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Softtek alerta sobre los retos de ciberseguridad en 2026

Softtek alerta sobre los retos de ciberseguridad en 2026

  • El informe '2026 Digital Trends' de Softtek plantea una transformación técnica y organizativa ante la autonomía de las amenazas y la presión regulatoria
Tendencias tecnológicas 2025

La ciberseguridad corporativa entra en una nueva fase marcada por la autonomía de las amenazas, la fragmentación de las infraestructuras y una presión regulatoria que ya no se limita al cumplimiento, sino que exige trazabilidad y control desde el diseño. Así lo plantea Softtek en su informe 2026 Digital Trends, donde identifica tres ejes críticos que, según la compañía, definirán la agenda tecnológica de las empresas en los próximos doce meses.

El primero tiene que ver con la irrupción de ataques impulsados por inteligencia artificial agéntica, es decir, sistemas capaces de razonar, adaptarse y ejecutar acciones sin intervención humana. Esta nueva generación de malware, más rápida y autónoma, obliga a repensar los mecanismos defensivos tradicionales. Softtek sostiene que los sistemas de seguridad deben incorporar capacidades similares: agentes inteligentes que no solo detecten y alerten, sino que actúen de forma autónoma en ciclos completos de mitigación. La diferencia no es solo de velocidad, sino de arquitectura. «La defensa debe dejar de ser reactiva para convertirse en un sistema vivo que se ajusta en tiempo real», apuntan desde la compañía.

En segundo lugar, la expansión del edge computing y los entornos distribuidos plantea un reto estructural: la pérdida de visibilidad. A medida que los datos y procesos se descentralizan, las herramientas de monitorización tradicionales pierden eficacia. Softtek introduce aquí el concepto de «resiliencia en un mundo líquido», donde no basta con saber qué ocurre, sino comprender por qué ocurre, incluso cuando los sistemas están fragmentados o dispersos geográficamente. La clave, según el informe, está en la capacidad de aislar automáticamente anomalías sin interrumpir la operación global, algo que requiere una capa de inteligencia contextual integrada en la infraestructura.

El tercer eje es menos técnico, pero no menos determinante: la presión regulatoria. A medida que las decisiones críticas se delegan a modelos autónomos, la trazabilidad, la auditabilidad y el control se convierten en requisitos estructurales. No se trata solo de cumplir con normativas como el Reglamento de Ciberresiliencia de la UE o la futura Ley de Inteligencia Artificial, sino de incorporar principios de gobernanza desde el diseño. Softtek habla de una «arquitectura de control» que evoluciona en paralelo a la arquitectura de inteligencia. En este escenario, la confianza deja de ser un atributo reputacional para convertirse en un activo operativo.

Doris Seedorf, CEO de Softtek en España, resume el cambio de paradigma con una imagen que desplaza el foco de la defensa perimetral a la adaptabilidad interna: «En 2026, el éxito no será de quien tenga el muro más alto, sino de quien logre una inmunidad digital mediante la integración de agentes autónomos y una gobernanza transparente». La frase apunta a una transformación profunda del papel de la ciberseguridad, que deja de ser una capa externa para convertirse en un componente estructural del negocio.

Aunque el informe no detalla casos concretos ni cifras de inversión, sí sugiere un cambio en las prioridades tecnológicas de las organizaciones. La adopción de inteligencia artificial agéntica en entornos de seguridad, por ejemplo, implica una revisión completa de las arquitecturas actuales, muchas de las cuales siguen ancladas en modelos de supervisión centralizada. Del mismo modo, el aislamiento automático de fallos en infraestructuras distribuidas requiere capacidades que van más allá del simple edge computing: exige interoperabilidad, análisis contextual y mecanismos de decisión autónoma.

La presión regulatoria, por su parte, no se limita a Europa. En Estados Unidos, la Casa Blanca ha emitido directrices para la gestión de riesgos de IA en infraestructuras críticas, mientras que en Asia se multiplican las iniciativas de compliance algorítmico. En este entorno, la capacidad de demostrar control sobre los sistemas autónomos se convierte en una ventaja competitiva, especialmente en sectores como la banca, la energía o la sanidad, donde la exposición al riesgo es sistémica.

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Lo que vemos en el enfoque de Softtek es una redefinición del concepto de continuidad operativa. Ya no se trata solo de resistir ataques, sino de mantener la capacidad de adaptación en tiempo real. La empresa que logre que sus sistemas aprendan y se ajusten solos ante cada amenaza no solo estará mejor protegida, sino que podrá operar con menos fricción, menos intervención humana y mayor velocidad de respuesta. No es una promesa de invulnerabilidad, sino un cambio en la forma de gestionar el riesgo.

La propuesta de una Empresa Autoevolutiva, tal como la describe Softtek, no es un modelo cerrado ni una solución empaquetada. Es más bien una dirección estratégica que obliga a repensar cómo se diseñan, supervisan y gobiernan los sistemas digitales. En ese sentido, el informe funciona como una señal de alerta, pero también como una hoja de ruta para quienes ven en la ciberseguridad no solo un coste, sino una palanca de transformación.

La incógnita, como siempre, está en la ejecución. La velocidad con la que las amenazas se vuelven autónomas no siempre encuentra su reflejo en la agilidad de las empresas para adaptarse. Y aunque la tecnología avanza, la gobernanza, la cultura organizativa y los marcos regulatorios siguen siendo, en muchos casos, los cuellos de botella más difíciles de resolver.

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