La estructura corporativa de Amazon se prepara para una nueva contracción de calado. Según fuentes próximas a la compañía citadas por Reuters, el gigante de Seattle planea ejecutar a partir de la próxima semana una segunda ronda de despidos que afectará a miles de empleados en sus divisiones más estratégicas. Este movimiento no es un hecho aislado, sino la culminación de una hoja de ruta que persigue la eliminación de 30.000 puestos de trabajo de oficina, una cifra que representa aproximadamente el 10% de su plantilla corporativa global.
Tras una primera fase en octubre que supuso la salida de unos 14,000 profesionales, esta nueva ola de recortes —que podría iniciarse este mismo martes— pone el foco en unidades de negocio que hasta hace poco se consideraban motores de crecimiento intocables. Amazon Web Services (AWS), el brazo de computación en la nube que sostiene gran parte de los márgenes de beneficio del grupo, se encuentra en la lista de departamentos afectados junto a las áreas de Retail, Prime Video y recursos humanos (PXT).
La situación en España añade una capa de complejidad regulatoria y operativa a esta reestructuración global. A finales de 2025, Amazon Digital Spain ya acordó un Expediente de Regulación de Empleo (ERE) en sus sedes de Madrid que afectó a cerca de 130 trabajadores, con condiciones que incluían permisos retribuidos para permitir el rescate de acciones (RSUs). Sin embargo, la magnitud de la nueva fase global sugiere que el ajuste en las oficinas españolas podría no haber concluido, especialmente en equipos de soporte y gestión que han visto cómo sus funciones se solapan en la nueva estructura simplificada que busca la dirección.
El dilema del mensaje: ¿máquinas o capas de gestión?
El razonamiento detrás de estas salidas ha oscilado entre la vanguardia tecnológica y la autocrítica organizativa. En las comunicaciones internas de octubre, la empresa vinculó directamente los recortes al auge de la inteligencia artificial, calificándola como la tecnología más transformadora desde la llegada de internet. No obstante, el discurso público del consejero delegado, Andy Jassy, ha tomado un rumbo distinto durante los últimos encuentros con analistas.
Para Jassy, el problema no es tanto la falta de rentabilidad o la sustitución directa por algoritmos, sino la pérdida de la agilidad propia de una startup. El CEO ha señalado en diversas ocasiones que la compañía ha acumulado excesivas capas de gestión y una burocracia que ralentiza la toma de decisiones. «Acabas con mucha más gente de la que tenías antes y con muchas más capas de las necesarias», reconoció Jassy en la última presentación de resultados trimestrales. Esta visión de «cultura interna» busca reducir el número de gestores por cada contribuidor individual, forzando una estructura más plana y directa.
Sin embargo, esta narrativa de saneamiento cultural convive con la realidad de una inversión masiva en centros de datos para IA. Aunque Jassy insiste en que los despidos no son «financieramente impulsados», la coincidencia temporal con el despliegue de agentes de IA capaces de automatizar tareas de codificación y procesos administrativos en recursos humanos sugiere una transición operativa más profunda. El sector tecnológico observa con atención cómo una empresa que generó 18,000 millones de dólares en beneficios en un solo trimestre opta por el mayor recorte de su historia, desafiando la lógica tradicional de que los despidos masivos solo ocurren en periodos de crisis.
Un impacto transversal en el modelo de trabajo
La presión sobre la plantilla corporativa no solo llega en forma de cartas de despido. Amazon ha mantenido una de las políticas de retorno a la oficina más estrictas de la industria, con un mandato de cinco días presenciales que, según diversas fuentes, no ha logrado generar el nivel de deserción voluntaria que la dirección podría haber anticipado. Esta rigidez, sumada a la incertidumbre de las nuevas rondas de ajuste, ha generado un clima de tensión en los centros de operaciones de ciudades como Madrid o Barcelona, donde el talento cualificado empieza a mirar hacia competidores con estructuras más flexibles.
Las unidades de «People Experience and Technology» (PXT) son las que enfrentan un futuro más incierto. Al ser el área encargada de la gestión del capital humano, su redimensionamiento es sintomático: si hay menos empleados corporativos que gestionar y más procesos automatizados mediante herramientas internas de IA, la necesidad de un departamento de recursos humanos voluminoso se desvanece. Es el pez que se muerde la cola en la búsqueda de la eficiencia extrema.
El cierre de este ciclo de 30.000 despidos deja en el aire preguntas fundamentales para el ecosistema tecnológico español y global. Mientras los trabajadores afectados por la ronda de octubre ven expirar su periodo de 90 días de nómina este próximo lunes, la nueva oleada abre un interrogante sobre la sostenibilidad del modelo de crecimiento agresivo que definió a la compañía durante la última década.
Queda por ver si una organización de 1.5 millones de empleados puede realmente recuperar el espíritu de una startup eliminando capas de gestión, o si la IA acabará siendo el verdadero arquitecto de una nueva Amazon donde el factor humano sea, cada vez más, una variable prescindible en los niveles de dirección intermedia.
