LuxQuanta ha cerrado en Madrid una prueba de concepto que pone números, y no solo promesas, a una de las piezas más observadas de la ciberseguridad poscuántica: la distribución cuántica de claves (QKD). La compañía, especializada en QKD de variable continua, ha validado el rendimiento de la segunda generación de su sistema comercial NOVA LQ(r) bajo condiciones que reproducen parámetros representativos de MADQCI, la infraestructura de comunicaciones cuánticas de la Comunidad de Madrid. El objetivo, según la propia empresa, era medir comportamiento en escenarios realistas, con restricciones típicas de redes metropolitanas y regionales.
La validación se ha realizado dentro del programa MadQuantum Business Venture, en el marco del proyecto MADQuantum-CM, financiado por la Comunidad de Madrid y por el Plan de Recuperación, Transformación y Resiliencia con fondos de la Unión Europea (NextGenerationEU). Ese encaje institucional importa porque MADQCI actúa como banco de pruebas para definir enlaces, parámetros y escenarios que se parezcan a una red operativa, no a un laboratorio aislado.
En términos técnicos, la PoC se ha centrado en tres frentes que suelen condicionar cualquier despliegue de QKD en entornos empresariales: coexistencia con tráfico óptico convencional, estabilidad operativa y escalabilidad. La coexistencia es el punto más sensible, porque muchas redes de transporte y metro en España se apoyan en multiplexación por longitud de onda (DWDM), una técnica que permite enviar múltiples canales por la misma fibra. Integrar un canal cuántico en esa misma infraestructura, sin exigir fibra dedicada, reduce barreras de coste y de ingeniería, pero obliga a demostrar que el canal cuántico mantiene su rendimiento en presencia de señales clásicas más intensas.
Según los resultados comunicados por LuxQuanta, el sistema NOVA LQ(r) ha logrado una distribución estable de claves en enlaces de hasta 100 kilómetros sobre fibra óptica estándar. En paralelo, la compañía afirma haber verificado la operación estable del canal cuántico en coexistencia con tráfico DWDM en la misma fibra. En la práctica, esta capacidad apunta a un modelo de despliegue más compatible con redes ya amortizadas, donde reservar fibras exclusivas para QKD suele ser una decisión difícil de justificar en términos de capex y de disponibilidad de pares de fibra.
La prueba también ha incluido configuraciones punto a multipunto, con un único transmisor y múltiples receptores. Este matiz tiene implicaciones operativas: en redes metropolitanas y en entornos de centros de datos, la topología rara vez es estrictamente punto a punto. Poder concentrar la emisión y distribuir recepción puede simplificar el diseño, reducir complejidad de despliegue y facilitar escalado, al menos en el plano físico. Aun así, la escalabilidad en QKD no se limita a la topología, también depende de cómo se gestionan claves, políticas de rotación y la integración con sistemas de cifrado existentes, aunque en esta comunicación LuxQuanta se centra en la capa de transporte y en el rendimiento medido.
NOVA LQ(r) se presenta como un sistema de QKD de variable continua (CV-QKD). En este enfoque, la información cuántica se codifica en variables continuas de la luz, y su interés industrial suele estar ligado a la compatibilidad con componentes fotónicos y a la posibilidad de integrarse en infraestructuras ópticas. La promesa, en términos de negocio, es añadir una capa de ciberseguridad física para proteger datos críticos frente a amenazas presentes y futuras, incluida la computación cuántica. Conviene precisar el alcance: QKD no cifra por sí misma el tráfico, sino que distribuye claves criptográficas con garantías físicas, que luego se usan en esquemas de cifrado simétrico. El valor está en cómo se generan y comparten esas claves, y en la detección de intentos de interceptación, pero el despliegue real exige encaje con la arquitectura de seguridad existente.
La compañía subraya que los datos obtenidos son “técnicos, medidos y reproducibles” y que sirven como guía de estimación para analizar viabilidad de despliegues futuros e integrar criptografía cuántica en redes reales sin infraestructuras dedicadas. En el lenguaje de operadores y responsables de seguridad, esto se traduce en una pregunta concreta: si el canal cuántico puede convivir con DWDM y sostener enlaces de decenas de kilómetros, el coste marginal de introducir QKD podría bajar, porque se aprovechan fibras y equipamiento ya desplegados. Sin embargo, la decisión de adopción suele depender también de factores que no aparecen en una PoC: requisitos de operación 24×7, mantenimiento, monitorización, acuerdos de nivel de servicio, y el modo en que se integra la gestión de claves con los sistemas de cifrado de red o de aplicación.
MADQCI, por su parte, se describe como marco de referencia para definir escenarios y enlaces representativos de una red cuántica metropolitana. En este tipo de iniciativas, el detalle de “representatividad” es relevante: una red metro combina tramos cortos y largos, empalmes, variabilidad térmica, y convivencia con tráfico heterogéneo. LuxQuanta afirma que la validación se ha realizado reproduciendo condiciones realistas y restricciones propias de redes metropolitanas y regionales, con la intención de aportar evidencia técnica para futuras integraciones y avanzar hacia despliegues a mayor escala.
En el plano empresarial, el mensaje de LuxQuanta se dirige a dos perfiles: operadores, que gestionan la fibra y la capa óptica, y usuarios finales con datos críticos, como centros de datos, administraciones públicas e infraestructuras críticas. La propuesta es incorporar una capa de ciberseguridad cuántica a nivel físico sobre redes ópticas ya desplegadas, evitando nuevas infraestructuras y optimizando el uso de recursos de red. La coexistencia con DWDM es, de nuevo, el argumento que sostiene esa promesa de eficiencia.
Vanesa Díaz, CEO de LuxQuanta, vincula la PoC con la validación de “las capacidades más innovadoras” del sistema en condiciones representativas de MADQCI y apunta a que los parámetros analizados permiten optimizar despliegue, flexibilidad y escalabilidad. También sostiene que los datos facilitarán el análisis de viabilidad de nuevos despliegues en redes ópticas existentes orientados a proteger “los datos más críticos de la red”. En una fase como esta, la tensión habitual está entre el rendimiento técnico en un entorno controlado y la complejidad de convertirlo en servicio recurrente, especialmente cuando entran en juego múltiples dominios de red y requisitos de cumplimiento.
La prueba de LuxQuanta se suma a un movimiento más amplio en Europa, donde las redes cuánticas metropolitanas y regionales se están utilizando como plataformas de validación para tecnologías de distribución de claves y para modelos de integración con infraestructuras de telecomunicaciones. En el caso madrileño, MADQuantum y MADQCI funcionan como un entorno de referencia para aterrizar decisiones técnicas: qué distancias son razonables, qué topologías se pueden sostener, y qué ocurre cuando el canal cuántico comparte fibra con tráfico clásico.
A partir de aquí, la incógnita se desplaza hacia el siguiente escalón: cómo se traduce una validación de alcance y coexistencia en un despliegue operativo con requisitos de disponibilidad, gestión de claves a escala y procedimientos de operación estandarizados. La PoC aporta un dato claro, 100 kilómetros y coexistencia con DWDM, pero el mercado suele pedir algo más que un hito técnico: continuidad de servicio, integración con herramientas de seguridad y un modelo de explotación que encaje con la economía real de las redes metropolitanas.
