Telefónica y la Diputación de Ourense han empezado a poner números, sensores y capas digitales a una ambición que en turismo suele quedarse en eslogan: gestionar la provincia como un destino inteligente, con decisiones apoyadas en datos en tiempo real y con servicios que cambien, de forma perceptible, la experiencia del visitante. El proyecto se llama Ourense Cerca DeTI y se presenta como un modelo de gestión turística conectado, con foco en la personalización, la accesibilidad y el uso más eficiente de recursos públicos.
Los detalles se han expuesto en el congreso Digital Tourist 2026, organizado por AMETIC en Benidorm, durante un workshop con Frederic Vieuxmaire, responsable de Smart City y Turismo de Telefónica España, y Marcos Valiño, director de Transparencia y Gobierno Abierto de la Diputación de Ourense. El marco no es menor: el sector lleva años empujando hacia una digitalización que, en la práctica, tropieza con la fragmentación de datos, la dificultad de medir impacto y la falta de interoperabilidad entre herramientas.
La pieza estructural del proyecto es su integración con la Plataforma Inteligente de Destinos (PIDI) de SEGITTUR, un entorno pensado para que los destinos turísticos compartan servicios comunes y, a la vez, desarrollen casos de uso propios. En términos operativos, esa integración busca evitar que cada administración construya su “torre” tecnológica aislada, algo habitual cuando se despliegan soluciones puntuales para aforos, promoción o analítica sin una arquitectura que las conecte. Aquí, el planteamiento es que la provincia pueda unificar promoción y marketing de destino, optimizar estrategias y medir su impacto con indicadores consistentes.
La keyword principal, turismo inteligente, aparece de forma recurrente en el discurso del proyecto, pero el alcance real se juega en la instrumentación: qué datos se capturan, con qué calidad, con qué latencia y cómo se convierten en decisiones. Telefónica plantea un despliegue de tecnologías avanzadas, citando IoT, realidad aumentada, realidad virtual, big data y machine learning, además de herramientas de gobernanza basadas en datos. En la práctica, IoT suele traducirse en sensorización y captura de señales (ocupación, flujos, condiciones ambientales o uso de infraestructuras), mientras que la analítica y el aprendizaje automático se orientan a detectar patrones, anticipar picos de demanda y ajustar recursos.
El objetivo declarado es impulsar la competitividad de Ourense como destino, ofreciendo experiencias “más completas y accesibles” y optimizando el uso de recursos. Ese doble eje, experiencia del visitante y eficiencia de gestión, suele generar tensiones: la personalización exige granularidad de datos y continuidad en el seguimiento del comportamiento, mientras que la administración pública debe moverse con cautela en protección de datos y en la legitimidad del tratamiento. En el propio congreso, Valiño aludió a cuestiones como el análisis de flujos turísticos, la gestión de capacidad de carga, la distribución territorial de la demanda, los patrones de consumo y comportamiento y, de forma explícita, la protección de datos.
En el plano de los casos de uso, el proyecto no se limita a un piloto genérico. La Diputación y Telefónica sitúan el foco en ámbitos donde Ourense tiene activos diferenciales y, a la vez, retos de gestión: el turismo termal, el Camino de Santiago y herramientas digitales para museos. También se menciona el enoturismo y la aplicación de tecnología y datos en eventos concretos, como el Salón del Vehículo y del Traje, donde la gestión urbana, la movilidad y la experiencia del visitante tienden a tensionarse por picos de afluencia.
La lógica es clara: si el destino quiere desestacionalizar, necesita entender mejor cuándo, cómo y por qué llegan los visitantes, qué consumen y qué itinerarios siguen. Y si quiere repartir la demanda por el territorio, necesita señales tempranas de saturación y mecanismos para redirigir flujos sin deteriorar la experiencia. Telefónica afirma que su experiencia en plataformas inteligentes, analítica y gestión de datos permitirá ofrecer información “en tiempo real, de valor y fiable” sobre indicadores clave para la toma de decisiones. Entre los ejemplos citados figuran nivel de ocupación, recurrencia, estacionalidad y consumos generados.
Ese tipo de indicadores, sin embargo, dependen de la trazabilidad de la actividad turística. La nota menciona “sistemas inteligentes de acceso, aforo y trazabilidad”, además de control de flujos, alertas tempranas y seguridad inteligente. En un destino provincial, la trazabilidad puede apoyarse en múltiples fuentes, desde entradas a recintos y conteos en puntos de interés hasta señales agregadas de movilidad. La promesa es identificar zonas con riesgo inminente de saturación y activar alertas automáticas ante incidencias, además de monitorizar la actividad de recintos feriales.
En paralelo a la capa de gestión, el proyecto incorpora una capa de experiencia digital. Telefónica plantea el uso de realidad aumentada y realidad virtual para “poner en valor” emplazamientos emblemáticos u ofrecer información, además de vídeos 360º interactivos con imágenes envolventes de enclaves naturales y paisajísticos. En turismo, estas tecnologías suelen funcionar mejor cuando se integran en recorridos concretos (museos, rutas patrimoniales, centros de interpretación) y cuando se conectan con la analítica: qué contenidos se consumen, en qué puntos se abandona una ruta, qué idiomas o formatos funcionan. Aunque el comunicado no entra en ese nivel de detalle, sí apunta a una digitalización de la experiencia y de la gestión de la oferta.
La integración con la Plataforma Inteligente de Destinos (PIDI) introduce otro elemento: la interoperabilidad. En el ecosistema de destinos inteligentes, el problema no suele ser la ausencia de herramientas, sino la coexistencia de soluciones que no comparten datos o que lo hacen con modelos incompatibles. La PIDI, al ofrecer servicios comunes, pretende estandarizar parte de esa base y facilitar que los destinos construyan encima. Para una diputación, además, la estandarización puede reducir dependencia de desarrollos ad hoc y facilitar comparabilidad de métricas, aunque también obliga a encajar necesidades locales en un marco común.
El proyecto se presenta como un salto hacia un destino “plenamente digital” y como un posible referente de innovación turística, con capacidad para desestacionalizar la demanda, generar impacto económico y fomentar la inversión. Son objetivos habituales en estrategias turísticas, pero aquí se apoyan en un argumento operativo: decisiones basadas en datos fiables y en tiempo real para anticiparse a la demanda y mejorar la planificación. En términos de gestión pública, anticiparse implica poder ajustar servicios (información al visitante, movilidad, seguridad, limpieza, apertura de recursos) antes de que el problema sea visible. Y medir impacto implica ir más allá de métricas de vanidad, como visitas a una web, para conectar acciones de promoción con comportamiento real en el territorio.
Durante el workshop, Vieuxmaire enmarcó el proyecto en la digitalización del sector turístico y en la idea de territorios “más inteligentes, sostenibles y competitivos”, subrayando el papel de la interoperabilidad y los datos para anticipar y tomar decisiones. El énfasis en interoperabilidad es significativo porque, en la práctica, muchos despliegues de smart tourism se quedan en pilotos desconectados: una app, un contador, una campaña. Aquí, al menos en el diseño, se intenta construir una columna vertebral de datos y servicios.
Valiño, por su parte, vinculó la iniciativa con la Plataforma Inteligente de Turismo que desarrolla SEGITTUR a nivel nacional y citó ejemplos concretos: enoturismo, turismo termal, visitas autónomas a museos y la rentabilidad del Camino de Santiago. La mención a “rentabilidad” introduce un matiz interesante: el Camino es un activo turístico y cultural, pero también un sistema con costes de mantenimiento, presión sobre infraestructuras y necesidades de coordinación entre administraciones. Medir su rendimiento, sin reducirlo a una cifra única, suele requerir indicadores de gasto, distribución territorial, estancias, presión sobre servicios y, de nuevo, capacidad de carga.
En la mesa sobre Inteligencia de Movilidad y Comportamiento del Visitante, Valiño apuntó a la gestión de flujos, la capacidad de carga y la distribución de la demanda. Son conceptos que, en destinos con recursos naturales o patrimoniales sensibles, marcan la diferencia entre crecimiento y deterioro. La capacidad de carga, en particular, no es solo un límite físico; también es un umbral social y ambiental que depende de horarios, infraestructuras, señalización, transporte y comportamiento del visitante. La tecnología puede ayudar a medir y a intervenir, aunque no sustituye decisiones políticas sobre qué se prioriza y qué se restringe.
Queda por ver cómo se materializa el proyecto en el territorio, con qué calendario y con qué gobernanza del dato, especialmente cuando se habla de personalización y de análisis de comportamiento. También será relevante observar si la unificación de promoción y marketing de destino se traduce en una mejora medible del retorno de campañas y en una redistribución real de la demanda hacia productos menos estacionales, como el termal, o hacia áreas menos visitadas. En turismo, el dato puede iluminar, pero no garantiza por sí solo el cambio de hábitos.
Ourense Cerca DeTI se presenta, en suma, como un intento de pasar de la digitalización fragmentaria a una gestión turística más integrada, apoyada en la PIDI y en un conjunto amplio de tecnologías. Si el despliegue consigue mantener coherencia entre experiencia digital, analítica y operación diaria, la provincia podría ganar capacidad para planificar con menos intuición y más evidencia. La incógnita, como suele ocurrir en estos proyectos, está en la ejecución: qué indicadores se convierten en decisiones, qué decisiones se sostienen en el tiempo y cómo se equilibra la ambición de personalización con las exigencias de privacidad y confianza del visitante.