar IA “a todos los productos, funciones y servicios”, una promesa que, aunque recurrente en la industria, aquí se apoya en volumen y capilaridad.
Pantallas como centro emocional del hogar
El bloque de visualización concentró buena parte del protagonismo. Samsung presentó una gama completa de televisores con IA integrada, encabezada por un modelo de 130 pulgadas Micro RGB que busca redefinir el estándar de calidad de imagen mediante control independiente de diodos rojo, verde y azul. Más allá de la ingeniería, el mensaje era simbólico: el televisor vuelve a ser el núcleo desde el que se articulan ocio, información y servicios.
Sobre ese hardware se apoya Vision AI Companion, un sistema que propone acompañar al usuario más allá del visionado. Recomendar contenidos, ajustar sonido por capas, sugerir recetas o música según contexto y trasladar esas decisiones a otros dispositivos del hogar. El concepto de “compañero” sustituye al de interfaz, aunque introduce una tensión conocida: cuánta automatización resulta útil y en qué punto se percibe como intrusiva.
Samsung reforzó esta narrativa con funciones específicas como AI Soccer Mode Pro o AI Sound Controller Pro, orientadas a personalizar experiencias muy concretas. El enfoque contrasta con la estrategia de plataformas puramente de software, al apoyarse en sensores, paneles y procesamiento local. También refuerza la apuesta por Tizen OS, que promete siete años de actualizaciones, una cifra poco habitual en el sector del televisor.
El hogar conectado como sistema operativo doméstico
Si el televisor actúa como centro emocional, la cocina y la lavandería se presentan como el terreno donde la IA debe demostrar utilidad tangible. La división de electrodomésticos puso cifras sobre la mesa: SmartThings supera ya los 430 millones de usuarios. Esa escala permite alimentar modelos de uso y anticipación que van más allá del control remoto.
El frigorífico Family Hub, ahora con AI Vision basada en Google Gemini, ejemplifica este giro. Reconocer alimentos, sugerir recetas, generar informes semanales de consumo o enviar instrucciones a otros electrodomésticos busca reducir fricción diaria. Aunque Samsung subraya la mejora en precisión, también reconoce límites técnicos y la necesidad de supervisión humana, un matiz relevante en un discurso habitualmente dominado por promesas de autonomía total.
Otros dispositivos, como la Bespoke AI Laundry Combo o el AirDresser con eliminación automática de arrugas, apuntan a resolver tareas específicas más que a deslumbrar con capacidades abstractas. Incluso el robot aspirador Jet Bot Steam Ultra incorpora funciones de monitorización del hogar, abriendo un debate adicional sobre seguridad y privacidad en entornos domésticos.
Datos, seguros y una nueva capa económica
Uno de los anuncios más singulares fue la ampliación de la colaboración con Hartford Steam Boiler para vincular dispositivos conectados con reducciones en primas de seguros del hogar. Tras un piloto en Estados Unidos, el acuerdo se extiende a más regiones. La propuesta introduce una dimensión económica directa: la IA no solo ahorra tiempo, también dinero, a cambio de compartir datos operativos con terceros.
Este modelo plantea oportunidades, pero también preguntas regulatorias, especialmente en mercados como el europeo, donde la protección de datos y la transparencia algorítmica tienen un peso creciente. Samsung evitó profundizar en estos aspectos, aunque subrayó el papel de Knox y Knox Matrix como base de seguridad.
De la reacción a la prevención en salud digital
El tercer eje fue el de la salud, un terreno donde Samsung lleva años invirtiendo sin convertirlo aún en una línea de negocio dominante. La propuesta presentada apunta a un ecosistema preventivo: wearables, móviles y electrodomésticos cruzando datos para anticipar riesgos, ofrecer coaching personalizado o detectar patrones asociados a enfermedades crónicas y deterioro cognitivo.
La integración con plataformas como Xealth permitiría compartir métricas con profesionales sanitarios, aunque el alcance real dependerá de acuerdos locales y marcos regulatorios. La investigación en detección temprana de demencia, basada en cambios sutiles de movilidad o lenguaje, abre un campo sensible donde la precisión y la ética serán determinantes.
Competencia, mercado y límites industriales
El despliegue de “AI Living” no se produce en el vacío. Samsung busca reforzar su posición frente a Apple, especialmente en servicios de IA integrados, y frente a fabricantes chinos que avanzan rápidamente en hardware y precio. En móviles, la compañía quiere recuperar cuota en un mercado presionado por la subida de costes derivada de la escasez de chips de memoria, un factor que el propio Roh reconoce como “inevitable”.
Además, el mercado global de smartphones muestra signos de contracción, según firmas como Counterpoint o IDC, mientras segmentos como los plegables crecen más lento de lo previsto. En ese contexto, la IA aparece como palanca de diferenciación, pero también como elemento que encarece productos y complejiza la cadena de suministro.
Una estrategia cohesionada, con incógnitas abiertas
Samsung presentó en CES 2026 una visión cohesionada, apoyada en escala industrial y control del ecosistema. A diferencia de otros actores, no depende de un único dispositivo estrella ni de un modelo de suscripción centralizado. Sin embargo, el reto será convertir esa omnipresencia de la IA en valor percibido sostenido, sin saturar al usuario ni tensionar la confianza en el uso de datos.
La promesa de un “compañero” digital permanente suena convincente en el escenario de Las Vegas. La prueba llegará cuando ese acompañamiento tenga que convivir con hábitos reales, regulaciones exigentes y una competencia que avanza rápido. La IA ya está en los dispositivos. La cuestión es quién logrará que pase desapercibida cuando funciona bien.
