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MasOrange alcanza los 2 Tbps en su red troncal de Madrid

MasOrange alcanza los 2 Tbps en su red troncal de Madrid

  • MasOrange alcanza un hito mundial al transmitir 2 Tbps en un solo canal de su red comercial en Madrid, preparando la infraestructura para la IA y el 5G Advanced.
6G

La infraestructura de telecomunicaciones en España ha cruzado una frontera técnica que, hasta hace poco, pertenecía exclusivamente al ámbito del laboratorio. En un escenario donde el tráfico de datos no solo crece, sino que muta en su naturaleza debido a la computación en la periferia (edge computing) y el procesamiento masivo para modelos de lenguaje, la escalabilidad de las capas de transporte óptico se ha convertido en el factor crítico para la competitividad industrial.

MasOrange ha completado recientemente la primera  transferencia de datos a nivel mundial de 2 Tbps (terabits por segundo)  sobre una red comercial de transmisión óptica en Madrid. Según informa MasOrange, este hito se ha logrado utilizando una única longitud de onda sobre cable terrestre, superando los registros previos de 1,6 Tbps alcanzados en noviembre de 2025. No se trata simplemente de una métrica de velocidad punta; es una respuesta a la presión estructural que el 5G Advanced y los servicios nativos de inteligencia artificial están ejerciendo sobre las redes troncales.

La física detrás del canal único

Para las empresas del sector, la relevancia de este avance reside en la eficiencia del espectro. Tradicionalmente, aumentar la capacidad de una red implicaba añadir más canales (longitudes de onda) o desplegar más fibra física, lo que conlleva costes operativos y de mantenimiento elevados. Lograr 2 Tbps en un solo canal permite multiplicar la capacidad de la infraestructura existente sin necesidad de una obra civil masiva o una inversión desproporcionada en hardware de conmutación.

Esta capacidad equivale a la transmisión simultánea de 800.000 canales en alta definición o 160.000 señales en calidad 4K UHD. Sin embargo, el mercado audiovisual es solo la cara más visible de una necesidad mucho más profunda: el IoT industrial y las ciudades inteligentes. En estos entornos, la latencia y el ancho de banda no son lujos, sino requisitos para la seguridad operativa. Una red capaz de gestionar tal volumen de información por canal simplifica la arquitectura lógica de la red metro y de larga distancia.

El proyecto, liderado por Óscar Ándres en MasOrange, sitúa la red de la operadora en una posición de ventaja ante la inminente llegada del 6G. Aunque el estándar 6G todavía está en fase de definición, las simulaciones de tráfico sugieren que las redes actuales quedarían obsoletas sin saltos cualitativos como el que hoy se presenta en Madrid. La innovación aquí no es solo la cifra, sino la estabilidad del canal sobre una red comercial activa, sujeta a las interferencias y variaciones térmicas propias de un despliegue real, lejos de las condiciones controladas de un entorno de pruebas.

El ecosistema de la red de última generación

La consecución de los 2 Tbps no es un hecho aislado, sino que forma parte de una reconfiguración de la red troncal bajo seis pilares estratégicos. Entre ellos destaca la implementación de la tecnología 50G-PON para conectar centrales con la red Metro DWDM y el uso de equipos OXC (Optical Cross-Connect). Estos últimos son fundamentales para la eficiencia energética, ya que permiten interconectar señales ópticas entre diferentes rutas sin necesidad de realizar una conversión eléctrica intermedia.

  • Protección ASON híbrida: Un sistema que permite a la red recuperarse de forma autónoma ante fallos físicos, seleccionando la mejor ruta disponible.
  • Gestión con IA: La operación de la red deja de ser reactiva para basarse en un mapa digital de transmisión que monitoriza la latencia en tiempo real.
  • Capacidad masiva: La integración de canales de 2 Tbps como estándar de facto para el transporte de datos a larga distancia.

Pese a este liderazgo técnico, el sector se enfrenta a un desafío de monetización. La inversión necesaria para mantener estas capacidades es ingente, mientras que el ARPU (ingreso promedio por usuario) en el mercado español sigue bajo una fuerte presión competitiva. El despliegue de estas autopistas digitales beneficia directamente a los grandes proveedores de contenido y servicios en la nube, lo que mantiene abierto el debate europeo sobre el «fair share» o la contribución de las Big Tech al mantenimiento de las infraestructuras.

Implicaciones para el tejido empresarial español

Para el profesional tecnológico, disponer de una red troncal de esta capacidad en España reduce las barreras de entrada para servicios que requieren un procesamiento de datos masivo en tiempo real. Las empresas dedicadas al análisis de datos genómicos, la simulación de gemelos digitales en la industria 4.0 o el desarrollo de vehículos autónomos dependen directamente de la robustez de estos nodos de transmisión.

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En contraste con despliegues anteriores, la arquitectura actual de MasOrange busca una operación casi autónoma. El uso de gestores inteligentes con IA para la operación de la red no es una opción estética, sino una necesidad operativa ante la complejidad de gestionar terabits de información por segundo. La red ya no es un elemento pasivo de transporte, sino un ente dinámico que se reconfigura según la demanda y la salud de los enlaces físicos.

El crecimiento exponencial del uso de datos previsto para los próximos cinco años, impulsado por la adopción masiva de la IA generativa en procesos corporativos, obligará a otros actores del mercado a seguir esta senda. La pregunta que queda en el aire para los analistas no es si la tecnología es capaz de soportar la carga, sino cómo se distribuirá el peso económico de esta infraestructura crítica en un mercado cada vez más fragmentado y exigente en términos de sostenibilidad energética.

Queda por ver cómo responderán los competidores directos en el mercado europeo ante esta marca de 2 Tbps y si la regulación actual incentivará la continuidad de estas inversiones de capital en un entorno macroeconómico volátil.

La infraestructura está lista; el siguiente paso depende de la capacidad del ecosistema de servicios para aprovechar un ancho de banda que, hasta hoy, parecía innecesario.

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