Editor en La Ecuación Digital. Analista y divulgador tecnológico con…
El equilibrio de poder en la industria tecnológica global no solo se dirime en los laboratorios de semiconductores o en los centros de datos de hiperescala, sino en la capacidad de las naciones para nutrir una base operativa capaz de ejecutar la complejidad. En este escenario, la Formación Profesional (FP) ha dejado de ser una alternativa secundaria para convertirse en el eje de una maniobra estratégica que busca corregir el déficit de especialistas en el continente. La reciente presencia de Indra Group en el Talent Arena del Mobile World Congress (MWC) no ha sido un mero ejercicio de captación de currículos, sino la exposición de un modelo que vincula la capilaridad de la FP con el multiplicador de potencia que supone la inteligencia artificial.
La pregunta que subyace a este movimiento es si España, y por extensión Europa, puede sostener su ambición de autonomía estratégica sin una reforma profunda en la valoración del perfil técnico-práctico. Según los datos compartidos por la compañía en el marco del evento en Madrid, un tercio de su plantilla en España ya procede de ciclos formativos, una cifra que tensiona la narrativa tradicional que supeditaba la alta tecnología exclusivamente al entorno universitario. Esta realidad se integra de forma natural en el discurso de Indra Group, que ha establecido alianzas con 346 centros de formación para asegurar que el flujo de talento no sea una respuesta reactiva, sino un componente estructural de su cadena de valor.
El binomio entre el técnico y el asistente algorítmico
La integración del talento joven no se produce en un vacío analógico. La verdadera disrupción que plantea el modelo actual es la hibridación: el técnico de FP ya no solo opera sistemas, sino que es potenciado por herramientas de computación avanzada desde su primer día. En el desarrollo de software, un área crítica para la competitividad industrial, más del 65% de los programadores de la multinacional ya utilizan asistentes basados en inteligencia artificial. No se trata solo de eficiencia, sino de una aceleración forzosa de la curva de aprendizaje que permite a un perfil júnior gestionar tareas que, hace un lustro, requerirían años de especialización.
Esta adopción masiva de la IA en el puesto de trabajo revela una contradicción interesante en el mercado laboral actual. Mientras el debate público se centra a menudo en el desplazamiento del trabajador por la automatización, la implementación real sugiere lo contrario: la tecnología está actuando como un puente para que perfiles de formación técnica más corta y práctica asuman roles de alta responsabilidad. Sebastián Bamonde, director general de Operaciones Tech de Indra Group, señala que la puerta de entrada a proyectos de soberanía tecnológica o robótica puede ser una FP en ciberseguridad o datos, siempre que exista una tutorización que conecte la curiosidad académica con el impacto operativo real.
Cataluña como laboratorio de densidad tecnológica
El despliegue de esta estrategia encuentra en Cataluña un ecosistema de prueba particularmente denso. Con 12 centros de trabajo y una plantilla que supera los 4.000 profesionales en la región, la interacción entre la gran corporación y el tejido de pymes y startups locales dibuja un mapa de interdependencias. Durante el último año, la incorporación de más de 460 profesionales en esta comunidad, de los cuales un 34% son perfiles júnior, evidencia una dinámica de renovación constante. Sin embargo, el valor no reside solo en el volumen de contratación, sino en la red de colaboración con entidades como el Barcelona Supercomputing Center (BSC-CNS) o empresas especializadas en ciberseguridad y automoción.
Este modelo de colaboración dual, donde la gran empresa actúa como tractora de proveedores locales, permite que las innovaciones en áreas como la supercomputación o las tecnologías ópticas permeen hacia el mercado civil y de defensa de forma más ágil. La relación con centros de FP catalanes, que aportaron más de 260 estudiantes en prácticas el pasado año, cierra un círculo donde la formación se alinea con las necesidades de una industria que ya no pide solo conceptos, sino capacidades de ejecución inmediata.
Las «power skills» ante la automatización del conocimiento
A medida que las tareas técnicas más repetitivas son absorbidas por modelos de lenguaje y automatismos, el valor relativo del profesional se desplaza hacia áreas menos codificables. Mari Carmen Moneva, directora general de Recursos Humanos de Indra Group, enfatiza la relevancia de las denominadas power skills: pensamiento crítico, adaptabilidad y comunicación. Es un giro de guion para el sector: en el momento de mayor sofisticación tecnológica de la historia, lo que diferencia a un profesional que simplemente cumple tareas de uno que aporta valor real es su capacidad de juicio humano.
Este enfoque plantea un reto para los centros educativos y para las propias empresas. Si la IA puede generar código o monitorizar redes, el técnico de FP debe ser formado para supervisar esa inteligencia, interpretar sus sesgos y aplicarla a la resolución de problemas complejos en entornos de incertidumbre. La apuesta de Indra por incorporar al 75% de sus alumnos de FP en prácticas durante 2025 sugiere que la empresa prefiere moldear ese talento internamente bajo estas nuevas premisas antes que buscarlo en un mercado externo saturado y, a menudo, desactualizado.
Incógnitas sobre la escalabilidad del modelo
Pese al optimismo que arrojan las cifras de empleabilidad, persisten interrogantes sobre la capacidad del sistema educativo español para mantener el ritmo de demanda que exigen compañías de este calibre. La reactivación industrial de Europa depende de un salto tecnológico urgente, pero la velocidad de actualización de los currículos de FP suele ser más lenta que la evolución de los asistentes de IA o los protocolos de ciberseguridad.
La duda razonable no es si el talento de formación profesional es apto para la alta tecnología, los datos de Indra Group parecen confirmar que lo es, sino si la colaboración público-privada podrá escalar esta integración a todo el tejido productivo sin crear brechas de competitividad entre las grandes corporaciones y las pequeñas empresas que carecen de programas de adopción tecnológica propios. El éxito de esta transición determinará si España se consolida como un centro de ejecución técnica avanzada o si la dependencia de talento externo volverá a ser el cuello de botella de su crecimiento.
Editor en La Ecuación Digital. Analista y divulgador tecnológico con más de 30 años de experiencia en el estudio del impacto de la tecnología en la empresa y la economía.
