En el CES 2026 de Las Vegas, Bosch ha desplegado una batería de tecnologías que consolidan su estrategia de integración entre software y hardware. Desde sistemas de conducción automatizada hasta soluciones industriales basadas en inteligencia artificial, la compañía alemana ha mostrado cómo su experiencia en ambos mundos le permite abordar los desafíos de la movilidad, la fabricación y la vida conectada.
Según las previsiones de la propia empresa, las ventas de software y servicios superarán los 6.000 millones de euros a principios de la próxima década, de los cuales cerca de dos tercios procederán del área Mobility. La cifra se duplicaría hasta más de 10.000 millones a mediados de los años 30 si se suman tecnologías como sensores, ordenadores de alto rendimiento y componentes de red. En paralelo, Bosch prevé invertir más de 2.500 millones de euros en inteligencia artificial hasta 2027.
La movilidad definida por software ocupa un lugar central en esta estrategia. En Las Vegas, Bosch ha presentado un nuevo cockpit basado en IA que personaliza la experiencia del conductor mediante modelos de lenguaje y visión artificial. El sistema puede interpretar el entorno, buscar aparcamiento o redactar actas de reuniones, anticipando funciones propias de vehículos autónomos. A esto se suma el impulso a los sistemas by-wire, que sustituyen las conexiones mecánicas por señales eléctricas. Con tecnologías como brake-by-wire y steer-by-wire, Bosch espera superar los 7.000 millones de euros en ventas acumuladas para 2032.
El software también se aplica a la gestión dinámica del vehículo. El sistema Vehicle Motion Management permite controlar el movimiento en seis grados de libertad, coordinando frenos, dirección, propulsión y chasis. El objetivo no es solo mejorar la eficiencia, sino reducir el mareo en trayectos urbanos o curvos, un obstáculo técnico relevante en el camino hacia la conducción autónoma.
En paralelo, la compañía ha presentado el Radar Gen 7 Premium, un sensor que mejora la detección de objetos pequeños a más de 200 metros. Esta precisión angular, clave para sistemas como el Freeway Pilot, refuerza la seguridad en entornos complejos. La apuesta por la seguridad se extiende también al ámbito de la micromovilidad: la app eBike Flow incorpora una función antirrobo que alerta a usuarios y autoridades si se intenta conectar una bicicleta eléctrica marcada como sustraída.
Más allá del automóvil, Bosch ha mostrado su nueva plataforma de sensores MEMS BMI5 AI. Estos sensores integran capacidades de IA para detectar movimientos, posiciones y contextos. Su aplicación va desde la realidad aumentada hasta la robótica, donde permiten a los robots humanoides orientarse incluso con obstrucciones visuales. Aunque discretos, estos sensores son esenciales para la digitalización de múltiples sectores.
En el terreno industrial, Bosch ha reforzado su colaboración con Microsoft para ampliar la iniciativa Manufacturing Co-Intelligence. La alianza busca aplicar IA agéntica a procesos de producción, mantenimiento y logística. Esta tecnología permite interpretar grandes volúmenes de datos y ejecutar tareas de forma autónoma, lo que podría reducir tiempos de inactividad y costes operativos. Sick AG, fabricante de sensores industriales, será uno de los primeros en implementar esta solución.
La IA agéntica, aún incipiente en la industria, plantea un cambio de paradigma en la automatización. Frente a los sistemas tradicionales, que requieren programación explícita, los agentes inteligentes pueden aprender, adaptarse y tomar decisiones en tiempo real. Esto abre la puerta a fábricas más resilientes, aunque también plantea interrogantes sobre la supervisión humana y la gobernanza algorítmica.
Otro de los desarrollos destacados es Origify, una solución antifalsificación que prescinde de etiquetas o chips. En su lugar, analiza las microestructuras únicas de la superficie de un producto y las convierte en un identificador digital. Esta tecnología, basada en reconocimiento de patrones, permite verificar la autenticidad mediante vídeo en directo. Su aplicación podría extenderse desde componentes industriales hasta bienes de consumo, en un contexto de creciente preocupación por la trazabilidad.
La presencia de Bosch en España también forma parte de este ecosistema. Con 20 emplazamientos y unas ventas de 2.488 millones de euros en 2024, la compañía emplea a cerca de 7.900 personas en el país. A nivel global, el grupo alcanzó los 90.500 millones de euros en ventas y cuenta con más de 417.000 empleados, de los cuales 48.000 son ingenieros de software. Esta capacidad interna de desarrollo refuerza su posición frente a competidores que dependen de terceros para integrar software en productos físicos.
La estrategia de Bosch se apoya en una visión transversal de la conectividad. Desde el automóvil hasta la fábrica, pasando por el hogar o la bicicleta eléctrica, la empresa busca integrar sensores, algoritmos y servicios en soluciones escalables. Sin embargo, este enfoque también exige resolver tensiones entre interoperabilidad, privacidad y sostenibilidad. La promesa de una vida más conectada no está exenta de fricciones técnicas y regulatorias.
En CES 2026, Bosch no ha presentado una visión futurista, sino un conjunto de tecnologías que ya están en fase de implementación o despliegue comercial. La combinación de IA, sensores y software embebido apunta a una redefinición de los productos como servicios conectados. Lo que está en juego no es solo la eficiencia, sino el control sobre los datos, la experiencia del usuario y la capacidad de adaptación en tiempo real.
Aunque el hardware sigue siendo la base física, es el software quien marca el ritmo. Y en ese terreno, Bosch quiere jugar con ventaja.
