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Las empresas priorizan IA con foco en valor a largo plazo

Las empresas priorizan IA con foco en valor a largo plazo

  • El informe de Capgemini revela un cambio en la adopción de IA: de la experimentación a la integración estratégica con foco en resultados sostenibles y control organizativo.
IA Empresarial

La inteligencia artificial ha dejado atrás su fase de entusiasmo inicial para convertirse en una herramienta estructural en las estrategias empresariales. Así lo refleja el último informe del Instituto de Investigación de Capgemini, que señala un cambio de enfoque entre los líderes corporativos: de la experimentación a la integración pragmática, con inversiones cada vez más orientadas a resultados sostenibles.

Según el estudio  La ventaja de la IA a largo plazo: construyendo la empresa del mañana , basado en encuestas a más de 1.500 directivos de grandes organizaciones globales, el 38% ya ha implementado casos de uso de IA generativa, mientras que seis de cada diez están explorando aplicaciones de IA agéntica, un tipo de inteligencia artificial diseñada para operar de forma autónoma en tareas complejas. China lidera esta adopción, por delante de Estados Unidos y Europa, lo que introduce una dinámica competitiva que preocupa a los ejecutivos: dos tercios temen perder ventaja estratégica si no escalan sus iniciativas de IA al ritmo de sus competidores.

La evolución no es solo tecnológica. También lo es en la forma de medir el impacto. La eficiencia operativa y la reducción de costes, indicadores tradicionales, han cedido terreno a métricas como el crecimiento de ingresos, la gestión del riesgo, el cumplimiento normativo o la experiencia del cliente. Más de la mitad de las empresas priorizan ahora la soberanía del dato, un concepto que implica mantener el control sobre información crítica en contextos regulatorios cada vez más exigentes.

El informe anticipa que en 2026 las organizaciones destinarán de media un 5% de su presupuesto anual a iniciativas de IA, frente al 3% en 2025. Esta subida no responde a una expansión indiscriminada, sino a una reorientación: casi dos tercios de las compañías están pausando proyectos de bajo impacto para concentrarse en áreas con procesos definidos y resultados medibles. Infraestructura, calidad de datos, gobernanza y formación de la plantilla se perfilan como los ejes de esta nueva etapa.

“La IA ha superado un umbral crítico: la cuestión ya no es si integrarla, sino cómo hacerlo de forma estructural”, afirma Pascal Brier, Chief Innovation Officer de Capgemini. En su análisis, la clave no está solo en la tecnología, sino en la preparación del liderazgo. La interacción entre humanos y sistemas de IA, la claridad en la visión estratégica y la asunción de responsabilidades serán determinantes para que la IA genere valor real.

Una de las áreas donde este cambio ya se está materializando es la toma de decisiones ejecutivas. El informe complementario “Cómo la IA está transformando silenciosamente las decisiones ejecutivas”, basado en una encuesta a 500 altos directivos, revela que más de la mitad ya utiliza la IA para apoyar decisiones estratégicas. Aunque hoy su uso se concentra en tareas operativas como redacción de documentos o análisis preliminares, los CXO prevén que en tres años la IA será clave para contrastar y enriquecer el pensamiento estratégico.

Los beneficios percibidos no son menores. Más del 50% de los ejecutivos afirma haber reducido tiempos y costes en la toma de decisiones, y también haber mejorado su capacidad de anticipación y creatividad. Sin embargo, la confianza en la IA como herramienta decisoria aún es limitada: solo el 41% declara tener un nivel de confianza alto, y apenas el 1% cree que la IA podrá tomar decisiones estratégicas de forma autónoma en los próximos tres años.

Las reservas no son solo técnicas. También hay un componente reputacional. Solo el 11% de los directivos dice destacar públicamente el uso de IA en sus decisiones, y muchos citan el temor a una percepción negativa por parte de clientes, socios o la opinión pública si una decisión influenciada por IA resultara fallida. La dificultad para explicar cómo se ha llegado a una conclusión cuando interviene un sistema algorítmico añade otra capa de complejidad.

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Este escenario plantea una tensión creciente entre el potencial transformador de la IA y las exigencias de transparencia, responsabilidad y control. Los marcos de gobernanza aparecen como un factor crítico: dos tercios de los CXO creen que una mayor claridad en este ámbito les permitiría aprovechar mejor la IA en sus decisiones. La cuestión no es menor, especialmente en sectores regulados o en contextos donde la trazabilidad de las decisiones es obligatoria.

La investigación de Capgemini se basa en datos recogidos en la segunda mitad de 2025, con encuestas a directivos de organizaciones con ingresos superiores a los 1.000 millones de dólares. En el caso del informe sobre decisiones ejecutivas, los encuestados pertenecen a compañías con ingresos superiores a los 10.000 millones, lo que ofrece una muestra representativa del tejido empresarial global con capacidad de inversión significativa en IA.

A medida que se consolida esta nueva etapa, marcada por la búsqueda de valor sostenible y una mayor integración organizativa, la IA deja de ser una promesa abstracta para convertirse en una herramienta con implicaciones estructurales. El foco ya no está en lo que la tecnología puede hacer, sino en cómo las organizaciones la incorporan, la gobiernan y la explican. Y en ese proceso, el liderazgo —más que el algoritmo— será el verdadero factor diferencial.

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