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Los robots humanoides avanzan con la IA pero siguen lejos

Los robots humanoides avanzan con la IA pero siguen lejos

  • El auge de la inteligencia artificial reactiva el interés por los robots humanoides, aunque persisten desafíos técnicos y dudas sobre su viabilidad comercial.
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Durante años, los robots humanoides han sido vistos como una apuesta arriesgada en Silicon Valley. Demasiado complejos, costosos y, en palabras del inversor Modar Alaoui, “honestamente,  aburridos”. Sin embargo, el auge comercial de la inteligencia artificial ha reactivado el interés por una idea que llevaba tiempo latente: construir máquinas con forma humana capaces de interactuar con el mundo físico como lo haría una persona.

La semana pasada, más de 2.000 asistentes se reunieron en el Humanoids Summit, un evento impulsado por el propio Alaoui, fundador de la iniciativa. Allí, ingenieros de compañías como Disney, Google y decenas de startups mostraron sus últimos avances en robótica humanoide. El objetivo no era solo exhibir prototipos, sino debatir qué barreras siguen frenando la adopción de estos sistemas en entornos reales.

Según Alaoui, cada vez más investigadores coinciden en que los humanoides —o alguna forma de encarnación física de la IA— “van a convertirse en la norma”. La afirmación, aunque ambiciosa, refleja un cambio de percepción. Hasta hace poco, la robótica humanoide era vista como un campo marginal, más cercano a la ciencia ficción que a la industria. Hoy, la combinación de modelos generativos, visión por computador y sensores avanzados ha reducido parte de esa distancia. Pero no toda.

El problema no es solo técnico. Fabricar un robot que camine, manipule objetos y mantenga el equilibrio en entornos no estructurados sigue siendo un desafío. Pero incluso si se resuelve esa parte, el modelo de negocio continúa siendo incierto. La mayoría de las startups del sector aún no han demostrado una vía clara hacia la rentabilidad. Algunas, como Figure AI o Agility Robotics, han captado cientos de millones en financiación, pero sus robots aún no operan a escala comercial.

En contraste con el entusiasmo de los desarrolladores, los inversores mantienen una cautela pragmática. La historia reciente de la robótica está plagada de promesas incumplidas. Boston Dynamics, por ejemplo, ha cambiado de manos varias veces sin lograr consolidar un producto rentable, pese a su liderazgo técnico. Y aunque Tesla ha anunciado su robot Optimus, todavía no ha ofrecido detalles concretos sobre plazos o aplicaciones reales.

El contexto actual, sin embargo, es distinto al de hace una década. La IA generativa ha demostrado su capacidad para adaptarse a tareas complejas sin necesidad de programación explícita. Esto ha abierto la puerta a que los robots humanoides puedan aprender comportamientos a partir de modelos de lenguaje o simulaciones. Pero esa promesa aún está en fase experimental.

Según el artículo publicado por Fast Company, el Humanoids Summit sirvió como termómetro del momento que vive el sector. La asistencia masiva, con presencia de grandes tecnológicas y fondos de inversión, indica que algo se está moviendo. Aunque no está claro si se trata de una burbuja especulativa o del inicio de una nueva etapa industrial.

En paralelo, surgen preguntas regulatorias y éticas. ¿Qué grado de autonomía deben tener estos sistemas? ¿Cómo se integrarán en entornos laborales sin desplazar a trabajadores humanos? ¿Qué ocurre si un robot comete un error en una tarea crítica? Por ahora, no hay respuestas claras. Pero el debate ya no es hipotético.

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En España, el interés por la robótica humanoide sigue siendo limitado, aunque algunos centros de investigación como el Instituto de Robótica e Informática Industrial (IRI) en Barcelona o el CSIC han desarrollado proyectos en esta línea. El tejido empresarial, sin embargo, aún no ha apostado de forma decidida por este tipo de soluciones, más centrado en automatización industrial convencional o robótica colaborativa.

La pregunta de fondo sigue siendo la misma: ¿para qué sirve un robot con forma humana? En algunos casos, como la atención al cliente, la logística o la asistencia en entornos peligrosos, la forma antropomórfica puede facilitar la interacción. Pero en muchos otros, un diseño funcional y específico sigue siendo más eficiente.

A corto plazo, los robots humanoides seguirán siendo una promesa más que una realidad. Pero la convergencia entre IA, hardware y ambición empresarial ha vuelto a ponerlos en el radar. No está claro si llegarán a ser comunes en fábricas, hogares o almacenes. Lo que sí parece evidente es que, por primera vez en años, la industria se lo está tomando en serio.

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