El despliegue de infraestructuras críticas en el Reino Unido entra en una fase de consolidación operativa que ha forzado un movimiento de piezas en el tablero de mando de BT Group. La compañía ha confirmado que, a partir del 1 de abril de 2026, Katie Milligan tomará las riendas de Openreach como consejera delegada.
Este relevo no es un cambio menor; Milligan, hasta ahora subdirectora ejecutiva, hereda la gestión de la mayor red de banda ancha del país en un momento donde la rentabilidad del despliegue de fibra completa (FTTP) debe empezar a justificar las ingentes inversiones de la última década. El movimiento se completa con el traslado de Clive Selley, actual líder de la filial de red, a la dirección de BT International, sustituyendo a Bas Burger tras casi dos décadas en el grupo.
La salida de Burger, quien lideró la segregación de BT International como unidad independiente, marca el fin de una etapa de diseño estructural para dar paso a una de ejecución técnica y comercial bajo la tutela de Selley. Según detalla la propia compañía (Fuente: BT Group), esta reconfiguración busca equilibrar la estabilidad en el mercado británico con una expansión más agresiva de sus plataformas digitales fuera de las islas. La estrategia parece clara: exportar el modelo de eficiencia operativa que Selley implantó en la red británica hacia un entorno global que demanda, cada vez más, servicios gestionados y conectividad de baja latencia.

El reto operativo de la fibra completa
La gestión de Openreach bajo el mando de Milligan se enfrentará a un escenario de saturación relativa en ciertas zonas geográficas y a una competencia creciente de los denominados «altnets» o proveedores alternativos de fibra. Milligan ha sido la arquitecta de los acuerdos mayoristas Equinox y 112, maniobras comerciales que permitieron a Openreach asegurar volúmenes de tráfico a largo plazo con grandes operadores. Sin embargo, el mantenimiento del crecimiento del EBITDA en un entorno de tipos de interés que todavía condicionan el gasto de capital (CAPEX) exigirá una finura analítica que vaya más allá de la mera instalación de cableado.
El legado que recibe la nueva CEO incluye una red que ya alcanza los 22 millones de hogares y empresas. No obstante, la transición completa desde el cobre hacia la fibra no es solo un reto de ingeniería, sino una transición cultural para millones de usuarios y un rompecabezas regulatorio para el Ofcom. Milligan, que inició su carrera en el programa de graduados de BT en 2004, conoce las fricciones internas de un gigante que debe moverse con la agilidad de una tecnológica mientras soporta el peso de ser un activo nacional crítico. Su capacidad para fortalecer alianzas con cientos de proveedores de comunicaciones será determinante para que la infraestructura no solo esté disponible, sino que sea económicamente viable.
Internacionalización y plataformas de nueva generación
En paralelo, el movimiento de Clive Selley hacia BT International sugiere una apuesta por la industrialización de los servicios globales. Selley, cuya gestión fue reconocida con una condecoración de la Orden del Imperio Británico por su respuesta durante la pandemia, es percibido en el sector como un ejecutor pragmático. Su misión en la división internacional no será únicamente gestionar contratos, sino transformar la unidad en una «plataforma de telecomunicaciones de nueva generación». Esto implica una transición desde el modelo tradicional de venta de capacidad hacia uno basado en software (SD-WAN) y servicios en la nube.
Aunque BT International se ha consolidado recientemente como una unidad independiente, las tensiones en los mercados internacionales son distintas a las del Reino Unido. La competencia con proveedores de servicios de nube a hiperescala y la necesidad de ofrecer seguridad integrada en la red definen ahora el valor añadido. Selley aporta una experiencia técnica de tres décadas que podría ser la clave para integrar infraestructuras complejas con las demandas de transformación digital de las grandes corporaciones. La duda reside en si la velocidad de ejecución que funcionó en el despliegue físico de fibra en el Reino Unido es transferible a un entorno de servicios globales donde los ciclos tecnológicos son todavía más cortos.
Un nuevo capítulo bajo la dirección de Allison Kirkby
Estos cambios son, en esencia, la primera gran remodelación del equipo directivo bajo la batuta de Allison Kirkby como consejera delegada del grupo. Kirkby parece estar configurando un equipo que combine la veteranía técnica con la innovación comercial. La salida de Bas Burger, tras nueve años en el Comité Ejecutivo, cierra una etapa de transición estratégica para abrir una donde la aceleración de la transformación digital de la propia operadora es prioritaria. La estructura asimétrica de los nuevos nombramientos refleja la dualidad de BT: una empresa que es, al mismo tiempo, un constructor de infraestructuras pesadas y un proveedor de servicios digitales intangibles.
El 1 de abril de 2026 no solo cambiarán los nombres en los despachos de Londres. Se pondrá a prueba la capacidad de BT para mantener el ritmo de su despliegue nacional mientras intenta ganar relevancia en un mercado internacional extremadamente fragmentado. Las incógnitas sobre la regulación post-Brexit en el sector de las telecomunicaciones y la evolución de la demanda de servicios 5G e IoT seguirán marcando una agenda donde el margen de error para los nuevos directivos es escaso.
El sector observa ahora si esta rotación de liderazgo permitirá a BT Group desbloquear el valor que el mercado financiero aún se muestra reticente a reconocer plenamente, especialmente en un contexto donde la soberanía digital y la resiliencia de las redes se han convertido en prioridades de seguridad nacional. Queda por ver cómo responderán los mercados y los socios estratégicos ante una Openreach liderada por un perfil marcadamente comercial y una división internacional comandada por un experto en ingeniería de red.
