La nube seguirá siendo una pieza estructural de la transformación digital en 2026, pero el contexto ha cambiado. La presión regulatoria, el deterioro del entorno geopolítico y la creciente sofisticación de las amenazas digitales están desplazando el foco hacia la soberanía digital. En Europa, este concepto ha dejado de ser una aspiración política para convertirse en un imperativo operativo.
Según un estudio de IONOS publicado en 2025, el 83 % de las pymes españolas considera esencial mantener el control sobre sus datos. Esta percepción no solo refleja una mayor conciencia de los riesgos asociados a la dependencia tecnológica, sino también una respuesta directa a la evolución normativa de la Unión Europea. La entrada en vigor del EU Data Act en 2026 obliga a los proveedores cloud a garantizar la portabilidad de los datos, la interoperabilidad entre plataformas y unas condiciones contractuales más equilibradas. En paralelo, se refuerzan los derechos de las empresas para cambiar de proveedor sin barreras técnicas ni contractuales, lo que aumenta la presión sobre los grandes actores estadounidenses del sector.
La regulación no se detiene ahí. La directiva NIS2, que amplía los requisitos de ciberseguridad para sectores críticos, y la futura Ley de Coordinación y Gobernanza de la Ciberseguridad, prevista también para 2026, exigirán a las empresas una gestión más rigurosa de los riesgos y una mayor transparencia en la notificación de incidentes. Además, la Comisión Europea trabaja en una posible legislación específica para servicios cloud e inteligencia artificial, que podría incluir criterios explícitos de soberanía tecnológica. Aunque aún en fase preliminar, esta iniciativa apunta a una consolidación del marco regulatorio europeo en torno a la autonomía digital.
En este escenario, la geopolítica actúa como catalizador. Las elecciones legislativas en Estados Unidos, con un posible cambio de orientación política, y la creciente tensión entre China y Taiwán, especialmente en lo relativo a la producción de semiconductores, están alterando las cadenas de suministro globales. Las restricciones a la exportación de tecnología y los controles cruzados entre Washington y Pekín afectan de forma indirecta a las estrategias cloud de las empresas europeas, que buscan reducir su exposición a proveedores extracomunitarios mediante arquitecturas multi-cloud y alianzas regionales.
La diversificación tecnológica, sin embargo, no es solo una cuestión de cumplimiento o de gestión de riesgos. También responde a una evolución en los modelos de seguridad. Cloud Security 2.0, término que empieza a consolidarse como estándar de referencia, combina principios de zero trust, soluciones nativas en la nube y capacidades de defensa automatizadas. El objetivo ya no es solo proteger el perímetro, sino anticipar comportamientos anómalos y responder de forma dinámica. En este enfoque, la localización del dato y la jurisdicción bajo la que se procesa adquieren un peso estratégico.
El incremento de ciberataques dirigidos a infraestructuras críticas y la exposición de datos sensibles ha intensificado esta tendencia. La soberanía digital, en este contexto, se entrelaza con la resiliencia empresarial. No se trata únicamente de dónde están los servidores, sino de quién controla el acceso, cómo se gestionan las claves y qué garantías legales existen en caso de conflicto. La competencia global también introduce nuevos vectores: China está ganando terreno con modelos abiertos y soluciones basadas en open source, lo que añade presión a los proveedores tradicionales para ofrecer alternativas más transparentes y adaptadas al marco europeo.
La innovación tecnológica no se detiene. Nuevas generaciones de procesadores, avances en chips fotónicos y la consolidación del edge computing están redefiniendo los límites del rendimiento cloud. En sectores como la robótica industrial o los sistemas autónomos, la latencia se convierte en un factor crítico, lo que favorece arquitecturas distribuidas y procesamiento en el borde. Al mismo tiempo, el uso de estándares abiertos y tecnologías open source gana tracción como vía para garantizar la interoperabilidad y reducir el lock-in tecnológico.
En el plano operativo, el enfoque multi-cloud se consolida como la norma. Las empresas ya no buscan únicamente optimizar costes o mejorar la disponibilidad, sino también diversificar su exposición y ganar flexibilidad frente a cambios regulatorios o estratégicos. Esta lógica se extiende también al ámbito de la sostenibilidad. Los centros de datos energéticamente eficientes y las políticas de green IT están dejando de ser un elemento reputacional para convertirse en un criterio de selección tecnológica. La eficiencia energética, en este sentido, se alinea con la autonomía operativa.
IONOS, proveedor europeo con presencia creciente en el mercado español, identifica en estos movimientos una oportunidad estructural. La demanda de soluciones cloud soberanas, compatibles con la normativa europea y alineadas con los principios de transparencia y control, está en aumento. Aunque los hiperescalares estadounidenses siguen dominando en capacidad y cobertura, el entorno normativo y las exigencias de cumplimiento están abriendo espacio para nuevos actores.
La incógnita no está tanto en la dirección del cambio como en su velocidad. Las empresas que logren integrar de forma coherente estrategias multi-cloud, inversiones en Cloud Security 2.0 y alianzas con proveedores europeos estarán mejor posicionadas para afrontar un entorno cada vez más regulado, fragmentado y volátil. La soberanía digital, lejos de ser un objetivo estático, se perfila como un proceso continuo de adaptación tecnológica, jurídica y estratégica.
