El sector agroalimentario español atraviesa una fase de reconfiguración donde la eficiencia ya no depende exclusivamente del volumen de producción, sino de la capacidad de respuesta de sus sistemas internos. La planta de Grupo Gallo en El Carpio, Córdoba, se ha convertido en el escenario de un movimiento estratégico que trasciende la mera actualización de maquinaria. La compañía, en colaboración con Telefónica Tech, ha finalizado un proyecto piloto que rediseña su logística interna mediante una arquitectura digital que no solo gestiona el presente, sino que habilita el uso de la IA y el despliegue de gemelos digitales a medio plazo.
Esta intervención tecnológica llega en un momento en el que la flexibilidad en la cadena de suministro se percibe como una ventaja competitiva crítica frente a la volatilidad de los costes operativos. La modernización, ejecutada por Geprom (parte de Telefónica Tech), ha integrado la gestión de vehículos autoguiados (AGVs) y los sistemas de paletizado bajo un mando único digital. Según detalla la propia empresa (Fuente: Telefónica), el núcleo de la solución se basa en una plataforma multimarca que rompe con la dependencia de proveedores específicos, permitiendo que la flota de AGVs opere de forma coordinada con independencia de quién sea el fabricante de cada unidad.
El despliegue en El Carpio no ha sido una sustitución de componentes aislados, sino una revisión integral de la capa de control de la fábrica. Se han actualizado catorce estaciones de paletizado de final de línea, renovando la electrónica y los controladores lógicos programables (PLCs) que gobiernan los robots industriales. Esta actualización del «sistema nervioso» de la planta es la que permite ahora que los datos fluyan desde el suelo de la fábrica hasta las capas de gestión superior, eliminando los silos de información que habitualmente ralentizan la toma de decisiones en entornos industriales maduros.
La elección de una tecnología de gestión de flotas basada en estándares de Siemens subraya una tendencia creciente en la industria: la búsqueda de la interoperabilidad. Grupo Gallo ya no está limitado por las capacidades de una flota cerrada; la nueva arquitectura es escalable. Esto significa que la incorporación de futuros vehículos o la modificación de rutas logísticas no requerirá una reingeniería completa del sistema, sino una configuración de software. Esta flexibilidad es la que permite a la compañía cordobesa plantearse escenarios de simulación avanzada, donde se puedan testar cambios en la producción de forma virtual antes de ejecutarlos físicamente.
A menudo, la digitalización industrial se confunde con la simple automatización. Sin embargo, lo que se ha implementado en Córdoba es una infraestructura de datos. Al renovar la red industrial de la planta, se ha habilitado un ancho de banda y una latencia que permiten el procesamiento de información en tiempo real. Este es el paso previo indispensable para cualquier despliegue real de inteligencia artificial. Sin una red sólida y unos datos limpios provenientes de los PLCs y los AGVs, el uso de algoritmos predictivos es inviable.
Óscar Caballero, CIO de Grupo Gallo, enmarca este paso como una evolución hacia un modelo conectado y preparado para la Industria 4.0. El objetivo declarado no es solo la eficiencia operativa inmediata, sino el liderazgo industrial mediante la integración de tecnología avanzada que permita una respuesta ágil a las demandas del mercado. En un sector donde los márgenes están bajo presión constante, la capacidad de optimizar el flujo de palets y reducir los tiempos de inactividad de la flota logística impacta directamente en la cuenta de resultados.
Por su parte, la visión desde el proveedor tecnológico enfatiza la replicabilidad. Darío Cesena, CEO de Geprom, apunta que este proyecto establece un modelo de innovación que puede exportarse a otras instalaciones. La idea de un «modelo de planta digital» que pueda clonarse en diferentes ubicaciones geográficas es uno de los grandes atractivos para los grupos industriales diversificados. Reduce los tiempos de implementación y estandariza los procesos de mantenimiento y formación del personal técnico.
El proyecto tiene también una derivada en la seguridad y la sostenibilidad. Los nuevos AGVs son más eficientes energéticamente y sus sistemas de navegación mejorados reducen el riesgo de incidentes en el entorno compartido con trabajadores humanos. La automatización del final de línea asegura que el paletizado sea consistente, minimizando mermas y optimizando el espacio en el transporte posterior. Son ganancias marginales que, sumadas en una operación de gran volumen como la de Gallo, representan ahorros significativos en la huella operativa.
Este caso de uso se presenta hoy en el Congreso de Industria Conectada en Bilbao, bajo el título «Automatizar y digitalizar para liderar: la industria bien hecha». La elección del foro no es casual; el sector industrial español busca referentes de digitalización que no se queden en la superficie. La integración de sistemas de distintos fabricantes bajo una plataforma única es uno de los retos técnicos más complejos en las fábricas actuales, y el éxito del piloto en El Carpio ofrece una hoja de ruta para otras compañías del sector alimentario.
La implementación de gemelos digitales aparece ahora en el horizonte de la compañía. Con la infraestructura actual, es posible crear una réplica virtual de la logística de la planta que reciba datos en tiempo real. Esto permitiría predecir cuellos de botella antes de que ocurran o evaluar el impacto de un aumento repentino en la demanda de una referencia específica de pasta. La inteligencia artificial, en este contexto, deja de ser un concepto abstracto para convertirse en una herramienta de optimización de rutas y mantenimiento predictivo de la flota.
Sin embargo, el despliegue de estas capacidades futuras dependerá de la gestión del cambio interno y de la capacidad de la organización para absorber y analizar el volumen de datos generado. La tecnología ya está en el suelo de la fábrica cordobesa, pero su máximo potencial se alcanzará a medida que las capas de análisis se vuelvan más sofisticadas. La pregunta que queda sobre la mesa es con qué velocidad decidirá Grupo Gallo escalar este modelo al resto de sus plantas y cómo integrará estas nuevas capacidades digitales en su estrategia global de cadena de suministro.
Las bases para una industria más inteligente están puestas, y la convergencia entre el mundo IT (tecnología de la información) y OT (tecnología de operaciones) es ya una realidad tangible en Córdoba. La evolución de este ecosistema digital determinará no solo la eficiencia de la logística interna de Gallo, sino su capacidad para innovar en un mercado que exige una personalización y una rapidez de entrega cada vez mayores. La transformación de la planta de El Carpio es, en esencia, la construcción de un activo digital que promete ser tan valioso como su maquinaria física.
Queda por ver si el sector agroalimentario español seguirá esta tendencia de plataformas abiertas o si las dificultades de integración y la inversión inicial frenarán la adopción masiva de estas arquitecturas. Por ahora, el movimiento de Grupo Gallo y Telefónica marca un precedente claro sobre cómo abordar la modernización de infraestructuras industriales heredadas sin detener la producción y preparándolas para una autonomía operativa mucho mayor.
