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La tercera edición del Barómetro de confianza VivaTech 2026 confirma un nivel elevado de respaldo empresarial a las tecnologías emergentes, con una puntuación media de confianza de 89 sobre 100. El dato mejora los registros del año anterior y refuerza una tendencia ya visible desde 2024. Sin embargo, ese impulso convive con decisiones que reflejan cautela estratégica, dependencia externa y prácticas que amplían la superficie de riesgo, especialmente en torno al uso de la inteligencia artificial y la gestión de datos corporativos.
El estudio, elaborado por OpinionWay a partir de entrevistas a 1.524 directivos en siete países de Europa y Norteamérica, sitúa a la IA y la ciberseguridad como los ejes centrales de inversión tecnológica a corto plazo. El 87% prevé aumentar el gasto en inteligencia artificial durante los próximos doce meses y el 77% hará lo propio en ciberseguridad. La fotografía es la de un mercado decidido a avanzar, aunque no siempre con los mismos criterios ni con el mismo margen de control.
VivaTech y la soberanía tecnológica como factor estructural
A la hora de adoptar nuevas soluciones, el 92% de los ejecutivos afirma que preferiría un socio tecnológico de su misma nacionalidad, y casi la mitad considera este criterio determinante. El dato, homogéneo en su magnitud, se interpreta de forma distinta según el contexto geográfico. En Estados Unidos y Reino Unido, donde esta preferencia alcanza el 57%, el origen del proveedor se asocia principalmente a capacidad de innovación y productividad. En la Europa continental, en cambio, tiende a percibirse como un atributo adicional más que como una condición imprescindible.
Esta diferencia de enfoque aparece vinculada a la percepción de soberanía. El 63% de los encuestados declara preocupación por la posible pérdida de control tecnológico asociada al progreso digital. En palabras de François Bitouzet, el barómetro refleja dos lecturas simultáneas de la soberanía: una orientada a la eficacia económica y otra más centrada en la seguridad y la protección de activos críticos. Ambas conviven en un entorno donde las alternativas reales no siempre están disponibles a escala comparable.
Confianza por bloques y criterios defensivos
El origen geográfico de las soluciones influye directamente en el nivel de confianza para el 86% de los directivos. Más allá de las fronteras nacionales, la confianza se organiza en grandes áreas. En Norteamérica, los ejecutivos muestran mayor respaldo al conjunto regional (62%) que a su propio país de forma aislada (51%). En Europa continental, el 43% prioriza soluciones del propio continente, mientras que el Reino Unido combina una elevada confianza interna (56%) con una valoración también significativa de Europa (53%).
Los motivos que sustentan esta confianza refuerzan una lectura conservadora del avance tecnológico. La seguridad lidera las razones citadas (57%), por delante de la capacidad de innovación (50%) y del impacto directo en el rendimiento empresarial (49%). El orden no es casual: incluso en un contexto de fuerte adopción, la protección de sistemas y datos sigue marcando el marco de decisión.
Inteligencia artificial: confianza generalizada y uso poco estructurado
La IA se ha integrado de forma transversal en la toma de decisiones empresariales. El 89% de los directivos declara confiar en ella como apoyo a las decisiones estratégicas, y el 83% considera que las inversiones en este ámbito evolucionarán de manera sostenible y controlada. El temor a una burbuja especulativa se mantiene limitado al 17%, aunque en Francia asciende al 30%, reflejando una mayor cautela.
El contraste aparece en las prácticas internas. Un 39% de los ejecutivos reconoce haber compartido información de su empresa con herramientas de IA en las que no confiaba plenamente. El dato apunta a un uso extendido que no siempre va acompañado de marcos claros de gobernanza, formación o control. Bitouzet lo describe como un fenómeno aún poco ordenado dentro de las organizaciones, donde el despliegue de la IA avanza más rápido que las políticas de cumplimiento y concienciación, con implicaciones directas en materia de confidencialidad y ciberseguridad.
Inversión tecnológica: la seguridad gana peso estructural
La ciberseguridad encabeza las inversiones ya realizadas, con un 82% de los ejecutivos que afirma haber destinado recursos a este ámbito en los últimos doce meses. Le siguen la inteligencia artificial (76%), el 5G (73%), la computación en la nube (72%) y el Internet de las Cosas (54%). El patrón sugiere que la seguridad ha dejado de ser un complemento para convertirse en una condición previa al despliegue tecnológico.
Las previsiones refuerzan esta tendencia. Además del aumento previsto en IA y ciberseguridad, los directivos señalan la automatización robótica de procesos (80%) y la computación cuántica (76%) como áreas que acompañarán las ambiciones ligadas a la inteligencia artificial, especialmente en términos de eficiencia y capacidad de procesamiento.
España entra en el barómetro con avances y reservas
La edición de 2026 incorpora por primera vez un análisis específico de España, con un balance marcado por avances en percepción de competitividad y reservas persistentes respecto a los proveedores locales. El 81% de los directivos españoles considera que las empresas nacionales son competitivas a nivel internacional en tecnología, once puntos más que en 2025. En inversión, España se sitúa en la media internacional en inteligencia artificial e Internet de las Cosas y supera la media en cloud computing.
La confianza en las soluciones nacionales, sin embargo, se mantiene por detrás de otras regiones. Solo el 40% declara confiar en tecnologías españolas, frente al 59% que confía en soluciones europeas y el 48% en estadounidenses. Dos tercios consideran que recurrir a actores nacionales es un valor añadido, no una prioridad. Al mismo tiempo, el 74% manifiesta preocupación por la pérdida de soberanía tecnológica, un porcentaje superior a la media internacional.
Este desfase entre inquietud y preferencia refleja una combinación de factores: percepción de seguridad, reputación internacional, escala y coste. En España, además, los directivos muestran una mayor aceptación que la media del giro estratégico de algunas grandes tecnológicas hacia un enfoque más centrado en resultados económicos, incluso cuando ello implica relegar compromisos en diversidad, inclusión o medioambiente (60% frente al 48% global).
Competitividad internacional y ritmos divergentes
A escala global, el 87% de los ejecutivos considera competitivas a las empresas de su país en tecnología. Estados Unidos lidera con un 92%, seguido de Reino Unido (90%). Francia y España alcanzan el 81%, con incrementos relevantes respecto a ediciones anteriores, mientras Italia se sitúa en el 75% y Alemania permanece estable en el 79%.
El barómetro apunta a ritmos distintos en la utilización de la IA. En los países anglófonos predomina una orientación hacia la ganancia de cuota de mercado y reducción de precios, mientras que en Europa continental el énfasis se desplaza hacia la eficiencia y la contención de costes. Esta diferencia condiciona prioridades de inversión, expectativas de retorno y tolerancia al riesgo.
El estudio deja así una derivada abierta para los próximos meses: el paso de la adopción generalizada a un uso más estructurado y gobernado de la tecnología, especialmente en inteligencia artificial. En el caso español, el reto pasa por convertir el avance en confianza y competitividad en un ecosistema capaz de generar soluciones percibidas como seguras y fiables, en un entorno internacional cada vez más fragmentado.
Editor en La Ecuación Digital. Analista y divulgador tecnológico con más de 30 años de experiencia en el estudio del impacto de la tecnología en la empresa y la economía.
