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La escasez de personal impulsa el uso de robots humanoides en restaurantes y hoteles

La escasez de personal impulsa el uso de robots humanoides en restaurantes y hoteles

  • Los robots humanoides empiezan a desplegarse en hostelería y servicios como apoyo operativo ante la falta estructural de personal y la presión sobre costes laborales.
Robots humanoides

La dificultad para cubrir turnos ya no es un fenómeno coyuntural en la hostelería, el turismo o los servicios presenciales. En muchos establecimientos, la falta de personal convive con una demanda estable o incluso creciente, creando una paradoja operativa: locales llenos que no pueden funcionar a pleno rendimiento. El aumento sostenido de los costes laborales y la rotación constante han convertido la gestión de plantillas en uno de los principales cuellos de botella del sector.

Aunque la atención suele centrarse en el proceso de contratación, el problema es más amplio. La prestación de servicios depende de múltiples variables difíciles de controlar: quién está de turno, cuántos clientes coinciden en un mismo momento, cuántas tareas menores se acumulan de forma simultánea. En horas punta, noches o fines de semana, cualquier desajuste se amplifica. Retrasos, errores y una experiencia irregular para el cliente acaban afectando a la fidelidad, un activo crítico en sectores de márgenes ajustados.

Durante años, la automatización prometió aliviar esta presión. Sin embargo, la mayoría de soluciones robóticas desplegadas en servicios han demostrado un alcance limitado. Robots diseñados para una sola tarea, entornos muy controlados o recorridos fijos funcionan en demostraciones, pero pierden eficacia en espacios vivos, con personas moviéndose de forma imprevisible y con tareas que se solapan. El trabajo de cara al público exige algo más que repetición mecánica: requiere percepción del entorno, coordinación básica y una mínima capacidad de interacción.

En ese contexto ha empezado a ganar tracción una idea que hasta hace poco parecía lejana: el uso de robots humanoides como capa operativa de apoyo en entornos comerciales reales. No como sustitutos del personal, sino como refuerzo en tareas repetitivas y de bajo valor añadido que consumen tiempo y energía humana.

Del robot especializado al asistente generalista

El interés por los robots humanoides en servicios responde, en parte, a las limitaciones de la automatización tradicional. Un brazo robótico funciona bien en una fábrica porque el entorno está diseñado para él. Un robot de limpieza autónomo se mueve con soltura porque el espacio es predecible. En cambio, un restaurante o un hotel son escenarios cambiantes: mesas que se desplazan, clientes que se levantan sin avisar, picos de actividad difíciles de anticipar.

Los robots humanoides intentan abordar ese desorden inherente replicando, al menos de forma básica, la manera en que los humanos se mueven e interactúan en esos espacios. Su forma no es solo estética; responde a la necesidad de operar en infraestructuras pensadas para personas, sin obligar a rediseñar locales ni instalar sistemas complejos.

Algunos proyectos industriales han comenzado a explorar este enfoque con mayor pragmatismo. En lugar de centrarse en capacidades avanzadas aún inmaduras, priorizan la estabilidad, la autonomía durante largas jornadas y la ejecución fiable de tareas sencillas. El objetivo no es impresionar, sino encajar en la rutina diaria de un negocio.

Restaurantes y hoteles como laboratorios reales

La hostelería se ha convertido en uno de los primeros campos de prueba. En un restaurante, unos minutos de retraso durante el servicio pueden desorganizar toda la sala. Robots humanoides se están utilizando para guiar a clientes, transportar objetos ligeros, apoyar el servicio en mesa o responder a interacciones simples y repetitivas. Al asumir estas funciones, reducen la congestión en momentos críticos y permiten que el personal se concentre en la atención directa y la cocina.

En hoteles, el problema adopta otra forma. Las micro-peticiones se suceden durante todo el día: indicaciones, entregas puntuales, apoyo en horas de baja dotación. Mantener personal suficiente las 24 horas resulta costoso, especialmente fuera de temporada alta. En este entorno, los robots pueden actuar como presencia constante en recepción, apoyar tareas de conserjería básica o realizar desplazamientos internos, aportando continuidad al servicio sin incrementar la plantilla.

No se trata de una automatización total. La interacción sigue siendo limitada y supervisada. Sin embargo, la regularidad en el desempeño y la capacidad de cubrir franjas horarias complejas explican el interés creciente de los operadores.

Más allá de la atención al cliente

El uso de robots humanoides no se limita a la experiencia del huésped o comensal. En seguridad y mantenimiento, su movilidad aporta ventajas frente a sistemas fijos. Pueden realizar rondas, supervisar espacios amplios y enviar alertas cuando detectan incidencias, sin requerir instalaciones permanentes. Para grandes instalaciones, almacenes o complejos industriales, esto añade una capa de vigilancia continua sin aumentar la carga de personal.

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En el ámbito doméstico, todavía incipiente, el discurso es más prudente. La asistencia en el hogar plantea retos técnicos, regulatorios y sociales mayores. Aun así, algunos desarrollos apuntan a funciones básicas de apoyo, monitorización o integración con sistemas inteligentes. Más que una realidad inmediata, se perfila como un campo de experimentación a medio plazo.

Un enfoque centrado en el despliegue

Empresas como StarBot Robotics ejemplifican esta orientación práctica. Vinculada a entornos académicos de California, su trabajo se ha centrado en construir sistemas completos que integren percepción, movimiento e interacción, con el foco puesto en su funcionamiento en espacios comerciales reales. La prioridad no es el laboratorio ni la exhibición tecnológica, sino la operación diaria en condiciones de presión.

Este énfasis en el despliegue condiciona las decisiones de diseño: robots capaces de operar durante largas horas, de adaptarse a espacios existentes y de convivir con trabajadores humanos. El planteamiento refleja una tendencia más amplia dentro de la robótica de servicios, donde la viabilidad económica y la fiabilidad pesan tanto como la innovación técnica.

Lo que aún condiciona el despliegue de robots humanoides en servicios

Pese al avance, la adopción de robots humanoides en servicios plantea incógnitas relevantes. El coste total de propiedad, el mantenimiento, la aceptación por parte de clientes y empleados, o el marco regulatorio siguen siendo factores determinantes. También está por ver hasta qué punto estas soluciones pueden escalar más allá de casos concretos y convertirse en un estándar operativo.

Lo que parece claro es que la presión estructural sobre el empleo en servicios no desaparecerá a corto plazo. En ese escenario, los robots humanoides emergen no como una promesa futurista, sino como una respuesta parcial y todavía imperfecta a un problema muy presente. Su evolución dependerá menos de los titulares espectaculares y más de su capacidad para integrarse, sin fricciones, en la complejidad cotidiana del trabajo humano.

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