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Mobile World Capital eleva la valoración de sus empresas tecnológicas a 107 millones tras triplicar la inversión privada

Mobile World Capital eleva la valoración de sus empresas tecnológicas a 107 millones tras triplicar la inversión privada

  • La transferencia tecnológica en España se consolida con 107 millones de euros en valoración de spin-offs y un crecimiento del 28% en el porfolio de The Collider.
The Collider

La transferencia de conocimiento desde los laboratorios hacia el mercado ha dejado de ser una aspiración teórica en el ecosistema español para convertirse en una métrica de rentabilidad financiera. Mobile World Capital Barcelona ha cerrado el último ejercicio elevando la valoración de las empresas surgidas de su programa The Collider hasta los 107 millones de euros, una cifra que supone un incremento del 28% respecto al año anterior. Este crecimiento no responde únicamente a la proliferación de nuevos proyectos, sino a una mayor capacidad de las compañías de base científica para atraer capital en etapas de crecimiento, superando la tradicional brecha que separa la investigación académica de la viabilidad comercial.

Durante 2025, las empresas del porfolio lograron captar 20,2 millones de euros, según datos de Mobile World Capital Barcelona, lo que representa triplicar los resultados obtenidos en el periodo previo. Sin embargo, el dato más relevante para los directivos y analistas del sector no reside en el volumen total, sino en el origen de los fondos.

Mientras que en 2024 el equilibrio entre la financiación pública y la privada era casi simétrico, en el último año la inversión privada ha escalado hasta los 12,7 millones de euros, frente a los 7,5 millones procedentes de subvenciones y ayudas públicas. Este cambio de tendencia sugiere que el capital riesgo está empezando a perder el miedo a los tiempos de desarrollo más prolongados que exigen las tecnologías profundas o deep tech.

La metodología empleada para detectar talento científico en entornos académicos parece haber encontrado un punto de equilibrio entre la excelencia técnica y la demanda del mercado. De las casi 100 tecnologías evaluadas en centros de investigación, solo un 30% superó el filtro inicial de potencial de mercado, lo que resultó en la incubación de 25 proyectos durante el año pasado. El proceso de cribado es crítico: el sector tecnológico nacional ha adolecido históricamente de una desconexión entre el hallazgo de laboratorio y la resolución de problemas industriales concretos. Al centrar el esfuerzo en la escalabilidad, el programa ha logrado que 13 spin-offs permanezcan activas de forma competitiva, generando más de 200 empleos directos de alta cualificación.

El caso de Yplasma ilustra la deriva actual de estas compañías hacia mercados internacionales. Esta empresa, con raíces en el Instituto Nacional de Técnica Aeroespacial (INTA), utiliza actuadores de plasma para la refrigeración de sistemas críticos, una necesidad que se ha vuelto acuciante con la proliferación de centros de datos destinados a la inteligencia artificial. La captación de 2,5 millones de euros de capital privado para su expansión en Estados Unidos no es un hecho aislado, sino que refleja cómo las soluciones de hardware avanzado desarrolladas en España están encontrando encaje en las infraestructuras globales de computación.

Aunque el avance es evidente, el sector se enfrenta a la contradicción de mantener el ritmo de crecimiento sin depender excesivamente de rondas de inversión puntuales que diluyan el control tecnológico local. La entrada de capital internacional, como se ha visto en Jolt con la inyección de 6 millones de euros liderada por la familia saudí Al-Qahtani y el fondo italiano CDP Venture Capital, ofrece el músculo financiero necesario para la industrialización, pero también plantea interrogantes sobre dónde se consolidará el valor de estas patentes a largo plazo. Jolt, especializada en soluciones electroquímicas, representa ese perfil de empresa que, aunque nacida en el ecosistema local, requiere de alianzas estratégicas globales para sobrevivir a la fase de producción a gran escala.

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Por su parte, la incorporación de OneCareAI a la cartera de proyectos subraya la apuesta por la computación de alto rendimiento aplicada a la salud. Esta spin-off del Barcelona Supercomputing Center (BSC-CNS) utiliza inteligencia artificial y dispositivos wearables para la predicción del ictus, un campo donde la precisión algorítmica se cruza con una regulación sanitaria cada vez más estricta. La capacidad de estas empresas para navegar el entorno regulatorio europeo, a menudo percibido como un obstáculo para la innovación rápida, se está convirtiendo en una ventaja competitiva cuando se busca inversión en sectores de alta sensibilidad social y económica.

El balance de 54 millones de euros de financiación acumulada desde el inicio del programa indica una trayectoria ascendente, pero deja abierta la cuestión de la consolidación de estos proyectos en empresas de tamaño medio que puedan traccionar la economía industrial. El reto para 2026 y los años sucesivos no será solo la creación de nuevas entidades, sino asegurar que las ya existentes puedan dar el salto desde la fase de «prueba de concepto» hacia la rentabilidad operativa. La colaboración con universidades y centros de investigación sigue siendo el motor de alimentación, pero la verdadera prueba de fuego para la transferencia tecnológica en España será su capacidad para atraer inversiones de serie B y C que permitan a estas empresas liderar sus respectivos nichos globales sin necesidad de traslados forzosos de sus sedes operativas.

El horizonte de la valoración de las spin-offs en 107 millones de euros marca un hito, pero también una responsabilidad para el ecosistema inversor español. La integración de tecnologías disruptivas en el tejido productivo tradicional sigue siendo el gran desafío pendiente. Queda por ver si el aumento de la confianza privada se traduce en una integración efectiva de estas innovaciones en las grandes corporaciones nacionales o si, por el contrario, el talento y la propiedad intelectual seguirán alimentando principalmente a gigantes tecnológicos extranjeros en busca de soluciones especializadas para la era del silicio y la inteligencia artificial.

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