En 2026, el sector asegurador dejará atrás la fase de pruebas con inteligencia artificial para entrar en un periodo de implementación operativa a gran escala. Así lo anticipa Estefanía Vázquez, Regional Vice President for Spain FSI, Portugal & Middle East en Appian, quien señala que el año anterior estuvo marcado por pilotos y ensayos, pero que el próximo ejercicio traerá decisiones estructurales sobre cómo escalar, gobernar y aplicar la IA en procesos críticos del negocio.
La transición no será homogénea. Mientras algunas aseguradoras avanzan hacia una integración plena de la IA en sus flujos de trabajo, otras seguirán enfrentando barreras culturales y organizativas que ralentizan su transformación. En paralelo, plataformas empresariales como Appian buscan posicionarse como facilitadores de esta evolución, ofreciendo entornos unificados donde datos, personas y procesos convergen para acelerar la toma de decisiones y mejorar la trazabilidad.
Uno de los focos principales será la modernización de los procesos de reclamaciones y suscripción. La presión por reducir tiempos de respuesta y aumentar la coherencia en la gestión de siniestros llevará a una mayor inversión en tecnologías que permitan orquestar estos procesos de extremo a extremo. La capacidad de conectar la notificación inicial con la resolución final, sin fragmentaciones ni silos, se perfila como un factor competitivo. En líneas comerciales y especializadas, la suscripción también ganará velocidad, impulsada por la necesidad de mejorar la selección de riesgos y la fijación de precios.
En este escenario, el procesamiento manual de documentos empieza a percibirse como una desventaja estructural. La inteligencia documental, que permite automatizar la extracción y análisis de información desde la recepción hasta el cumplimiento normativo, se consolidará como una herramienta crítica. Las aseguradoras que mantengan flujos manuales o externalizados perderán agilidad y asumirán mayores riesgos regulatorios, en un entorno donde la trazabilidad y la transparencia serán exigencias normativas crecientes.
La IA no sustituirá al conocimiento experto, pero sí redefinirá su papel. Las aseguradoras más avanzadas utilizarán modelos híbridos en los que la inteligencia artificial gestiona el volumen —triaje, priorización, preevaluaciones— mientras que los casos complejos se derivan a especialistas humanos. Esta colaboración hombre-máquina permitirá mantener una visión completa del cliente y del riesgo, sin sacrificar la calidad del análisis. Según Vázquez, ya existen aseguradoras que operan con este enfoque, apoyadas en plataformas que permiten mantener el contexto operativo en una única vista.
La gobernanza será otro eje central. En un sector altamente regulado, la trazabilidad de las decisiones automatizadas y la capacidad de auditar modelos de IA serán condiciones necesarias para operar. El escrutinio regulatorio, tanto en Europa como en Estados Unidos, se intensifica, y los marcos de aplicabilidad deberán ser lo suficientemente robustos como para soportar litigios o revisiones regulatorias. Casos recientes de chatbots que rechazaban reclamaciones sin justificación clara han puesto en evidencia los riesgos de una IA sin supervisión adecuada.
Sin embargo, más allá de la tecnología, el ritmo de adopción dependerá en gran medida de la cultura organizativa. Muchas aseguradoras siguen operando con modelos de desarrollo en cascada, donde los requisitos se documentan de forma exhaustiva y se entregan a TI para su ejecución meses después. Este enfoque, aunque funcional en entornos estables, resulta ineficaz ante cambios regulatorios o de mercado. Las plataformas low-code, como Appian, están promoviendo un desarrollo más iterativo y colaborativo, donde negocio y tecnología trabajan de forma conjunta y ágil.
La confianza mutua entre departamentos —que el negocio defina prioridades claras y que TI entregue con rapidez y calidad— será tan determinante como la propia infraestructura tecnológica. La transparencia del backlog, la reutilización de componentes y la capacidad de adaptación rápida se convertirán en atributos críticos para competir en un entorno cada vez más dinámico.
A medida que la IA se consolide como parte del núcleo operativo de las aseguradoras, la diferenciación no vendrá solo de los algoritmos, sino de la capacidad de integrarlos de forma coherente en la estructura de decisiones, con gobernanza sólida y sin perder la dimensión humana del negocio. En 2026, la pregunta ya no será qué puede hacer la IA, sino cómo se gestiona, quién la supervisa y qué valor real aporta a la organización.
