L’Oréal volvió a utilizar el escenario del CES 2026 para marcar territorio más allá del cosmético tradicional. En la edición celebrada en Las Vegas, el grupo presentó dos nuevos dispositivos basados en tecnologías de luz aplicadas al cuidado del cabello y de la piel, una línea de trabajo que, aunque no es nueva dentro de la compañía, sí adquiere ahora un peso más estructural. La pregunta que sobrevuela es hasta qué punto esta aproximación, cada vez más cercana a la ingeniería biomédica, redefine el perímetro competitivo del sector belleza.
Este movimiento no es aislado. L’Oréal lleva más de una década explorando la convergencia entre ciencia dermatológica y tecnología digital. En ediciones anteriores del CES, la firma ya había mostrado prototipos de maquillaje personalizado mediante inteligencia artificial o sensores de piel conectados a aplicaciones móviles. La novedad en 2026 radica en el uso de longitudes de onda específicas del espectro infrarrojo, una técnica que hasta ahora se había explorado sobre todo en entornos médicos o de fisioterapia.
Las dos soluciones, reconocidas con premios a la innovación en el marco del evento, se apoyan en el uso de luz infrarroja y sistemas LED para intervenir directamente sobre la fibra capilar y la piel facial. No se trata únicamente de añadir conectividad o software a rutinas existentes, sino de modificar el mecanismo físico mediante el cual se obtienen resultados estéticos. Ese matiz resulta clave para entender la ambición del movimiento.
El primero de los dispositivos, denominado Light Straight + Multi-styler, se inscribe en una categoría tan madura como la del alisado y moldeado del cabello. Durante más de un siglo, la industria ha recurrido al calor extremo como principal herramienta de transformación capilar, con temperaturas que superan con facilidad los 200 grados centígrados. El problema es conocido: a partir de ciertos umbrales, la queratina se degrada, la cutícula se debilita y el daño se acumula con el uso recurrente. L’Oréal parte de ese punto de fricción entre resultado inmediato y deterioro a largo plazo.

La propuesta técnica introduce un sistema de luz infrarroja cercana, una longitud de onda situada justo más allá del espectro visible que tiene capacidad para penetrar en la fibra capilar. En lugar de depender exclusivamente del calor por contacto, el dispositivo actúa sobre los enlaces de hidrógeno que determinan la forma del cabello. Al hacerlo, reduce la temperatura máxima de trabajo hasta alrededor de 160 grados, una cifra sensiblemente inferior a la de muchas planchas convencionales. La compañía sostiene que esta combinación permite alisar o moldear el cabello de forma más rápida y uniforme, manteniendo la integridad estructural de la fibra.
El diseño incorpora placas de vidrio y un módulo de luz integrado, junto con sensores internos y algoritmos propietarios que ajustan el comportamiento del aparato a los gestos del usuario. El objetivo no es solo evitar el sobrecalentamiento, sino introducir un grado de personalización dinámica en una herramienta tradicionalmente estática. En pruebas instrumentales internas, el grupo afirma haber observado mejoras en suavidad y tiempo de peinado frente a estiladores premium del mercado, aunque la validación externa de estos datos será determinante.
Más allá del alisado, el dispositivo está concebido como una herramienta multifunción, capaz también de crear ondas o rizos con un control más preciso del estrés térmico. Esta versatilidad conecta con otra de las líneas que L’Oréal viene explorando desde hace años: la reducción de pasos y productos mediante dispositivos híbridos que concentran varias funciones. En ese sentido, Light Straight + Multi-styler se suma a Airlight Pro, presentado en ediciones anteriores del CES, dentro de una familia coherente de herramientas basadas en luz.
El segundo anuncio, una máscara facial LED orientada al cuidado de la piel, se mueve en un terreno distinto pero conceptualmente relacionado. El uso de luz LED en dermatología no es nuevo y cuenta con aplicaciones en entornos clínicos para el tratamiento del acné, la inflamación o la estimulación celular. La traslación de estas tecnologías al ámbito doméstico plantea, sin embargo, interrogantes sobre eficacia, seguridad y regulación. L’Oréal no detalló en profundidad las especificaciones técnicas del dispositivo durante el evento, pero sí dejó claro que forma parte de una estrategia más amplia de integración entre ciencia cutánea y dispositivos inteligentes.

Este énfasis en la luz como vector tecnológico no surge de manera aislada. Desde hace más de una década, el grupo francés ha ido construyendo una estructura de I+D que combina investigación interna, adquisiciones selectivas y colaboración con startups y centros académicos. En anteriores ediciones del CES, la compañía mostró soluciones de diagnóstico de piel mediante inteligencia artificial, aplicadores asistidos para personas con movilidad reducida o sistemas de coloración apoyados en realidad aumentada. El hilo conductor es la apropiación progresiva de tecnologías que, en otros sectores, ya han demostrado capacidad de transformación.
A diferencia de otros grandes actores del sector, L’Oréal ha optado por mantener un control elevado sobre el desarrollo tecnológico, incluso cuando esto implica ciclos de innovación más largos o mayores inversiones iniciales. El propio Light Straight + Multi-styler no llegará previsiblemente al mercado antes de que concluya su fase de desarrollo, prevista para finales de 2027. Esta decisión contrasta con estrategias más orientadas a licenciar tecnología externa o a lanzar productos mínimos viables para testear la demanda.
En paralelo, la compañía se mueve en un entorno competitivo donde otros grupos también exploran la intersección entre belleza y tecnología. Firmas como Shiseido o Estée Lauder han invertido en dispositivos conectados y análisis avanzados de la piel, aunque con enfoques menos centrados en la intervención física directa mediante luz. La diferenciación, en este caso, no reside solo en el producto, sino en el grado de profundidad científica que cada empresa está dispuesta a asumir.
El marco regulatorio añade otra capa de complejidad. En Europa, los dispositivos que emiten luz con fines estéticos o terapéuticos están sujetos a normativas específicas, especialmente cuando se comercializan para uso doméstico. La frontera entre cosmético, dispositivo electrónico y producto sanitario no siempre es nítida, y cualquier desliz puede retrasar o limitar la comercialización. Este aspecto será especialmente relevante para la máscara LED y para la adopción del alisador infrarrojo fuera de Estados Unidos.
La presencia continuada de L’Oréal en el CES refleja también un cambio en la propia naturaleza del evento. Lo que comenzó como una feria de electrónica de consumo se ha convertido en un escaparate transversal donde convergen salud digital, movilidad, inteligencia artificial y, cada vez más, belleza tecnológica. Para L’Oréal, ocupar ese espacio no es solo una cuestión de visibilidad, sino una forma de dialogar con un ecosistema distinto al del retail cosmético tradicional.
Queda por resolver cómo responderán los consumidores a propuestas que introducen conceptos más cercanos a la ingeniería que al cuidado personal clásico. La confianza en tecnologías aplicadas directamente al cuerpo sigue siendo desigual, y la promesa de mejores resultados deberá equilibrarse con transparencia y evidencia. Mientras tanto, los anuncios de Las Vegas consolidan una trayectoria: L’Oréal ya no se limita a formular productos, sino que diseña sistemas completos donde la luz, los datos y la biología se entrelazan. El alcance real de esa transformación aún está por definirse.
