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La empresa líquida y el fin de la tecnología como herramienta añadida

La empresa líquida y el fin de la tecnología como herramienta añadida

  • El informe Digital Trends 2026 de Softtek destaca la IA agéntica y el Decisioning 2.0 como ejes de la transformación hacia infraestructuras empresariales líquidas.
Softtek - 2026 Digital Trends

El panorama corporativo en España ha operado durante la última década bajo la premisa de que la tecnología es un habilitador, una capa externa que se superpone a procesos de negocio ya existentes para ganar eficiencia. Sin embargo, el inicio de 2026 marca un punto de inflexión donde esta distinción entre el núcleo del negocio y su infraestructura digital se vuelve impracticable.

Las organizaciones ya no consumen soluciones tecnológicas; se están transformando en la tecnología misma. Esta mutación hacia lo que algunos analistas definen como mundo líquido plantea una interrogante fundamental para la alta dirección: ¿es posible mantener el control humano sobre una estructura que debe decidir y ejecutar en milisegundos para ser competitiva?

La respuesta a esta transición no reside en la acumulación de herramientas, sino en un cambio de arquitectura estructural. Según se desprende del informe anual 2026 Digital Trends, el ecosistema empresarial atraviesa un cambio de paradigma donde la frontera física y digital ha desaparecido, convirtiendo los canales digitales en el escenario único donde el negocio ocurre y se rediseña simultáneamente. En este entorno, el activo estratégico deja de ser el dato estático para convertirse en un sistema operativo vivo.

El imperativo del diseño AI-First y la autonomía agéntica

La transformación digital tradicional ha sido, a menudo, un ejercicio de sedimentación: capas de procesos heredados sobre las que se han instalado interfaces modernas y, recientemente, módulos de inteligencia artificial. Este modelo, aunque funcional hasta ahora, arrastra una rigidez basada en reglas predefinidas que chocan con la volatilidad actual de los mercados. El enfoque AI-First propone una ruptura con esta herencia. No se trata de aplicar IA a un proceso, sino de que el proceso nazca de la capacidad del sistema para percibir, decidir y aprender sin intervención constante.

Esta evolución desplaza el papel del directivo hacia la supervisión de ciclos de aprendizaje y la definición de marcos éticos, delegando la ejecución técnica a la propia arquitectura. Aquí es donde entra en juego la transición de los antiguos copilotos a los autopilotos, o Agentic AI. Las empresas españolas comienzan a explorar el AgenticOS, un estadio donde agentes autónomos orquestan procesos complejos de extremo a extremo. La diferencia es sutil pero profunda: ya no se delegan tareas aisladas, sino la consecución de resultados finales.

Sin embargo, esta autonomía plantea tensiones operativas evidentes. La confianza en sistemas que ejecutan decisiones de alto nivel requiere una gobernanza que muchas organizaciones aún no han madurado. La adopción de estos sistemas no es solo un reto técnico, sino un desafío a la cultura de mando y control que todavía predomina en amplios sectores del tejido empresarial.

Decisioning 2.0: Del reporte a la acción empírica

El reporting tradicional, ese análisis forense de lo que ocurrió el mes o el trimestre anterior, ha perdido su utilidad en una economía que se mueve a la velocidad del software. El concepto de Decisioning 2.0 busca integrar la inteligencia directamente en el flujo de ejecución. El objetivo es que la empresa «perciba y actúe» casi en el mismo instante en que se detecta una señal de mercado. Este cambio de paradigma, señalado en el análisis de Softtek, implica que el negocio, los datos y la tecnología deben compartir una responsabilidad única sobre el comportamiento del sistema.

Esta disciplina transversal obliga a reorganizar equipos que históricamente han trabajado en silos. Ya no es el departamento de IT quien da soporte al de Ventas; ambos son responsables de la columna vertebral que vertebra el pensamiento autónomo de la compañía. La eficiencia ya no se mide por la precisión del informe, sino por la capacidad de respuesta ante la evidencia empírica que el propio sistema captura y procesa en tiempo real.

Usuarios sintéticos y la simulación del riesgo

Uno de los avances más disruptivos de este año es la consolidación de los gemelos cognitivos o usuarios sintéticos. Ante la dificultad de validar productos en mercados saturados y altamente sensibles, las empresas están recurriendo a la simulación de comportamientos mediante IA generativa. Estos modelos permiten ensayar estrategias en entornos virtuales antes de impactar en clientes reales, reduciendo drásticamente el «time-to-insight».

La ventaja competitiva aquí es la velocidad de validación ética y operativa. Una compañía puede testar miles de variantes de un servicio frente a una población sintética que replica con precisión los sesgos y necesidades de su mercado objetivo. No obstante, este método abre una brecha analítica: ¿hasta qué punto la simulación de un comportamiento humano puede sustituir la imprevisibilidad del cliente real? Aunque las técnicas de modelado han alcanzado una fidelidad asombrosa, el riesgo de caer en cámaras de eco algorítmicas sigue siendo una preocupación para los responsables de estrategia.

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ExperimentOS: La empresa en versión beta permanente

La innovación ha dejado de ser un departamento o un evento puntual para convertirse en un modo natural de operación. Bajo el marco de lo que se denomina ExperimentOS, las organizaciones asumen que la planificación ya no puede ser estática. En su lugar, se gestiona un abanico de apuestas constantes basadas en evidencia, no en correlaciones históricas que pueden haber perdido vigencia.

Doris Seedorf, CEO de Softtek para España, apunta en este sentido que la madurez digital se alcanza cuando la organización se transforma en un ecosistema empírico autoajustable. Para la directiva, las empresas que logren implementar estos sistemas operativos inteligentes no solo ganarán en eficiencia, sino que desarrollarán una resiliencia estructural capaz de absorber la incertidumbre de los mercados globales. Adoptar esta filosofía significa aceptar que la empresa está, por definición, en versión de prueba.

Esta mentalidad de experimentación institucionalizada requiere un sistema de gobernanza robusto. La tecnología ofrece oportunidades inéditas, pero también introduce riesgos sistémicos si la automatización de la experimentación no está anclada en una lógica de negocio clara. El reto para el profesional español en 2026 no es solo entender estas tendencias, sino integrarlas en una estructura que sea lo suficientemente flexible para cambiar y lo suficientemente sólida para no desmoronarse en el proceso.

El horizonte que se dibuja no es el de una sustitución del factor humano por el sintético, sino el de una simbiosis donde la infraestructura se vuelve inteligente para permitir que las personas se centren en lo que la IA aún no puede replicar: el juicio crítico en situaciones de ambigüedad absoluta. La incógnita que queda por resolver es qué parte del tejido empresarial actual será capaz de desprenderse de sus procesos heredados a tiempo para no quedar atrapado en la rigidez de un mundo que ya es líquido.

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