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Microsoft bate beneficios pero la inversión récord en IA genera dudas en los mercados

Microsoft bate beneficios pero la inversión récord en IA genera dudas en los mercados

  • Microsoft registra 81.300 millones en ingresos y 1.000 millones de usuarios en Windows 11, mientras su gasto en IA escala hasta los 37.500 millones de dólares.
Satya Nadella, consejero delegado de Microsoft

La industria tecnológica atraviesa un periodo de asimetría financiera donde las expectativas de los mercados parecen viajar a una velocidad distinta a la de los despliegues físicos de infraestructura. Los resultados del segundo trimestre fiscal de Microsoft, cerrados el 31 de diciembre, dibujan con nitidez esta paradoja. Por un lado, la compañía ha logrado batir las previsiones de ingresos y beneficios, impulsada en gran medida por la reestructuración de su alianza con OpenAI; por otro, la magnitud del gasto necesario para sostener esa ventaja competitiva ha comenzado a generar un murmullo de cautela entre los analistas.

Microsoft reportó unos ingresos de 81.300 millones de dólares, lo que supone un incremento del 17% respecto al año anterior. Sin embargo, la cifra que realmente ha capturado la atención del sector es la de sus gastos de capital (CapEx), que se dispararon un 66% hasta alcanzar los 37.500 millones de dólares en un solo trimestre. Esta inversión récord se destina casi íntegramente a la construcción de centros de datos y a la adquisición de chips para inteligencia artificial, una carrera logística que, aunque estratégica, empieza a tensionar los márgenes operativos de cara al futuro inmediato.

La sombra de la capacidad frente a la demanda

El crecimiento de Azure, el núcleo de su negocio en la nube y el termómetro más preciso de la adopción de la IA, se situó en un 39% (un 38% en moneda constante). Aunque este dato superó ligeramente el consenso del mercado, refleja una levísima desaceleración de un punto porcentual frente al trimestre previo. Esta sutil variación ha sido suficiente para que la cotización de la empresa sufriera retrocesos en las operaciones posteriores al cierre, evidenciando que para los inversores actuales no basta con crecer de forma sólida; se exige una aceleración constante que justifique el gasto en infraestructura.

La dirección de la compañía ha reconocido abiertamente que la demanda de potencia de cálculo para IA sigue superando su capacidad de suministro. Pese a haber añadido casi un gigavatio de capacidad total este trimestre, las limitaciones físicas para poner en marcha nuevos centros de datos persistirán, según las estimaciones internas, hasta bien entrado 2026. Esta escasez ha obligado a Microsoft a gestionar su inventario de hardware con una precisión quirúrgica, priorizando el entrenamiento de modelos de próxima generación y el despliegue de sus propios asistentes frente a la reventa directa de capacidad en la nube.

Satya Nadella, consejero delegado de la firma, defendió esta estrategia durante la presentación de resultados, señalando que la empresa se encuentra en las fases iniciales de una «difusión de la IA» que ya ha generado un negocio de mayor envergadura que algunas de sus franquicias más longevas. No obstante, el mercado observa con detenimiento cómo el coste de los ingresos creció un 19%, superando el ritmo de crecimiento de las ventas totales, lo que abre una interrogante sobre la eficiencia de esta nueva escala operativa.

El factor OpenAI y la arquitectura del balance

Uno de los pilares que ha sostenido el espectacular incremento del 60% en el beneficio neto —alcanzando los 38.500 millones de dólares bajo normas GAAP— ha sido la actualización contable de su participación en OpenAI. Tras la reestructuración de la startup hacia un modelo con fines de lucro, Microsoft posee aproximadamente el 27% de la entidad, una valoración que inyectó 7.600 millones de dólares adicionales al beneficio neto de este periodo.

Esta interdependencia se refleja también en los compromisos de compra futuros. De los 625.000 millones de dólares que Microsoft tiene en su cartera de pedidos pendientes (RPO), un 45% corresponde exclusivamente a contratos con OpenAI. Si se excluyera esta vinculación, el crecimiento de la cartera de pedidos de la nube se situaría en un 28%, una cifra todavía robusta pero que subraya el peso específico que tiene una sola entidad en la arquitectura financiera de la multinacional de Redmond.

En un intento por diversificar este ecosistema, Microsoft ha comenzado a integrar modelos de otros actores, como Anthropic, para tareas de programación y dentro de sus herramientas de productividad. Esta apertura hacia un entorno multimodelo busca reducir la dependencia de un único proveedor y optimizar el rendimiento de su plataforma Foundry, donde ya más de 1.500 clientes operan con modelos de Anthropic y OpenAI de forma simultánea.

Hitos en el software y fricciones en el consumo

En contraste con las tensiones en la infraestructura, la división de software tradicional ha mostrado una resiliencia notable. Windows 11 alcanzó el hito de los 1.000 millones de usuarios activos, lográndolo en 1.576 días, un ritmo superior al que necesitó Windows 10 en su momento. Este crecimiento se ha visto favorecido por el final del ciclo de vida de las versiones anteriores, lo que ha impulsado los ingresos por licencias OEM.

Por el contrario, el segmento de More Personal Computing mostró debilidades, con una caída del 3% en sus ingresos totales. La división de gaming fue la más afectada, con un descenso del 9% en los ingresos relacionados con Xbox, un dato que contrasta con el dinamismo del resto de la compañía y que refleja las dificultades para sostener el crecimiento en el hardware de consumo durante la pasada temporada navideña.

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Eficiencia y soberanía tecnológica

Para mitigar el aumento de los costes de los chips de terceros, Microsoft ha acelerado el despliegue de su propio silicio. La entrada en servicio del acelerador Maia 200 y el procesador Cobalt 200 busca mejorar el coste total de propiedad (TCO). Según datos de la propia empresa, el Maia 200 ofrece una mejora de la eficiencia del 30% en comparación con el hardware de última generación de su flota actual.

Este movimiento no es solo una cuestión de costes, sino de soberanía operativa. La capacidad de integrar verticalmente el hardware con el software de IA permite a la compañía ofrecer soluciones de nube soberana en múltiples regiones, respondiendo a las crecientes exigencias regulatorias de control de datos locales en Europa y otros mercados clave.

La previsión para el tercer trimestre fiscal apunta a unos ingresos de entre 80.650 y 81.750 millones de dólares, con una ligera caída prevista en los márgenes operativos debido a la inversión continua en IA y al encarecimiento de los componentes de memoria. Amy Hood, directora financiera de la compañía, advirtió que el impacto de estos costes será gradual, pero inevitable, a medida que los nuevos activos comiencen a depreciarse.

El escenario que se abre para la segunda mitad del año fiscal 2026 plantea si la infraestructura que hoy se construye a un coste sin precedentes será capaz de generar un ecosistema de servicios lo suficientemente valioso como para absorber dicha inversión. Con 15 millones de usuarios de pago en M365 Copilot, la monetización directa del usuario final ha comenzado, pero aún está lejos de compensar por sí sola los miles de millones destinados a los centros de datos que albergan estos servicios.

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