Editor en La Ecuación Digital. Analista y divulgador tecnológico con…
La paradoja que define la economía digital en España no se encuentra en la falta de inversión en infraestructuras, sino en la fragilidad de su base humana. Mientras la Unión Europea marca como objetivo para 2030 que los especialistas en tecnologías de la información representen el 8,6% del mercado laboral, la realidad española se sitúa hoy en un modesto 4,4%.
La brecha no es solo una cifra estadística; se traduce en más de 1,3 millones de profesionales que el país necesita incorporar en los próximos cuatro años para no perder el tren de la competitividad europea. Sin embargo, el sistema que debería nutrir esta demanda presenta grietas profundas: más de la mitad de los estudiantes que inician un camino hacia las disciplinas STEM (Ciencia, Tecnología, Ingeniería y Matemáticas) termina abandonándolo en etapas críticas.
El informe Retos y evolución de las vocaciones STEM en España «, presentado recientemente por la asociación DigitalES, revela que solo el 46% de los alumnos de Secundaria, Bachillerato y Formación Profesional mantiene el itinerario académico que eligió inicialmente. Este fenómeno de deserción o cambio de rumbo sugiere que el problema no radica exclusivamente en una falta de interés inicial, sino en una incapacidad del sistema para sostener esa inclinación a medida que el alumno avanza en su formación. Existe un punto de ruptura, un desenganche que se acelera especialmente durante la Educación Secundaria Obligatoria.

El fin del mito de la dificultad académica
Durante años, el discurso predominante sostenía que los estudiantes evitaban las carreras técnicas por su elevada complejidad. Los datos actuales obligan a replantear este diagnóstico. En contraste con lo detectado en estudios previos de 2019, la dificultad académica ya no es el principal elemento disuasorio. El 56% de los estudiantes encuestados apunta ahora a la indecisión y, sobre todo, al desconocimiento de las salidas profesionales como el motivo fundamental para no optar por una trayectoria científico-tecnológica. El «no puedo» ha sido desplazado por el «no sé para qué sirve».
Esta desconexión entre el contenido del aula y la realidad del mercado laboral genera una distorsión en la percepción del alumno. Aunque el uso de la tecnología es ubicuo en las aulas, este conocimiento suele ser superficial, limitado a un nivel de usuario que no profundiza en los conceptos técnicos o lógicos necesarios para despertar una vocación profesional. El resultado es un perfil de estudiante que domina las herramientas digitales pero que no se proyecta como creador de las mismas.
La debilidad estructural en la base docente
El análisis del entorno educativo muestra una carencia significativa en la formación de quienes deben impulsar estas vocaciones. Apenas el 2,2% de los graduados en Magisterio en España completan especialidades en disciplinas STEM. Esta cifra explica, en parte, por qué el 87% de los docentes de primaria encuestados reconoce no haber tenido la oportunidad de cursar especialidades técnicas durante su formación universitaria. En los grados de Educación, la carga lectiva dedicada a matemáticas y TIC apenas representa entre el 10% y el 12% del total de créditos.
Esta falta de especialización docente impacta directamente en la percepción de asignaturas pilar. Las matemáticas, por ejemplo, gozan de una aceptación aceptable en Primaria, pero el escenario cambia drásticamente en Secundaria, donde el 72% del alumnado confiesa tener serias dificultades para comprenderlas. No se trata solo de un problema de contenidos, sino de metodologías. Andreas Schleicher, director de Educación y Competencias de la OCDE, señala que la escuela debe dejar de ser un espacio aislado para convertirse en un entorno de aprendizaje plenamente integrado con el mundo laboral. Bajo esta perspectiva, aprender no es una fase previa al trabajo, sino que constituye el trabajo en sí mismo.

El desajuste entre universidad y empresa
La desconexión no termina al finalizar el instituto. En el ámbito universitario, el 64% de los estudiantes considera que sus planes de estudio no se adaptan a las demandas del mercado. Existe una crítica recurrente hacia el exceso de carga teórica frente a la ausencia de competencias transversales o «soft skills» que las compañías tecnológicas exigen hoy día. Esta asimetría se refleja en la contratación: a pesar de la alta demanda, las ocupaciones STEM apenas representaron el 1,9% de la contratación registrada en 2025, un dato que contrasta con el millón de personas que ya trabajan en estos sectores pero que evidencia la dificultad de las empresas para encontrar perfiles junior que encajen en sus estructuras operativas.
La Formación Profesional (FP) tampoco escapa a esta dinámica. Aunque las especialidades TIC representan el 22% de las matrículas en este nivel, la implementación de la FP Dual —un modelo que busca la implicación directa de las empresas en la formación— sigue enfrentando retos de escala, especialmente para su adopción por parte de las pequeñas y medianas empresas, que componen el grueso del tejido empresarial español.
La brecha de género como lastre sistémico
Uno de los puntos más críticos del informe es la persistente infrautilización del talento femenino. Las mujeres representan el 30,7% de los graduados en áreas STEM, una cifra ya de por sí reducida, pero el dato más preocupante es su inserción laboral: solo el 3,2% de las mujeres ocupadas en España trabaja en estas especialidades. Esta brecha sugiere que no solo existe un problema de atracción hacia estas carreras, sino también un cuello de botella en la retención y el desarrollo profesional de las mujeres en el sector tecnológico.
Para María González Veracruz, secretaria de Estado de Digitalización e Inteligencia Artificial, la clave reside en utilizar herramientas como la propia inteligencia artificial para potenciar las vocaciones y evitar que las brechas sociales se ensanchen. No obstante, la inversión pública y los planes de competencias se enfrentan a un mercado laboral que Lucila Finkel, directora general de Nuevas Formas de Empleo, califica de paradójico: España sufre un desajuste del 38% entre formación y empleo en titulados superiores, mientras mantiene una tasa de desempleo juvenil del 22%.
El impacto de la Inteligencia Artificial
La irrupción de la inteligencia artificial generativa ha añadido una nueva capa de urgencia al debate. Ya no se trata únicamente de decidir si se introducen o no pantallas en el aula, sino de cómo transformar el currículo para que la IA sea una aliada estructural. La formación del profesorado emerge de nuevo como el factor determinante. Existe el riesgo de que los alumnos, que a menudo adoptan estas herramientas con mayor rapidez que la institución educativa, operen en un vacío de fundamentos conceptuales y éticos.
La dirección que tome el talento tecnológico en España dependerá de la capacidad de los actores implicados para reducir la brecha temporal entre la actualización de los planes de estudio y la evolución de la tecnología.
La economía española avanza hacia una digitalización irreversible que sitúa a directivos y responsables educativos ante una disyuntiva de ejecución inmediata. El modelo actual debe decidir si se conforma con instruir a usuarios funcionales de herramientas externas o si logra articular los mecanismos para formar a los arquitectos de su propia infraestructura digital.
De la capacidad para corregir estas fugas vocacionales dependerá que el país consolide una autonomía tecnológica real o que, por el contrario, se vea forzado a una dependencia estructural de la importación de talento extranjero para sostener su tejido productivo.
Editor en La Ecuación Digital. Analista y divulgador tecnológico con más de 30 años de experiencia en el estudio del impacto de la tecnología en la empresa y la economía.
