La industria espacial española prepara su primer ensayo orbital con tecnología de propulsión eléctrica desarrollada íntegramente en el país. FOSSA Systems e IENAI Space han firmado una alianza para lanzar, a finales de 2026, una misión que integrará el motor ATHENA NANO en la nueva generación de nanosatélites de FOSSA. Será la primera vez que una plataforma y un sistema de propulsión, ambos diseñados y fabricados en España, operen conjuntamente en el espacio.
El acuerdo, anunciado este 28 de enero, marca un punto de inflexión en la cadena de valor espacial nacional. FOSSA, fundada en 2020 y con 24 satélites lanzados desde entonces, desplegará una plataforma 6U de más de 10 kg, con mayor capacidad energética y de carga útil. En ella se integrará el sistema de propulsión eléctrica de IENAI, basado en electropulverización, una técnica que utiliza campos eléctricos para emitir partículas cargadas desde un líquido conductor, permitiendo maniobras precisas en órbita con un consumo energético mínimo.
La propulsión eléctrica, frente a los sistemas químicos tradicionales, ofrece ventajas en eficiencia y control, especialmente en plataformas pequeñas como los nanosatélites. ATHENA™ NANO ha sido diseñado para responder a las limitaciones de espacio, masa y potencia que imponen estas arquitecturas. Su integración en la misión de FOSSA permitirá validar su rendimiento en condiciones reales, paso previo a su comercialización.

Según Daniel Pérez Grande, CEO de IENAI Space, la misión representa «el culmen de la cadena de suministro espacial en España». La empresa, nacida en 2019 como spin-off de la Universidad Carlos III de Madrid, ha centrado su actividad en soluciones de movilidad espacial, combinando software de optimización orbital con hardware de propulsión. Su propulsor ATHENA™ es el primero de su tipo desarrollado y producido en territorio nacional.
La colaboración entre ambas compañías no solo tiene valor tecnológico. También apunta a una consolidación del ecosistema espacial español en un momento en que la autonomía estratégica en defensa y comunicaciones se ha convertido en prioridad para gobiernos y organismos multilaterales. FOSSA, seleccionada recientemente por el programa DIANA de la OTAN, está posicionando sus plataformas como soluciones de doble uso, capaces de operar tanto en entornos industriales como en misiones de seguridad.
Julián Fernández, CEO y cofundador de FOSSA, subraya que la misión «demuestra que nuestro país ya es un referente mundial en tecnología aeroespacial». Aunque la afirmación puede parecer ambiciosa, lo cierto es que España ha acelerado su presencia en el sector en los últimos cinco años, con la creación de la Agencia Espacial Española, la participación en programas europeos como IRIS² y el surgimiento de startups con capacidad de diseño y fabricación end-to-end.
En este contexto, la misión prevista para finales de 2026 no se limita a una validación técnica. También funciona como demostrador industrial. La plataforma 6U de FOSSA, más potente y versátil que sus predecesoras, está pensada para albergar cargas útiles más complejas, incluyendo sensores de inteligencia de señales o módulos de comunicaciones IoT de largo alcance. Su capacidad de maniobra, gracias al sistema de IENAI, amplía el rango de operaciones posibles en órbita baja.
El mercado de nanosatélites, impulsado por la demanda de constelaciones comerciales y gubernamentales, ha crecido de forma sostenida en la última década. Sin embargo, la capacidad de maniobra sigue siendo un cuello de botella. Muchos satélites pequeños carecen de propulsión propia, lo que limita su vida útil y su capacidad de evitar colisiones o reposicionarse. La solución de IENAI, si demuestra su eficacia, podría posicionarse como una opción viable para operadores que buscan flexibilidad sin comprometer volumen ni consumo energético.
FOSSA, por su parte, continúa ampliando su constelación de 80 satélites en órbita baja, con clientes que van desde Microsoft hasta ministerios de defensa europeos. Su enfoque modular y su capacidad de producción rápida le han permitido escalar con agilidad en un sector donde los ciclos de desarrollo suelen ser largos. La integración de sistemas de propulsión como ATHENA™ añade una capa de sofisticación que puede abrir nuevas oportunidades en misiones más exigentes.
La misión conjunta también plantea interrogantes sobre la sostenibilidad del modelo. Aunque ambas empresas han recibido financiación pública y privada, el paso de la validación tecnológica a la producción a escala implica desafíos industriales, regulatorios y comerciales. La capacidad de escalar sin perder control sobre la cadena de suministro será clave para mantener la competitividad frente a actores internacionales con mayor músculo financiero.
A falta de detalles sobre el lanzador o la órbita específica, lo que sí parece claro es que la misión de 2026 funcionará como escaparate para el sector espacial español. No tanto por el número de satélites o la carga útil, sino por la convergencia de capacidades nacionales en diseño, fabricación y operación de sistemas espaciales avanzados. Un ensayo que, si resulta exitoso, podría marcar el inicio de una nueva etapa para la autonomía tecnológica en el espacio.
